Jorge Vilches: Aprovechar el incendio
«El Gobierno prefiere vernos arder que arreglar el problema. Es la señal más clara de que España no sufre una emergencia climática, sino una emergencia política»

Ilustración generada mediante IA.
Lo mismo del año pasado. Y del que viene. Es más: estoy seguro de que si en 2027 gobiernan en España el PP y Vox, Sánchez y sus corifeos mediáticos dirán que la culpa de los incendios la tienen los negacionistas de la derecha, que no creen en la «emergencia climática». Saldrá Óscar López insultando, Montse Mínguez mintiendo, y Patxi López gritando preguntas victimistas. Lo indignante es que estos mismos sanchistas, tan negligentes como prescindibles, no han hecho nada desde 2018 para la prevención de los incendios en atención a esa urgencia del clima. Todo su empeño es crear un relato ideológico, no impedir la catástrofe. Y es que, una vez más, los socialistas demuestran que se sienten más cómodos señalando el problema que resolviéndolo, como han hecho siempre en la historia ante cualquier circunstancia.
Es la misma cantinela todos los veranos. De hecho, he repasado las columnas que publiqué en agosto del año pasado, cuando los incendios nos estremecieron otra vez. Los títulos son ilustrativos: La emergencia climática eres tú y Ecologismo que mata. Entre las hectáreas arrasadas por las llamas en 2025, por ejemplo, Sánchez pronunció el nombre de su Dios en vano hasta en diez ocasiones en cinco minutos. Me refiero a «emergencia climática», con el consiguiente llamamiento a un «Pacto de Estado». Pero resulta que ya lo había prometido en 2022 y, rastreando, desde 2014, año en el que los socialistas le designaron como dictador.
Nuestro problema no es la carencia de una España rural, pegada al terreno, que pueda cortar los fuegos, como ha efectuado siempre el mundo campesino. Tampoco el obstáculo es la existencia de pirómanos, porque la delincuencia ha existido en todo momento, y la apelación a la «pedagogía» y la «concienciación» como solución es una idiotez. Ni siquiera podemos señalar solo a una legislación absurda que impide limpiar el campo o crear verdaderos cortafuegos. O cargar las tintas en una ideología ecologista que insiste en que la salvación de la naturaleza reside en apartar al hombre todo lo posible. Nuestra verdadera desgracia, el origen del mal, es tener al mando a un Gobierno negligente, mentiroso, inepto hasta la náusea, más preocupado por sobrevivir personalmente que por servir a los españoles.
Por eso, cada vez que oigo la expresión «emergencia climática», pienso que detrás hay unos socialistas que quieren hacer negocio, eludir responsabilidades y culpar al adversario de su ineptitud. Esa es la razón de que cuando hay desgracias, como los incendios, la dana de Valencia, el apagón o el covid, la obsesión del socialismo de Moncloa es culpar a las derechas, negar o escamotear medios, o simplemente lucrarse, como los sanchistas de la cárcel de Soto del Real. En su mentalidad, obsesionada por el poder político y la riqueza personal, una tragedia es una oportunidad para fortalecerse. De ahí que solo sirvan para forjar un relato, y sean tan negligentes en la gobernanza.
«Cada desastre es para este Gobierno un pretexto para esconder su incompetencia detrás de una pancarta moralista»
Escribir de nuevo lo que debería haber hecho el Gobierno es inútil. Lo sabemos todos porque lo hemos oído muchas veces: devolver el campo a los agricultores y ganaderos, coordinar administraciones, comprar material como los hidroaviones —que no tenemos porque el Gobierno no ha querido a pesar de haberlo prometido—, limpiar el campo, o ser más ecologistas para evitar la «emergencia climática» —aunque Sánchez use el contaminante Falcon para todo—. No queda nada por decir, y todo por hacer.
Al final, lo insoportable de la situación es que el Gobierno ya ni se molesta en fingir que gobierna. Cada incendio o desastre es para ellos un pretexto para esconder su incompetencia detrás de una pancarta moralista. Recordemos que Óscar Puente culpó de la tragedia de Adamuz a la «emergencia climática». El uso de este sintagma es un salvoconducto para no hacer nada, no asumir nada y culpar a las derechas. España arde, se inunda, se apaga, se enferma, y ellos continúan en su rutina de propaganda y victimismo.
Y lo peor es que saben que no gestionan, que no previenen, que no sirven, que solo fabrican relatos para seguir en Moncloa. Se contentan con sacar a su Dios pagano del clima porque conocen perfectamente que se lo traga uno de cada cuatro electores. Por eso, cada verano, con cada incendio histórico, se reproduce la misma sensación: este Gobierno prefiere vernos arder que arreglar el problema. Esta es la señal más clara de que España no sufre una emergencia climática, sino una emergencia política.
