La fiebre de León
Los números de la visita del Papa demuestran que la Iglesia católica sigue siendo una fuerza moral

Desde 2011 no viajaba ningún Papa a España. La última vez lo hizo Benedicto XVI. Joseph Ratzinger visitó nuestro país en tres ocasiones. El papa Francisco, en cambio, no pisó suelo español en sus doce años de pontificado. Las malas lenguas dicen que fue una decisión premeditada para castigar a un clero que consideraba hostil a su agenda reformista. Quienes conocieron bien a Jorge Bergoglio aseguran que el argentino estaba obsesionado con ensanchar los confines de la Iglesia católica. No en vano, empezó su pontificado con un viaje a Lampedusa, la isla italiana devorada por la crisis migratoria, y lo concluyó en Mongolia, un país remoto sin apenas rastro de catolicismo. No sabemos si logró convencer al escritor Javier Cercas sobre la resurrección de la carne, pero sí supo mostrarle la altura intelectual y la calidad humana que habita el Vaticano.
León XIV llega a España casi un año después de ser elegido Papa (el 8 de mayo de 2025), y apenas unos días después de publicar su primera encíclica, dedicada a la inteligencia artificial, uno de los temas clave de nuestro tiempo. En ella se muestra contundente contra el uso de la IA en los conflictos armados: «No es admisible confiar decisiones letales o de otro modo irreversibles a sistemas artificiales». Y advierte sobre los peligros de «la idolatría del beneficio» practicada por los gigantes tecnológicos.
Este Papa, tan combativo como amable, aterriza mañana y permanecerá hasta el 12 de junio. A lo largo de la semana visitará Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife. Como si de una estrella del pop se tratara, se espera que mueva a las masas: hasta un millón y medio de personas participarán en la eucaristía de Cibeles y medio millón en la vigilia de la Plaza de Lima. En Barcelona, más de 80.000 fieles se concentrarán en el Estadio Olímpico y unos 8.000 asistirán a la ceremonia en la Sagrada Familia.
Es difícil encontrar una figura institucional con tanto tirón mediático y con un público tan intergeneracional. Desde los años 2000, España ha experimentado una explosión de la fe, especialmente entre los más jóvenes. Los movimientos Hakuna o Emaús así lo atestiguan. Las nuevas generaciones viven el catolicismo con naturalidad, sin el recato de los años 80 y 90. En una época dominada por la incertidumbre, buscan certezas, y la religión actúa como un bálsamo. En nuestro país hay más de 26 millones de católicos bautizados, aunque quienes se declaran creyentes superan los 32 millones. Estamos por detrás de Italia, pero somos, sin duda, un faro religioso en Europa.
Los números demuestran además que, a pesar de los enormes desafíos que enfrenta la Iglesia católica en el siglo XXI, la institución goza de buena salud. La secularización no es esa fuerza inexorable que arrasa con todo. La visita del Papa avivará esta llama de la fe, pero más allá de ilusionar a los feligreses, contará también con una misión social. Las paradas en Gran Canaria y Tenerife tienen como objetivo recordar a quienes perdieron la vida en las aguas del Atlántico tratando de llegar a Europa. León XIV, igual que antes Francisco, quiere ser esa brújula moral que guía al hombre en un mundo descarnado. España será estos días su púlpito.
