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Manuel Salvador Ramos: Un balance en busca del siglo (I)

Guerra Civil Española: resumen - Habla con Eñe

“El pasado nunca muere, ni siquiera es pasado…” WILLIAM FAULKNER

Hace ya muchas décadas, cuando nos adentrábamos en el período de nuestra formación académica, se fijó en nosotros un aserto extraído del De Oratore de Cicerón: “Historia magistra vitae”. La considerable lejanía cronológica y la banalidad teórica que hoy prevalecen han colocado esta frase en el muestrario de los lugares comunes, pero nada más lejos de tal minusvalía. La cabal interpretación exegética de la misma nos muestra una profunda verdad sobre el meollo existencial, ya que es en el tránsito humano, ese de cada diario andar, donde genuinamente podemos visualizar el mapa del hoy y del mañana.

Se están cumpliendo noventa años del inicio de la Guerra Civil Española, un conflicto bélico que, a pesar del tiempo transcurrido, parece no agotarse como motivación de escritores, historiadores, ensayistas y novelistas. Por ello, a partir de 1975 —hito indiscutible de la España contemporánea—, esa temática ha producido una cuantiosa bibliografía que abarca hechos, circunstancias, personajes y episodios que conforman todo su devenir. Siendo por ello que, cuando nos ha tocado discurrir o escribir sobre ese inmenso reservorio histórico, lejos de caer en recuentos genéricos y análisis globales propios de la ortodoxia tratadista, buscamos desentrañar las coyunturas particulares en su radio de alcance y desarrollo. Así entonces, dado que las turbulencias políticas se manifiestan en España con inusitada intensidad cotidiana, pensamos que es valedero observar el ritmo vivencial de los partidos que actúan en la nación ibérica y así reflexionar sobre las variables que interactúan.

A partir del advenimiento democrático, el panorama partidista en España se ha transformado totalmente si lo comparamos con cualquier ciclo anterior. Cabe acotar que antes del 14 de abril de 1931, desde las últimas décadas del siglo XIX, existía una serie de agrupaciones políticas formales que actuaban en el marco de la monarquía constitucional. De hecho, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) fue fundado por Pablo Iglesias (no confundir con el homónimo personaje actual) en 1879; el Partido Comunista Español (P.C.E.) nace de una división de aquel en 1917, e igualmente, durante toda la década de los años 20 aparecieron agrupaciones que luego fueron actoras en la intensa dinámica que vivió España a partir de la anotada coyuntura.

Mas allá de particularidades y circunstancias, o de hombres y nombres, el PSOE ha sido el partido nuclear de la historia contemporánea española. Los indiscutibles aportes en el plano de la modernización, los logros socioeconómicos y la visión articuladora del Estado tienen el sello de su accionar. Por eso no es de extrañar que desde el prenombrado 14 de abril de 1931 fuese el eje principal del acontecer de los años que transcurren hasta el fin de la guerra, el 1 de abril de 1939. Por ello es por lo que solo a través de la revisión histórica de su rumbo podemos evaluar con propiedad la realidad actual que vive España.

Dentro de ese contexto analítico, vemos cómo, a partir de la dinámica que adquirió la política española desde comienzos del siglo XX, en el seno del PSOE se estructuraron tres tendencias muy definidas. Ya en el período republicano, tal segmentación significó que cada una de ellas actuaba con tácticas propias y objetivos nítidamente diferenciados. Francisco Largo Caballero, prestigioso líder obrero y máximo dirigente de la UGT, encabezaba el sector más radical. Ello le valió que en los momentos iniciales de la guerra (septiembre de 1936) fuera designado por las Cortes como jefe de Gobierno. Era llamado «el Lenin español» y la línea central de su prédica era sustituir la República por un régimen social cuya cabeza fuese la clase obrera. La otra facción tenía como líder a Indalecio Prieto, un dirigente de sólido intelecto y quizás el socialista con mayor visión política. Su ideario, inspirado en la socialdemocracia, era ganar la guerra y emprender las reformas de cambio a posteriori. Una tercera vertiente tenía como referente al prestigioso profesor universitario Julián Besteiro, quien desde siempre fue adversario total del revolucionarismo, oponiéndose frontalmente a Largo Caballero. Ya hacia el final de la guerra estas corrientes se reconfiguraron dada la inexorable derrota que se avecinaba. En peculiar conjunción se unieron estratégicamente para enfrentar la gestión del entonces jefe de Gobierno, el médico isleño Juan Negrín. El choque devenía del empeño de este, junto con el Partido Comunista —organización minúscula al comienzo de la guerra, pero que se apoderó de todas las esferas del poder entre los años 1937 y 1938—, en el empecinado propósito de resistir frontalmente la poderosa embestida de las fuerzas franquistas para ganar tiempo y subsumir el conflicto español dentro del inminente estallido de la Segunda Guerra Mundial.

El final de la guerra en abril de 1939, trae para el PSOE la diáspora, la dispersión y las luchas individualistas, agregándose a ello la gravedad de numerosas acusaciones de corrupción, la mayor de las cuales tuvo como figura convergente a alguien de la talla de Indalecio Prieto. La estructura interna sufrió etapas de feroz represión y, obviamente, de ilegalización y clandestinidad. Decenas de activistas y militantes fueron encarcelados e incluso algunos fueron asesinados. Solo a partir de 1942 logró el partido articular precariamente algunas pocas redes locales, mientras que la máxima dirección se estableció en Toulouse, Francia. Ésta, encabezada desde la década de los 50 por Rodolfo Llopis, un dirigente proveniente del sector radical, hizo algunos esfuerzos por vigorizar el trabajo en el interior de España, pero las pugnas fraccionales mediatizaron y desdibujaron todo intento. Además de ello, el mayor centro gravitacional se asentó en México por la amplia acogida que los gobiernos de ese país dieron al exilio español y, principalmente, porque allí se radicó Indalecio Prieto hasta su muerte el 12 de febrero de 1962. El talentoso líder agotó sus años de madurez manejando ingentes recursos económicos dentro de una atmósfera plagada de dudas y acusaciones nunca aclaradas.

En 1974 el PSOE desemboca en una crisis estructural que se venía gestando por la incorporación de nuevos cuadros en el ámbito interno, y dado que la nueva era que allí comienza demarca la transformación profunda del PSOE dentro de la dinámica política de España, desarrollaremos ese nuevo devenir en posterior enfoque.

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