Néstor Suárez: La desestatización y el federalismo son la garantía de una transición hacia el progreso y un gobierno limitado

El proyecto político Rumbo Propio en Venezuela es liberal y autonomista, porque la libertad y las autonomías regionales son como dos caras de una misma moneda; no es posible un híbrido, un socialismo federalista o un estatismo descentralizado como en la ex Yugoslavia. Como toda «tercera vía», un estatismo descentralizado es contradictorio e impracticable, imposible por definición, porque el estatismo es centralista por naturaleza, y más aún en su variedad socialista. Por eso fracasó en la ex Yugoslavia, en la ex URSS y en la ex Checoslovaquia.
Ya Mises enseñó que el socialismo siempre fracasa cuando se practica, pero de modo más rápido e indisimulable cuando se aplica en territorios pequeños. Por eso los socialistas siempre buscan espacios extensos e «integrados», cada vez mayores, para disimular su ineficiencia, esperando de este modo tener éxito; pero eso es en vano.
La descentralización es mucho menos que la autonomía: es una quimera que los socialistas creen ilusoriamente compatible con el estatismo, la cual persiguen inútilmente y de la que consiguen, de vez en cuando, solo unas pocas y precarias migajas. Mercantilismo y socialismo son expresiones muy parecidas de una misma filosofía económica: el estatismo opuesto al comercio y a los mercados libres, que practica la planificación y la autarquía o autosuficiencia económica con un intercambio muy reducido o nulo.
Es imposible descentralizar el estatismo; por eso hay que desestatizar la sociedad. El estatismo es la raíz central de la hipertrofia burocrática y del control asfixiante sobre el individuo, el cual nos va quitando la libertad poco a poco. Asimismo, la corrupción es la miga inseparable del estatismo, por lo que resulta inherente al sistema. Por esta razón, en la transición no basta con un cambio de gobierno, sino que se requiere un cambio de sistema.
Hay que refundar la república, cambiar las estructuras sociales y culturales, y restaurar la verdad y la confianza en la vida pública. Por ello es necesario en Venezuela el liderazgo moral, ético y de valores de primer mundo de María Corina Machado, la cual, sin duda alguna, impulsará el federalismo que garantizará la libertad y la autonomía plena en el país.
