Democracia y PolíticaDictadura

Las lecciones de resistencia democrática de Oriente

Crowd of smiling supporters of Philippine opposition leader Corazon Aquino flash the Laban sign during the 1986 People Power Revolution in Manila.

 

 

IRVINE—Hace sesenta años, un duro régimen autocrático dominaba una región en el confín oriental de un continente. La búsqueda de cambio político parecía un combate quijotesco condenado al fracaso… hasta que triunfó. Al terminar el siglo XX, la celebración de elecciones competitivas se había convertido en norma, y ex presos políticos lideraban gobiernos. Y a pesar de retrocesos recientes, los votantes de uno de esos países acaban de revertir años de deriva autoritaria, uniendo fuerzas para derrocar a un aspirante a dictador.

Esta descripción es aplicable a la trayectoria de Europa central y del este desde la Guerra Fría hasta la reciente derrota electoral del ex primer ministro húngaro Viktor Orbán. Pero también al este y sudeste de Asia.

En 1966, imperaban en Filipinas, Taiwán y Corea del Sur regímenes autocráticos; y resueltos activistas por la democracia dedicaron décadas a causas que a menudo parecían perdidas. Sufrieron represiones brutales, incluida la masacre de Gwangju en Corea del Sur (1980), que tuvo lugar doce años después del aplastamiento de la Primavera de Praga y justo antes de la ley marcial que puso fin al primer surgimiento de «Solidaridad» en Polonia.

Llegaron entonces avances decisivos. En 1986, la Revolución del Poder Popular derribó la dictadura de Ferdinand Marcos en Filipinas. Las improbables trayectorias que habían llevado a Václav Havel y Lech Wałęsa de la disidencia a la presidencia hallaron equivalente en Asia Oriental, cuando en 1998 Kim Dae‑jung (otrora el disidente más famoso de Corea del Sur) se convirtió en presidente. En esos años también Taiwán experimentó una transición democrática y en 1996 celebró la primera elección presidencial directa.

Ya llegados a esta década, Asia Oriental vuelve a ofrecer un ejemplo sorprendente de resiliencia democrática. En diciembre de 2024, manifestantes, legisladores y ciudadanos comunes surcoreanos se movilizaron contra la ley marcial declarada por el entonces presidente Yoon Suk Yeol, la derrotaron en cuestión de horas y pusieron en marcha el proceso que terminó con su destitución y condena a prisión perpetua.

¿Por qué, entonces, los defensores de la democracia contra la actual ola autocrática buscan inspiración en «Solidaridad» y no en «Poder Popular»? ¿Por qué Havel es un modelo de resistencia democrática más conocido que Kim?

Sería tentador atribuir el desequilibrio a un persistente eurocentrismo. Es verdad que los observadores occidentales prestaron más atención a la última elección en Hungría que a la crisis democrática de 2024 en Corea del Sur. Pero en lo referido a los recuerdos de la Guerra Fría, también hay otros factores.

Basta pensar en dos de las imágenes más potentes de 1989: un hombre enfrentando solo una fila de tanques en Pekín, un día después de la masacre del 4 de junio en las inmediaciones de la plaza Tiananmen; y más adelante ese mismo año, multitudes exultantes derribando el Muro de Berlín a mazazos.

Las dos imágenes son conmovedoras, pero sólo la europea evoca un cambio drástico para mejor. El Muro de Berlín cayó, pero el Partido Comunista de China sobrevivió a las protestas de Tiananmen y lleva décadas tratando de borrarlas de la memoria. La valentía del «hombre del tanque» es digna de recordar, sobre todo por la campaña del PCCh para que el mundo se olvide de él y de las víctimas de la masacre.

Pero el poder icónico de esa imagen también puede distorsionar la memoria de Asia al final de la Guerra Fría. Sin menoscabar la horrorosa represión de Tiananmen, este período también trajo consigo avances democráticos extraordinarios en otras partes de Asia, en los que sistemas autocráticos arraigados empezaron por fin a ceder paso a la democracia.

Si las luchas del pasado ofrecen lecciones y modelos para hacer frente al autoritarismo actual, tiene sentido ampliar la búsqueda lo más posible. Al fin y al cabo, los aspirantes a autócratas comprenden hace mucho tiempo el valor de procurar ejemplos en el extranjero. Estudios recientes muestran que quienes quieren socavar las instituciones democráticas se imitan entre sí y recogen estrategias útiles en todo el mundo. Los movimientos prodemocracia también deben ser cosmopolitas y buscar enseñanzas útiles no sólo en Europa y Asia, sino también en África, América Latina, Medio Oriente y otros lugares.

Unas personas con las que me crucé hace varios años ofrecen un ejemplo particularmente elocuente. Por aquel tiempo había comenzado a interesarme en los jóvenes activistas de Tailandia, un país que hasta entonces no había estudiado en profundidad; y en particular por los artífices de Sam Yan Press, una editorial fundada en 2017 que ha traducido al tailandés la obra de pensadores y activistas de todo el mundo, desde Hannah Arendt y Rebecca Solnit hasta Mahatma Gandhi, el académico uigur Ilham Tohti (que está preso en China) y Martin Luther King.

En 2019, Netiwit Chotiphatphaisal, fundador de Sam Yan Press y primer objetor de conciencia de Tailandia, tradujo al tailandés en colaboración con dos académicos la «Carta al Dr. Husák», escrita por Havel en 1975. El proyecto reflejaba el interés de estos jóvenes por aprender de personas y movimientos del antiguo bloque soviético.

Pero también querían aprender de luchas más cercanas. Cuando los surcoreanos resistieron con éxito el intento de Yoon de imponer la ley marcial, Sam Yan Press organizó un evento en línea que reunió a manifestantes de Seúl con activistas tailandeses que luchan por un cambio democrático en un país con una larga historia de golpes de Estado militares y prolongados períodos de gobierno militar.

Los fundadores de Sam Yan Press son un ejemplo de «pensar en el nivel global y actuar en el nivel local». En vez de ver la resistencia democrática como una historia ante todo europea, estos jóvenes activistas han hecho lo que deberían hacer los defensores de la democracia en todo el mundo: ampliar horizontes, buscar inspiración en todas partes y nunca dar por sentado que las enseñanzas más útiles estarán donde nos han enseñado a mirar.

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