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Secretario general de la OEA: “Tenemos un desastre político en Nicaragua”

En entrevista con Esta Semana y CONFIDENCIAL, Albert Ramdin, demanda más presión y sanciones de los Estados para el régimen Ortega-Murillo

El secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el surinamés Albert Ramdin. Foto: EFE | Confidencial

 

El secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Albert Ramdin, urgió a los países del hemisferio “actuar” con “propuestas concretas”, que permitan incrementar de forma coordinada la presión política y diplomática sobre el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, ante la situación que vive Nicaragua, que calificó como un “desastre político”.

En una entrevista exclusiva en el programa Esta Semana, que se transmite en el canal de YouTube de CONFIDENCIAL, debido a la censura televisiva en Nicaragua, Ramdin expresó su preocupación porque la reforma constitucional, promovida por la dictadura, está orientada a desmantelar por completo la participación política de la oposición en el país.

“Esperamos que los ministros, además del simbolismo, puedan tomar decisiones individuales, colectivas, para castigar, para ejercer más presión sobre Nicaragua”, demandó el secretario general de la OEA.

En la entrevista, Ramdin responde a las expectativas que hay alrededor de la próxima reunión de cancilleres para abordar la situación de Nicaragua, tras la que espera se pueda “crear un mejor entorno y liberar a los presos políticos, respetar los derechos humanos de las personas y también ampliar el espacio cívico para la libertad de expresión”.

La OEA propuso para el jueves 17 de septiembre de 2026 la reunión de cancilleres para abordar de forma colectiva la situación de Nicaragua, tras las declaraciones de Ortega de que “no habrán” elecciones en el país.

“Es importante que toda la comunidad hemisférica, los cancilleres y todos en general rechacen esta idea de que un gobierno, elegido de manera dudosa, puede determinar cuáles son los derechos del pueblo”, advirtió Ramdin.

Secretario General de la OEA, gracias por esta entrevista. Tras haber cancelado de facto las elecciones durante más de una década, Daniel Ortega anunció oficialmente que no habrá más elecciones democráticas en Nicaragua, lo cual también será incorporado en la Constitución política del país. ¿Qué simboliza este anuncio para los cancilleres de la OEA?

En primer lugar, creo que ningún gobierno, ni ningún presidente tiene derecho a arrebatar los derechos fundamentales y básicos de cualquier ciudadano en cualquier país, en el sentido de quitarle el derecho al voto en elecciones nacionales, porque es la población la que elige a un presidente. Así que el presidente no tiene derecho a hacer eso. Por lo tanto, es una declaración que debemos rechazar y condenar con las palabras más contundentes, pero al mismo tiempo también debemos actuar, porque debemos estar al lado del pueblo de Nicaragua.

El pueblo de Nicaragua es parte de este hemisferio. Son ciudadanos de este hemisferio y nuestra tradición y ambición es tener una democracia representativa en cada uno de los países. Nicaragua no es la excepción.

Por lo tanto, al margen de si Nicaragua es miembro de la OEA o no, siguen siendo parte de este hemisferio occidental. Para nosotros es importante que toda la comunidad hemisférica, los cancilleres y todos en general, rechacen la noción de que un gobierno, electo de manera dudosa, pueda determinar cuáles son los derechos del pueblo. Los derechos del pueblo están dados, son concedidos y deben ser respetados.

29 países aprobaron una reunión de cancilleres para abordar la situación de Nicaragua en las próximas semanas. Brasil se opuso y México se abstuvo. ¿Qué se espera de esta cumbre? ¿Tiene la Organización de los Estados Americanos instrumentos para aplicar decisiones colectivas, o es mayor la fuerza de las decisiones individuales de cada uno de los países miembros?

Cuando los cancilleres del hemisferio se reúnen en una conferencia especial de ministros, es por una buena razón, una razón urgente. Los Estados miembros que no respaldaron la convocatoria de esta reunión lo hacen por sus propios motivos, pero no están en contra del principio del derecho del pueblo a elegir a su propio gobierno.

Por lo tanto, para mí lo más importante es: ¿qué hacemos ahora que los cancilleres se van a reunir? La OEA es una organización basada en el consenso y, en ocasiones, se recurre a la votación. Esta fue una votación, por lo que se tomó una decisión y existe respeto por la resolución adoptada por mayoría.

¿Qué esperamos de la reunión de ministros aquí en Washington D.C. en algún momento del futuro cercano? En primer lugar, una señal simbólica muy importante de que el hemisferio se mantiene unido y de que podemos reunirnos para discutir asuntos multilaterales de relevancia. En muchos sentidos, esto no es un problema nacional, es un asunto multilateral y regional.

Así que, independientemente de las razones que existan, esperamos que los ministros, más allá del simbolismo, puedan tomar decisiones de forma individual y colectiva para sancionar, ejercer más presión sobre Nicaragua, crear un mejor entorno y liberar a los presos en primer lugar —oposición política, periodistas—, respetar los derechos humanos de las personas y también ampliar el espacio cívico para la libertad de expresión, las organizaciones de la sociedad civil y los partidos políticos.

La mayoría de estas personas han abandonado el país o han sido encarceladas. Esa no es la forma de organizar una sociedad que se supone debe ser democrática. De modo que esta reunión en Washington D.C. representa la oportunidad de acordar un conjunto de medidas concretas sobre cómo ejercer más presión y abrir el diálogo con Nicaragua.

Hace unos momentos usted mencionó a la oposición nicaragüense. ¿Reconoce la OEA el papel de la oposición cívica democrática de Nicaragua? ¿Cómo puede operar la oposición dentro de Nicaragua cuando el país se encuentra prácticamente bajo un estado policial?

El espacio cívico para el diálogo, la libertad de expresión y la manifestación de opiniones políticas debe ampliarse, ya sea para periodistas, organizaciones de la sociedad civil, partidos políticos o actores políticos. Promovemos que se amplíe ese espacio cívico. Estamos conversando con líderes de la oposición que viven en Washington D.C., en sus alrededores o en otros países.

También estamos escuchando sus puntos de vista, pero no nos corresponde a nosotros legitimarlos. Le corresponde al pueblo nicaragüense legitimarlos, pero necesitan obtener el espacio y la oportunidad de presentar su visión. Es el pueblo, en última instancia, el que decidirá por quién votar y a quién ver como sus futuros líderes.

Hace un momento dijo que este es un problema regional, pero México invoca el principio de autodeterminación y no intervención para no condenar al régimen de Daniel Ortega. Ante la violación de derechos humanos y la cancelación de libertades democráticas, ¿es este un asunto interno de los nicaragüenses o es un problema del sistema interamericano?

Debemos hacer una distinción clara sobre la no intervención, que es una de las reglas de la Carta de la OEA que establece que no debemos intervenir en los asuntos internos de los países; pero eso es desde una perspectiva política, administrativa, militar y de aplicación de la ley. Por eso la OEA es una plataforma para la colaboración en todas esas áreas: podemos colaborar, pero no debemos intervenir.

Tampoco propongo que intervengamos en los asuntos internos de Nicaragua; eso debe ser determinado por el pueblo nicaragüense, pero al menos deberían tener la oportunidad de hacerlo. Esa oportunidad no existe, como usted mencionó, en términos de represalia, represión y la dinámica de un estado policial.

Nicaragua sigue siendo parte de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Han dejado la OEA, pero no han dejado este hemisferio. Los países vecinos —y esto es lo que lo convierte en un tema regional, más allá de la seguridad regional— enfrentarán el impacto negativo si algo sucede en Nicaragua.

Por lo tanto, no podemos ignorar lo que ocurre en Nicaragua. No es injerencia; es simplemente reconocer y admitir que existe un problema.

Mi último punto es que se trata de un principio fundamental. Aquí no es tanto la dirección política de Nicaragua; no estamos diciendo que Nicaragua deba ser de una forma u otra, pero debe honrar los derechos humanos básicos de la gente de las Américas. Ese es el principio bajo el cual respondemos: que los derechos humanos están siendo desafiados, vulnerados y atropellados allí, y eso no se debe permitir.

Sin embargo, Brasil asegura, para oponerse a la convocatoria, que la OEA está siendo utilizada por Estados Unidos para promover una estrategia intervencionista que viola el derecho internacional. ¿Cuál es su reacción ante esta alegación?

En primer lugar, coincido con Brasil en que se debe respetar el derecho internacional. Coincido con todos los países en que debemos respetar nuestras propias normas y reglamentos en el marco del sistema interamericano; por eso los adoptamos por consenso, de modo que todos estamos vinculados a ellos.

Al margen de las preocupaciones que pueda tener cualquier país —y no voy a juzgar cómo argumenta Brasil su posición, esa es su decisión y respeto la política exterior de cualquier país—, lo importante es que tenemos una oportunidad. Brasil también tiene la oportunidad en la reunión de exponer sus propios puntos de vista.

Debemos ser cuidadosos, lo entiendo. Debemos cuidar que la OEA haga aquello para lo que fue diseñada: ser una organización colectiva donde se puedan tomar decisiones colectivas en beneficio del pueblo de Nicaragua, no en interés de países individuales fuera de Nicaragua.

¿Participará el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, en la sesión de cancilleres?

No tengo conocimiento en este momento sobre qué ministros participarán. Eso se sabrá una vez que se envíen las invitaciones y se determine la fecha.

¿Hay una fecha prevista para la reunión?

Aún no. Las conversaciones continúan y la presidencia del Consejo Permanente está a la espera del resultado de esas discusiones.

Secretario, en un artículo de su autoría publicado en The Washington Post, usted señaló que las autoridades nacionales pueden decidir abandonar un recinto, pero no pueden empacar sus maletas y mudarse a otro país fuera de este hemisferio. ¿Qué problemas representa concretamente la dictadura de Nicaragua para la estabilidad de la región?

Lo que planteo es que necesitamos trabajar juntos. Necesitamos colaborar porque lo que sucede en un país puede afectar la estabilidad regional y subregional y, como tal, es importante tomar nota de ello, pero también responder de manera proactiva para evitar que las cosas empeoren.

Por ejemplo, si ocurriera un desastre natural en Nicaragua… Nicaragua no es miembro de la OEA, como usted dijo, pero si ocurriera un desastre natural allí, tendría un impacto en la región si las personas migraran de forma forzada a otro país o si las condiciones económicas se deterioraran porque no pueden ingresar vuelos o surgen otros problemas de seguridad.

Ahora tenemos lo que yo llamaría un desastre político en Nicaragua, y eso tiene potencialmente consecuencias similares. Por lo tanto, que Nicaragua sea parte del sistema o no, no marca la diferencia para mí. Lo importante es que cuando no se aplican los principios de la OEA que defendemos, y cuando ocurre una situación de inestabilidad en un país, toda la región corre un riesgo, y debemos entenderlo colectivamente como hemisferio, porque aplica para cada país.

Por eso la OEA es relevante e importante, y por eso el multilateralismo es clave. La cooperación internacional y regional ayuda a los países. Cuando se trata del impacto de la inestabilidad política, los abusos de derechos humanos o cualquier tipo de represión, las fronteras dejan de ser relevantes. Esto aplica tanto para desastres naturales como para estos asuntos. Así que debemos trabajar juntos como pueblos y como gobiernos.

Pero Nicaragua no quiere colaborar ni cumplir sus compromisos. Hay al menos 16 resoluciones de la OEA sobre Nicaragua desde el inicio de la crisis en 2018 haciendo un llamado al diálogo y a la restitución de la democracia, pero el gobierno las ha ignorado todas, incluyendo los llamados de la Asamblea General de Cancilleres. ¿Qué se necesita para pasar de la condena diplomática a la acción política?

Esta es una pregunta muy importante y pertinente, no me gustan las declaraciones ni andar repitiéndolas. Podemos enunciar los principios una, dos o tres veces; podemos hablar de lo grave que es la situación y de que debemos actuar, pero no podemos repetirlo indefinidamente. De modo que no voy a mirar al pasado; eso fue antes de mi gestión. Nuestro trabajo es asegurarnos de no caer en lo mismo. No podemos seguir diciendo las mismas cosas sin actuar.

¿Y qué significa actuar para mí? Que obtengamos propuestas concretas. Propuestas concretas sobre cómo ejercer más presión para abrir el diálogo. En primera instancia, debemos buscar primordialmente una vía pacífica para abrir un proceso de diálogo con el gobierno de Nicaragua; esa es la única manera de trazar una estrategia pacífica.

Los Estados miembros pueden ejercer presión de forma individual. Nosotros no podemos hacer nada directamente en un sentido formal, pero los Estados miembros pueden acordar acciones colectivas e individuales bajo una misma decisión. Podría ser presión económica, presión en términos de conectividad aérea, o presión en apoyo político y participación en organizaciones internacionales. Hay muchas vías; no me corresponde a mí decidirlo, sino a los Estados miembros. Pero esta es una oportunidad.

Hace unos años el exsecretario general de la OEA, José Miguel Insulza, dijo en este programa: “La OEA es lo que sus Estados miembros quieren que sea”. ¿Pone Nicaragua a prueba la voluntad política de los países de la región? ¿Es esta una prueba definitiva para la OEA?

En cierto modo, la afirmación de José Miguel sigue siendo válida: en última instancia, la OEA será lo que los Estados miembros decidan hacer. Pero el punto es que debemos participar activamente en la discusión como un articulador honesto, no tomando partido. La Secretaría de la OEA está aquí para facilitar soluciones, no para convertirse en parte del problema, lo cual pudo haber sido parte del problema en el pasado. Como dije, no miro hacia atrás, miro hacia adelante.

Creo que podemos encontrar caminos, pero necesitamos más disposición y voluntad política del lado nicaragüense para iniciar una discusión hacia una transición democrática plena. Eso es lo que busco.

La presión tendrá que venir de los Estados miembros como actores de nuestro hemisferio. Pero nosotros podemos colaborar con el proceso de transición en términos de diálogo, desarrollando una agenda con visión de futuro y una hoja de ruta hacia elecciones creíbles y accesibles para todos los nicaragüenses en libertad y con resultados justos, además de asistir a la población nicaragüense y a los actores políticos en ese proceso de transición. Estamos dispuestos a hacerlo; aunque en este momento Nicaragua no sea miembro, cabe esperar que una vez restablecida la democracia vuelvan a serlo.

En última instancia, quiero ser muy claro en esto: este proceso debe ser, en primer lugar, para el beneficio del pueblo nicaragüense y con liderazgo nicaragüense.

 

 

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