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Marx, Lenin y Castro nunca tuvieron un empleo formal

Fidel Castro fue mantenido por su padre hasta después de casarse y tener el primer hijo.

Fidel Castro.Fidel Castro. Cubadebate

 

Del hoy tan homenajeado Fidel Hipólito Castro en su centenario son muchas más las que cosas que se ignoran que las que se saben en verdad. Y hay en esto un «detallito» que la izquierda marxista castrista siempre ha ocultado con mucho celo.

Resulta que Karl Marx, Vladimir Lenin y Fidel Castro, la triada máxima el marxismo-leninismo y la izquierda «revolucionaria» no tuvieron un empleo estable propiamente hablando. Los tres fueron mantenidos. Marx durante toda su vida, Lenin hasta los 44 años, y Fidel hasta los 31.

Engels mantenía a Marx con 6.126 dólares mensuales de hoy

Vayamos por partes. La historia de Marx es harto conocida. Friedrich Engels, su socio político-ideológico, paradójicamente era a la vez un rico capitalista dueño de una fábrica textil en Manchester, Inglaterra. «El Moro», como llamaban sus allegados al «inventor» del marxismo, jamás tuvo un empleo remunerado.

Engels le enviaba el dinero a Marx en giros postales, y billetes bancarios que cortaba por la mitad y enviaba en dos cartas separadas para evitar robos en el correo. El colmo: para que su maestro Marx no pareciera un vago, generara ingresos propios «visibles» y ganara reputación, Engels firmando como Karl Marx escribió unos 170 artículos para el diario estadounidense New York Daily Tribune. Y era Marx quien cobraba el dinero que enviaba el periódico neoyorquino al «autor».

En 1869 Engels vendió su participación en la fábrica de Mánchester a cambio de una fuerte suma de dinero. Se mudó a Londres y le garantizó a Marx una pensión anual fija de 350 libras esterlinas, equivalentes a 54.077 libras esterlinas actuales, es decir, 6.126 dólares mensuales en 2026. Con ese dinero en aquel entonces se podía comprar una pequeña casa de campo, o comprar un carruaje premium, un par de caballos de pura raza y pagar el salario del cochero por un año.

Lenin a su madre: «Si es posible envíame otros 100 rublos»

Pasemos ahora a Vladimir Uliánov, autonombrado Lenin en 1901 luego de conseguir el pasaporte falsificado de un terrateniente real ya retirado llamado Nikolái Lenin, para cruzar la frontera hacia Suiza. Otra versión dice que adoptó ese nombre por el río Lena, pero eso no es muy creíble. Vladimir Ilich fue el fanático que llevó a la práctica las ideas de Karl Marx, quien se pasó la vida hablando en nombre del proletariado sin haber dado un golpe en su vida.

Ya graduado como «apoderado juramentado», pues así llamaban en Rusia a los abogados, Vladimir trabajó en Samara (a orillas del río Volga), durante 18 meses. En San Petersburgo trabajó para otro abogado. En dos años el abogado Ulianov solo tuvo 19 clientes (1892-1893), o sea un promedio de 0,8 cliente mensual.

O sea, Lenin no generaba ingresos propios y vivía del dinero de mamá, Maria Alexandrova, de origen alemán, que había heredado una finca en Kokúshkino y otras propiedades, y luego compró otra finca en Alakáevka. En julio de 1895, desde Suiza en una carta le dijo a su madre: «Me he pasado de mi presupuesto (…) si es posible envíame otros 100 rublos, más o menos».

Así, Vladimir vivió mantenido por su mamá hasta los 44 años de edad (1914), ya con 16 años de casado con Nadezhda Krúpskaya (desde 1898), pues utilizaba su profesión de abogado como fachada para encubrir sus actividades políticas y organizar círculos marxistas.

Fidel era incapaz de sostener a su esposa e hijo pequeño

Y regresamos a Fidel Hipólito. Una vez graduado de abogado, en 1950, trabajó 16 meses en un bufete junto a los letrados Jorge Aspiazo y Rafael Resende. Pero, ojo, se dedicó más a la política que a la abogacía y no obtenía ingresos para pagar el alquiler de su apartamento, ni para mantener a esposa Mirta Díaz-Balart (desde 1948) y a su hijo Fidelito.

Por eso los tres eran mantenidos por su padre, Don Ángel, y por su suegro, Rafael Díaz-Balart.  Su hermana Juanita Castro reveló en sus memorias que Don Ángel le enviaba 500 pesos mensuales a Fidel, o sea, unos 6.900 dólares de hoy, una fortuna entonces.

Además, su madre Lina le enviaba alimentos y productos de aseo desde la tienda y almacén que poseían en la hacienda de Birán.  Al ser amnistiado en 1955, Fidel viajó a México, pero tampoco buscó un empleo. Su estancia allí fue financiada por su padre. Y los historiadores coinciden en que fondos de su familia sirvieron también para costear el alquiler de casas en México y la manutención de futuros expedicionarios.

Al igual que Engels, el «paganini» de Fidel —su padre Don Ángel— era millonario. Al fallecer en octubre de 1956 dejó una fortuna de 7,3 millones de dólares actuales, que es el valor que hoy tienen los 600.000 dólares que tenía en 1956.

En fin, esta historia de tintes nada edificantes desmitifica el mito, o más bien tótem, en que se afinca el marxismo-socialismo-comunismo. No es el tan manipulado proletariado, o clase obrera, la vanguardia dirigente que «construye el socialismo«. Son los ventrículos vividores que hablan en nombre de quienes trabajan y crean las riquezas de las que ellos luego se apropian.

Hipnotizan a las masas con su oratoria enajenante. Engañan, mienten, matan, encarcelan y empobrecen a los pueblos. Atornillados en el poder disfrutan de «las mieles del poder», como admitió involuntariamente (se le fue) Fidel Castro cuando destituyó de su cargo de primer ministro en funciones al «peligroso» (para él) Carlos Lage.

Por tanto, es un escarnio al pueblo cubano esta celebración pomposa del centenario del megalómano depredador que, de hecho, acabó con Cuba. Del «revolucionario» mantenido por papá y mamá hasta los 31 años en que se refugió en la Sierra Maestra y comenzó a vivir del cuento, sus melifluas promesas sin fin, y de su flautín embaucador como Hamelin antillano.

 

 

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