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Jorge Vilches: El circo de pulgas de Sánchez

«Mientras él mueve los hilos de su función para no enfrentarse a la Justicia, España paga el precio de un espectáculo que ya nadie cree»

El circo de pulgas de Sánchez

Ilustración generada mediante IA.

 

 

El problema de un presidente políticamente muerto, como Pedro Sánchez, es que no se sabe si miente, es negligente o ambas cosas. El depauperado socialista dijo en el Congreso el 3 de septiembre pasado que había llamado a consulta a la embajadora de Marruecos, y casi de inmediato se supo que era falso o, peor, una mentira a medias. La marroquí estaba de vacaciones, como él, y acudió a la cita con Albares el encargado de Negocios. El detalle es irrelevante porque el empecinamiento turbio del sanchismo sigue siendo el mismo: Marruecos es inocente de la invasión de Ceuta.

En el colmo de la contradicción, Sánchez dijo que los gendarmes marroquíes habían facilitado la invasión, pero que «nadie había aportado pruebas» de que hubiera sido promovida por las autoridades de aquel país. En su delirio, se cabreó porque Feijóo dijo que Marruecos lo estaba chantajeando con la información que había sacado de su móvil con el programa de espionaje Pegasus. Pero es que fue Bolaños, en la rueda de prensa del 2 de mayo de 2022, el que confesó que los teléfonos de Sánchez y Robles habían sido espiados según dos informes técnicos del Centro Criptológico Nacional. Es más: Bolaños apuntó que Sánchez sufrió dos espionajes, el 19 y el 31 de mayo, y Robles en junio.

Con todo su papo, Sánchez dijo que la causa principal de la invasión fue la desinformación en redes y la mala interpretación de una sentencia del Tribunal Supremo. Y lo dijo porque la conspiración «judeo-rusa» que denunció dos días antes se cayó por su propio peso, y Sánchez tuvo que admitir que, en realidad, no había pruebas. Esta declaración es gravísima: el presidente del Gobierno acusó sin pruebas a dos Estados de provocar una desestabilización en España propia de una guerra híbrida. ¿Cuántas cosas más habrá dicho así, por decir y escurrir el bulto?

Luego restó importancia a los informes policiales y del servicio de inteligencia, lo que no solo es un insulto a estas organizaciones del Estado, sino una confesión de debilidad de nuestra nación. Dijo que le llegaron documentos, pero que en ningún caso vaticinaban que la «crisis migratoria» tuviera tal envergadura. Falso. La sensación es que lo supo, dejó hacer por miedo a Mohamed VI y el asunto se le fue de las manos. De hecho, se han ido filtrando dichos informes que prueban la cantidad de gente que Marruecos lanzaba sobre Ceuta y la implicación de su Gobierno.

Junto a las trolas y a la demostración de irresponsabilidad y de negligencia, Sánchez se marcó en la Cámara Baja un ejercicio de narcisismo: todo lo hizo tan bien que tenemos suerte de que nos gobierne. Entre embustes y teatro, insultos a la oposición y a la prensa libre, el presidente iba creciéndose, como si al repetir las mentiras se convirtieran en una verdad que no lo sacase del lado correcto de la historia. Mientras, en el banco azul, la única que no seguía al coro de monos con platillos era Margarita Robles.

«Ni la prensa de Franco funcionaba mejor»

El cuento presidencial fue reflejado en los medios y periodistas sanchistas como la verdad, una verdad que en ningún momento han cuestionado a pesar del giro de guion, de las meteduras de pata o de las evidentes mentiras del jefe de Gobierno. En estos días hemos podido ver desde un tertuliano con una camiseta de «Gracias, Marruecos» hasta la búsqueda desesperada de «fascistas» en las manifestaciones del 2 de septiembre en apoyo a Ceuta, o relatos sentimentales sobre la vida de los «migrantes» en Ceuta. Ni la prensa de Franco funcionaba mejor. El club de los 61, bautizado así por Leire Díez, y el equipo de opinión sincronizada se han dedicado a blanquear a Marruecos, a defender a Mohamed VI mientras criticaban a Felipe VI y a señalar una supuesta conspiración «judeo-reaccionaria» contra el «Gobierno de progreso».

Pero todo este espantajo sanchista es como un circo de pulgas: basta con mirar un poco más de cerca para ver que no hay grandeza, ni estrategia, ni verdad, sino un presidente brincando entre excusas, contradicciones y relatos fantasiosos para ocultar su propia fragilidad política. Y mientras él mueve los hilos de su función para no enfrentarse a la Justicia, España paga el precio de un espectáculo que ya nadie cree, salvo quienes viven de repetir el discurso sanchista y de aplaudir al Puto Amo.

 

 

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