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Jorge Vilches: Maquiavelo en Ceuta

«Mientras el Gobierno se aferra a su relato, Marruecos avanza, Ceuta resiste sola y la democracia se erosiona. Habrá que elegir entre el engaño y la defensa real del país»

Maquiavelo en Ceuta

Ilustración generada mediante IA.

 

Maquiavelo escribió que «nunca hay que permitir que los desórdenes aumenten con tal de evitar una guerra, porque solo se consigue demorarla en perjuicio propio». Este es el charco en el que nos está metiendo Pedro Sánchez, que tolera el caos en Ceuta, y por tanto lo aumenta, para evitar que Mohamed VI se vengue en su persona. Esta dejación, como escribió el florentino del Renacimiento, permite que el enemigo se crezca y dé un paso más. Lo intuyó muy bien Aznar, que en 2002 respondió a la invasión del islote de Perejil con una acción militar que contuvo la ambición marroquí hasta que encontró un Gobierno español más débil.

A nadie se le escapa que la estrategia histórica de Marruecos en el norte de África consiste en un pulso geopolítico para medir la fuerza del adversario. En cuanto ve flaquear, avanza. Si entiende que el enemigo es débil, o se encuentra en un momento delicado, da otro paso en su beneficio. Con la invasión de Ceuta el 30 y el 31 de julio, la monarquía alauí ha tomado nota de que con este Gobierno «de progreso» falta anticipación y prevención, que ha cundido la parálisis gubernamental y el miedo a responder, que el presidente no ha tomado el mando, sino que se ha escabullido aprovechando sus vacaciones. A esto sumamos la subsiguiente división en el Gobierno y la ausencia clamorosa de una estrategia de defensa de la frontera. Por ejemplo: si mañana mismo hubiera otra invasión, ¿qué pasaría? Recordemos que España ha dejado el cuidado de la frontera al país que usa las avalanchas humanas como parte de su guerra híbrida. 

Con ese cálculo, el plan marroquí va viento en popa. A Mohamed VI le interesa que haya mucha tensión en Ceuta, que sea una ciudad invivible, con agresiones sexuales, robos, peleas, reacción vecinal y ataques a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, e incluso al Ejército español como si fuera territorio colonial. Lo que Marruecos quiere es que Ceuta sea una molestia para los ceutíes, y por extensión para España, por el desorden y la ruptura de la vida cotidiana. No hay mayor castigo que quebrar la rutina de un pueblo. Eso es justamente la guerra híbrida, desestabilizar políticamente al enemigo y hundir la moral de su población. Y en el caso de Ceuta, que sus pobladores, sintiéndose abandonados por su Gobierno, se vayan a la Península buscando restaurar sus vidas particulares. Esta derrota nacional supondría un golpe inimaginable para nuestra democracia de la cual se aprovecharía Marruecos.

Esta es la razón de que Margarita Robles, la ministra de Defensa, diga la verdad. Su defensa del trabajo del CNI, que hasta en siete ocasiones alertó al Gobierno, y del Centro de Información de las Fuerzas Armadas no se debe solo a que son los suyos. Robles quiere evitar la imagen de que España es vulnerable a una invasión, y que aquí no funciona el Ministerio de Defensa ni el Ejército para defender la integridad nacional, lo que sería gravísimo. Su posición es un contrapunto a lo que afirma el resto del Gobierno: que el ministerio de Robles no hizo su trabajo, y que Marruecos es un aliado fiable a sabiendas de que lanzó a 80.000 personas contra los ceutíes y que está permitiendo el desorden en la ciudad autónoma. Es así que nuestro Gobierno, con la dejación de sus responsabilidades por intereses espurios, es colaborador, consciente o no, de la estrategia marroquí de tomar Ceuta y Melilla, y luego quién sabe.

Lo triste es que Pedro Sánchez prefiere dar la imagen de que España no está preparada para defender sus fronteras, que el Ministerio de Defensa, el Ejército y los servicios de inteligencia no funcionan y que son incapaces de prevenir una invasión, antes de confesar la negligencia y la pasividad ante la maniobra de Marruecos en Ceuta. Por eso ha lanzado a Marlaska y Albares a desmentir a Robles contando patrañas para forjar un relato que cambie el tema del debate. Quieren hacernos creer que el problema no es Marruecos, sino la «extrema derecha» que «politiza» el drama de Ceuta y genera violencia, tanto como las mafias, los bulos y las redes sociales. Su deseo es que la inmigración sea la cuestión política y electoral, no la violación de nuestro territorio o la tragedia de los ceutíes.

«El PSOE de Sánchez no solo tendrá la derrota ante Marruecos, sino que debilitará la democracia española»

El resultado es que el PSOE de Sánchez no solo tendrá la derrota ante Marruecos, que está envalentonado y preparando la próxima, sino que debilitará la democracia española confundiendo la garantía personal de Sánchez —a quien el programa Pegasus vulneró la intimidad de su móvil— con el interés de España, y perjudicando la confianza general en las instituciones para garantizar los derechos de los ciudadanos. De ahí que surjan patrullas vecinales en Ceuta para desempeñar el papel de orden que las fuerzas enviadas por el Gobierno no pueden realizar.

La ignominia ha llegado al punto de que Bolaños detuvo la propuesta de declarar el estado de excepción en dos ocasiones. Lo recomendó el Departamento de Seguridad Nacional porque hubiera servido para expulsar a los invasores de forma inmediata, sin esperar a los trámites de la ley de extranjería. ¿Por qué no lo hizo? No solo por el miedo a Marruecos, sino porque el decreto debía solicitarlo al pleno del Congreso de los Diputados. Esto hubiera supuesto rendir cuentas, escuchar las críticas de todos, pedir el voto al PP y Vox, y atender a sus modificaciones del decreto. Así se hubiera frustrado su relato de combatir a la «derecha y a la extrema derecha».

Ha pasado casi un mes desde la invasión, y España no puede permitirse seguir atrapada en esta ficción. Mientras el Gobierno se aferra a su relato, Marruecos avanza, Ceuta resiste sola y la democracia se erosiona. Tarde o temprano, como señaló Maquiavelo, habrá que elegir entre la comodidad del engaño y la defensa real del país.

 

 

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