Soledad Morillo Belloso: Porque quieren, porque pueden

La legalidad, la constitucionalidad, no importan. Ah, y el anuncio se hace un viernes último de mes, porque quieren y porque pueden.
Quitaron a Maduro porque quisieron y pudieron. No hubo debate, ni protocolo, ni ese teatro solemne que antes se usaba para fingir institucionalidad. Lo apartaron como quien empuja una silla rota hacia la esquina. Porque quisieron y porque pudieron. Punto.
Dejaron a Delcy porque quieren y pueden.
Porque es útil, porque encaja, porque no estorba, porque cumple instrucciones. Porque en este país el poder no se ejerce: se administra como inventario. Y ella, en ese inventario, es pieza que se conserva por conveniencia, no por mérito ni por legalidad.
A Edmundo lo dejaron fuera de su propia juramentación como quien cierra un portón con el hombro. Sin explicación, sin vergüenza, sin siquiera el gesto de mirar atrás. Porque quisieron y porque pudieron.
Porque aquí las ceremonias ya no son actos republicanos sino escenografías que se montan o desmontan según el humor del día.
A María Corina la mantienen lejos como se guarda un objeto que incomoda, que recuerda demasiado, que podría alterar el equilibrio de la sala. La mantienen en la distancia, en la ausencia, en la sombra. Porque quieren y porque pueden. Porque el poder, cuando se siente absoluto, decide quién existe y quién no.
Y ahora firman este acuerdo.
Lo firman con esa parsimonia de los que saben que la tinta vale porque la hacen suya, que el papel es apenas un escenario más. Lo firman porque quieren y porque pueden. Porque en este país las firmas dejaron de ser actos solemnes para convertirse en demostraciones de fuerza. Querer y poder. Verbos modales. Los verbos modales en español son cinco: deber, querer, saber, poder y soler. Van seguidos de un infinitivo. Indican la actitud ante una acción.
Expresan obligación, voluntad, conocimiento, permiso, posibilidad, probabilidad y reiteración de la acción expresada por el verbo principal.
¿Y la mesa? La mesa es el decorado. La mesa es el mueble que colocan en el centro para que parezca que hay diálogo, negociación, institucionalidad. La mesa anuncia que se reactivará la tercera semana de septiembre. La mesa existe porque ellos quieren que exista. Y porque pueden.
Y la legalidad, la constitucionalidad… esas palabras ya no pesan.
Son como monedas viejas: se mencionan por costumbre, no por valor. Aquí las normas son papel mojado, y la Constitución es un libro que se abre solo cuando conviene. El resto del tiempo, duerme.
Ah, y el anuncio —ese anuncio que debería ser solemne, meditado, institucional— se hace un viernes último de mes. ¿Por qué? Porque quieren y porque pueden. Porque saben que el país llega al viernes cansado, distraído, resignado. Porque el fin de semana los medios descansan.
Porque entienden que el último viernes del mes es el lugar perfecto para soltar bombas sin que nadie tenga energía para reaccionar.
Ahora procede la campaña para vender “las virtudes del negocio”. Argumentos que disfracen. Ustedes tranqui, que con esto vamos a matar el hambre y Venezuela será la tierra del verde jengibre. El acuerdo se anuncia con bombos y platillos.
Y se incluye en el texto, casi edicto, la frase “trabajando en colaboración con la muy respetada Presidente interina de Venezuela”. Biutiful.
Todo se reduce a la frase con dos verbos que ya son diagnóstico, epitafio y explicación: porque quieren, porque pueden. Ese es el mecanismo. Ese es el país. El país según Trump.
