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Marcelino Miyares / Una Bitácora cubana (LII)

 

Y llegó el coronavirus… frente a un Gobierno que se hace en buena medida el loco y que critica el “alarmismo”, ya que en Cuba todo es “tranquilidad y disciplina”.

 

   Al momento de comenzar a escribir esta Bitácora, leo una nota en 14ymedio de Luz Escobar, donde da noticias de la forma en que la dictadura castrista, plena de irresponsabilidad, desprecio real por la vida humana y falta de empatía, está tratando la presencia del coronavirus en la Isla; el título lo describe todo:

“Ante la inacción de las autoridades, los cubanos se movilizan contra el coronavirus”

Mientras que los medios oficiales hacen llamados a la calma, a los ciudadanos no les queda otra que apelar a las redes sociales y a la solidaridad práctica que deriva de llevar sesenta años soportando un régimen que asume sus promesas como realidades, como propaganda defensiva frente a sus enemigos. Un régimen que vive y cosecha pura paranoia. Por ello nadie le cree, porque el pueblo sabe que las cifras se maquillan, se manipulan, y que se anuncian “medidas” y se señalan “acciones y responsabilidades” que no son tales, pura patraña. Asimismo, interesadamente no se menciona el peligro que significa que la Isla posee una de las poblaciones más enevejecidas del continente.

En la nota de Escobar podemos leer:

“Pendientes del televisor, los cubanos ven pasar los días sin que las autoridades decreten el cierre de las fronteras, la suspensión de las clases o medidas más estrictas de cuarentena. Mientras la vida parece seguir su rumbo normal en la Isla, muchos ciudadanos y negocios privados empiezan a tomar medidas por su cuenta ante la inacción del Gobierno”.  

Ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo con sus compinches venezolanos (donde anunciaron con gran publicidad la llegada de asesores médicos cubanos, por cierto). En Venezuela –al menos en Caracas- las fuerzas represivo-policiales del chavismo-madurismo exigen a los ciudadanos el uso de nasobucos –llamados también tapabocas o mascarillas- (que a veces los propios funcionarios no llevan), mientras que en Cuba se prohíben (o se le pide a la gente que las fabrique artesanalmente). ¿Quién los entiende?

Seguimos con la nota de Escobar en 14ymedio:

«No tenemos ninguna orientación de cierre y tampoco nos dejan usar tapabocas», cuenta a este diario una empleada de la Plaza de Carlos III que despacha pizzas y sándwiches en la planta baja de ese populoso mercado. “Nos han dicho que debemos reportar si nos sentimos mal, pero hay mucho miedo entre los empleados. Entre los trabajadores han comprado cloro, algo de jabón y preparado en una botella un líquido para mantener las manos limpias. “Nos turnamos para pasar al baño y lavarnos bien”, explica la empleada. “Mi hermana trabaja en el hospital La Covadonga y está en las mismas, lo que tienen para protegerse lo han llevado ellos mismos”.

 

¿Y cómo está la prevención médica?

Por su parte, los estudiantes de la carrera de medicina han sido convocados a realizar pesquisas casa por casa. «Aquí vino uno preguntando cuántas personas viven en esta aquí y si había alguno con fiebre o dolor de garganta», dijo a 14ymedio una vecina de un edificio multifamiliar en Nuevo Vedado. «Le respondimos a través de la puerta, porque no queremos arriesgarnos a abrir y que nos contagie».

Estos alumnos deben llevar sus propios medios de protección. Un video que se ha hecho viral en las redes muestra a una estricta profesora de medicina que le exige a un estudiante que se quite el nasobuco durante una reunión donde imparten “orientaciones”. En la grabación, hecha con un teléfono móvil, se escucha la protesta de varios jóvenes: “No te lo quites, no le hagas caso”.

Algunos de los pocos nasobucos que se ven en las calles son comprados en el mercado negro, pero las mulas cubanas han recibido un duro golpe con la crisis. Varios de sus destinos favoritos: Panamá, Estados Unidos y Dominicana han cerrado fronteras o restringido vuelos. El constante flujo de mercancías que llegaba con estos pequeños comerciantes hacia el mercado informal se ha reducido drásticamente y comienza a notarse.

«Volaron rapidísimo las vitaminas, las mascarillas, los complejos nutricionales y todos los productos de higiene que traje en febrero», comenta a este diario un cubano de Villa Clara que viajó a la zona panameña de Colón el mes pasado para hacer compras. «Justo a tiempo porque parece que no podré volver a ir en varias semanas».

Quienes tienen contacto con amigos o familiares en Italia y España parecen ser los que más entienden el peligro. El músico Luis Barbería, que vivió un tiempo en Madrid, compartió una foto de una enorme cola este jueves en la esquina del parque Villuendas, en Cienfuegos: «El mundo entero en cuarentena y los cubanos así. Nos creemos los bárbaros y que podemos con todo, solo por ser cubanos. Díganme?».

 

Puesto de emergencias médicas en hospital de Cuba (Foto: Internet)

 

La conducta informativa castrista es una “falsa normalidad”, según afirma Yoani Sánchez en 14ymedio, luego de observar con paciencia –no hay otra- lo que sale en los noticieros televisivos; ejemplo de irresponsabilidad criminal: 

“Cada día debo hacer un esfuerzo para ver los noticieros oficiales cubanos. Mi trabajo como periodista me obliga a sintonizar esos informativos porque en un país marcado por el control vertical de las noticias, hay datos y declaraciones que solo se publican en esos espacios televisivos o radiales. Aunque siempre hago acopio especial de paciencia para sentarme ante la pantalla, debo confesar que por estos días el trago está siendo mucho más amargo.

El NTV, en el horario estelar de la noche, está transmitiendo algunos peligrosos bulos sobre el coronavirus, convierte la pandemia en una batalla ideológica, usa la calamidad para competir políticamente, niega los errores de los “camaradas de ruta” mientras minimiza o falsea los aciertos de los países democráticos ante el avance del Covid-19 y difunde declaraciones de funcionarios más preocupados por aparentar normalidad que por proteger a la población. Todo lo que hacen Maduro y Ortega ante la pandemia es un ejemplo a seguir, mientras que Merkel o Macron parecen estar hundiendo literalmente a sus países, según este burdo guion informativo.

El noticiero asegura que hacia el interior de Cuba todo es “tranquilidad y disciplina” y en sus reportes y titulares el chovinismo alcanza cotas insoportables en las que se mezcla la imprudencia, la arrogancia, la falta absoluta de humildad y la insensatez. A la cuenta de ese sistema “informativo” oficial debe ir también el daño que esta enfermedad ocasione en una Cuba desprevenida, donde todavía no se cierran las fronteras, no se cancelan las clases, no se suspenden las jornadas laborales, no se cierran las oficinas públicas y tampoco se hace un llamado contundente a quedarse en casa».

 

Por otra parte, ya hace un par de semanas en Cubanet se alertaba que la llegada del Coronavirus podría generar una catástrofe sanitaria, según la opinión de especialistas dentro de Cuba.

Por ejemplo, el traumátologo holguinero Ramón Zamora, declaró a Radio Martí que es preocupante la situación higiénico-sanitaria y la falta de medicamentos en los hospitales y otras instituciones médicas; “no existen ni siquiera condiciones mínimas”, afirma. Por no haber insumos, “ni siquiera hay termómetros” (!!!!!).

 

 

Podría pensarse que eso ocurre en la provincia, pero que en La Habana la situación es diferente. No es verdad. Nos dice la nota de Cubanet:

“En La Habana, el científico Oscar Casanella advirtió sobre el faltante de personal médico, fundamentalmente, en los consultorios médicos de los barrios.

Según Casanella, en caso de que el coronavirus golpee con fuerza en Cuba, los médicos que quedan deberán atender a mayor cantidad personas y abarcar áreas más grandes, lo que dificultaría el trabajo.

Algo similar ocurre en el municipio santiaguero de Songo la Maya, donde el faltante de productos de aseo preocupa, ante la posibilidad de la llegada del virus.

“Si entra acá esa enfermedad va a ser terrible”, declaró a Martí el doctor Roberto Serrano Fernández.

“Los consultorios médicos están desprovistos de lo mínimo indispensable para atender cualquier emergencia, por mediana o sencilla que sea, imagínese usted ante algo tan complicado como el coronavirus”, subrayó el galeno”.

 

Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, de Cuba. EFE

 

Podría algún escéptico afirmar: ¿No será mera propaganda “imperialista” afirmar que las condiciones higiénico-sanitarias son un desastre? Pues quien todavía dude que vea la nota en Cubanet donde una turista italiana, ingresada con Coronavirus, denuncia “condiciones terribles, dramáticas” en el centro donde fue ingresada, nada menos que el Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí”. La turista, de nombre Marta Cavallo, hizo el reclamo por redes sociales; tal sería el desastre, que pidió ayuda para volver a Italia, a pesar de que su país es hoy el centro más neurálgico de la pandemia en el mundo:

“Estamos en un hospital terrible, en condiciones sanitarias dramáticas, nos dan la comida, la sopa nos piden que la tomemos del plato, ni siquiera hay papel higiénico… no nos dan noticias de ningún tipo”, escribió Cavallo en Facebook. (…)

Según Cavallo, ella y los otros dos italianos en cuarentena -un hombre y una mujer- se encuentran preocupados por su situación en la Isla y han pedido ayuda para regresar a su país.

“Estamos al final de nuestra fuerza física y psicológica… estamos preocupados, cansados, devastados, debilitados … ¡Queremos volver a casa! Estamos en contacto con la embajada, ¡pero no tenemos noticias claras!”, agregó la mujer.

Tanto Carvallo como los otros dos turistas diagnosticados con coronavirus llegaron a Cuba procedente de Lombardía, región al norte de Italia catalogada como una de las zonas de mayor riesgo”.

 

 

Lo peor es que, hace pocos días se seguía promoviendo el turismo en Cuba, un “destino seguro”, según se muestra en una nota en Diario de Cuba de Mabel Cuesta: ¡Si quieren a sus viejos, no vayan a Cuba! Se llega incluso a afirmar que en Cubatenemos a Biocubafarma que garantizará la producción de los 22 medicamentos para el tratamiento del Covid-19”.

“Ese mismo 9 de marzo de 2020 cuando Occidente comenzó a prestar seria atención al flagelo, la agencia turoperadora cubana Havanatur hacía gala en Facebook y Twitter de un marketing que solo puede ser entendido bajo la nomenclatura de «turismo del desastre». Para ello, se servía de una nota de prensa publicada en el sitio Cubadebate en la que a modo de titular se leía «El calor podría cambiar la transmisión del COVID-19 según científicos chinos».  A dicha nota la acompañaba una imagen de dos mujeres asiáticas con sus respectivos nasobucos y desde el post de Havanatur esta promoción: «Siendo bañados por los rayos del Sol todo el año y tomando las medidas pertinentes tenemos más fortalezas ante la #COVID19. Desde el #Caribe es #CubaDestinoSeguro. Visítala con #Havanatur».

Para quienes tenemos cierto entrenamiento en la decodificación de textos e imágenes, esta particular combinación de ambos nos produjo escalofríos. Detectamos como aparecía la eterna capitalización de signos históricos que, si bien no están estrictamente asociados a Cuba o a la Revolución, aquellas los han sabido refundar en pos de sus propios dividendos. Al baño de sol que aquí se promueve (inocente y caribeño como cualquier otro) se le añade la imagen de mujeres que si han de proteger sus vías respiratorias es porque están lejos de nosotros, es decir de estos hashtags que nos harán olvidar la pandemia nacida en el lejano, muy lejano, extremadamente lejano Oriente: «#Caribe es #CubaDestinoSeguro. Visítala con #Havanatur». Las palabras claves para propiciar la mordida del viajero que busca escapar eran monosémicas: «destino seguro».

¡Italianos, españoles, franceses, alemanes hartos del amarillismo de la prensa: venid! ¡Nunca fue la Isla más paraíso que en este minuto! ¡Los protegeremos del imperio del eurodólar, de la bolsa que cae, de la propaganda deshumanizada, de la plusvalía, de la desidia de la vieja Europa frente al proletariado y, cómo no, de un virus que no soportará nuestros hirvientes rayos de sol en primavera: venid! Y venid, además, porque tal y como nos lo cuenta Granma el 13 de marzo, tenemos a Biocubafarma que garantizará la producción de los 22 medicamentos para el tratamiento del Covid-19. ¿A qué esperan?

 

Mientras, ya en ese momento el alcalde de Miami -aparentemente mejor informado que las autoridades castristas- le pedía a Trump que cancelara los vuelos a Cuba, ya que habían sido identificados tres turistas italianos como pacientes positivos. Ello había sido anunciado por la misma prensa oficial que habla de “normalidad” y critica al “contrarrevolucionario alarmismo”.  

Continúa la nota: 

“Sin embargo, mientras las aerolíneas daban políticas de flexibilidad  para cancelar y posponer vuelos a cualquier destino, el MINTUR hacía avances y pasaba de los inocentes hashtags ilustrados con lejanas asiáticas exotizadas a declaraciones oficiales de Bárbara Cruz, directora de Mercadotecnia del Ministerio de Turismo en donde se apelaba a «nuestra función social». Una que, refundando la historia de la filosofía, no era sería otra que la de recibir a los turistas del mundo por enfermos que aquellos estuviesen. 

Los cuerpos que en Cuba estarían siendo sometidos a la categoría de objetos transaccionales para esa búsqueda de capitales a toda costa, no son cuerpos abstractos sino harto reales. Son los de nuestros viejos: madres, padres, abuelos, tíos; la gente que no se fue porque ya era tarde; la gente que no sabe vivir sin su vecina que llega a la casa sin anunciarse para ver la telenovela; la gente que preferimos proteger desde la distancia porque forman parte de una cadena de afectos (otros) que no nos pertenecen. Esos cuerpos reales son los mismos por los que nos desgastamos cargando maletas de medicamentos, alimentos, aseo, misceláneas de todo tipo. Esos que nos sacrificaron (y a quienes sacrificamos) en la que sí sería la transacción más dolorosa de nuestras vidas: abandonarlos y ser abandonados por ellos a cambio de la remesa mensual, la visita anual, la casita en la playa y la cuenta de la fiesta de quince de cualquier primita.

En un momento en que tanto los gobiernos que se precian de fuertes sistemas de seguridad social y sanitaria (Alemania, Italia o España); como los que han sido largamente abochornados por sus huecos y debilidades sistémicas (EEUU) protegen a sus ciudadanos cancelando clases, conciertos, encuentros deportivos, manifestaciones civiles y cerrando bares y restaurantes; a nosotros, cubanos más desprotegidos que nunca, nos toca velar por nuestra gente, ser nuestro propio Gobierno, nuestro particular paquete de medidas y estas se reducen a solo una: no viajar”.

 

Finalmente, el economista Elías Amor Bravo, en Diario de Cuba, hace un primer análisis de los efectos del coronavirus en la ya de por sí maltrecha economía de la Isla. ¿Su resumen? Influirá en el déficit y el nivel de endeudamiento de la economía, así como en la solvencia y en la capacidad del Estado comunista para hacer frente a situaciones de crisis complejas y globales. 

Veamos algunos extractos:

“Hay que apartar la idea de que el efecto más importante del coronavirus en Cuba tendrá lugar en el sector turístico o en las actividades productivas en la construcción, industria o la agricultura.

Hasta en esto, la Isla es distinta del resto del mundo, donde las actividades económicas ya han experimentado el shock de oferta provocado por la parálisis de la epidemia. (…)

El efecto sobre el nivel de endeudamiento de la economía se producirá como consecuencia de los mayores e inesperados gastos que se tendrán que realizar para atender a una población enferma en número creciente. No conviene olvidar que la salud, totalmente financiada por los cubanos con cargo a los ingresos que detrae el Estado de sus sueldos y salarios y beneficios empresariales, representa el 11% de los gastos del presupuesto del Estado, y su incremento previsible puede llevar a un aumento del déficit planificado para este ejercicio, superando los dos dígitos en porcentaje sobre PIB.

La brecha de ingresos y gastos se verá igualmente afectada, si bien en menor medida, por los costes que tendrá el coronavirus en el sector educativo, que se financia con cargo al presupuesto y representa el 8% del mismo, sobre todo cuando se cierran las aulas y se suspenden las actividades. (…)

El déficit descontrolado (porque los ingresos no podrán crecer más) y en aumento exigirá una mayor disponibilidad para financiar la deuda acumulada, porque los bonos soberanos del Banco Central llegan solo para atender necesidades internas. Pero como el Estado cubano no ha pagado los intereses a los acreedores en los plazos estipulados, su posibilidad de acceso a los mercados para obtener más financiación se verá comprometida, justo en un momento en que otros países tendrán que actuar del mismo modo frente a los mercados de capitales. La tensión asociada a una deuda impagable volverá a arrojar serias dudas sobre la posición externa de la economía y una eventual suspensión general de pagos.

El otro efecto del coronavirus es más cualitativo y pondrá a prueba al Estado comunista (…) El coronavirus trae consigo un escenario nuevo y global para el que el Estado comunista parece menos preparado.

La llegada de los primeros enfermos a la Isla procedentes del exterior, en concreto de Italia, por muy rápida que haya sido la reacción de las autoridades, deja entrever protocolos que posiblemente no están a la altura de las circunstancias. Las recomendaciones del Gobierno a la población para fabricar artesanalmente las mascarillas ha sido otro ejemplo.

Muchos cubanos están acostumbrados en 61 años, a otorgar al Estado todas las decisiones relativas a sus vidas. La decisión sobre lo que van a comer, dónde van a vivir, qué van a estudiar, en qué van a trabajar, la protección ante situaciones de calamidad. Por ello, será muy interesante observar cómo actúa ese Estado y su régimen político frente al coronavirus, porque si su capacidad de coordinación y gestión no está a la altura de las circunstancias, muchos ciudadanos perderán la poca confianza que aún les queda en la nueva generación de dirigentes que pretenden mantener intacto el sistema. Este sí que puede ser un efecto de consecuencias muy importantes para el futuro de Cuba: la pérdida eventual de confianza en el Estado y su régimen.

Por último, se tiende a otorgar al turismo una relevancia en la economía cubana que no tiene. Según datos oficiales, la participación de la actividad de hostelería y restauración en el PIB se sitúa apenas en un 6,8%. Del conjunto de ingresos por el comercio exterior de servicios, las actividades relacionadas con el turismo solo suponen un 12% del total, cantidad insignificante si se compara con los ingresos obtenidos por la venta de médicos, que alcanza un 57% del total”.

 

Solo queda esperar que la realidad y sus consecuencias sean más leves de lo que tememos, en el deseo y el ruego de que el coronavirus no se ensañe con nuestros ya inermes y sufridos compatriotas; asimismo los exhortamos a hacer lo que está en nuestro poder hacer: 1. Lavarse las manos con frecuencia por 20 segundos; 2. Mantenerse cada uno, cada familia, lo más aislados posible; y 3. Rezar un Padre Nuestro el próximo miércoles siguiendo la petición del Papa Francisco……

 

Marcelino Miyares, Miami, 23 de marzo de 2020.

 

 

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