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Oswaldo Páez-Pumar: Lo que Marx sentenció

 

Miguel Alexander Bracho Domínguez es un sargento del “componente” de la Guardia Nacional, con 25 años de servicio y que tuvo la pérfida idea de tomar un video del puesto fronterizo “Buena Vista del Meta” donde servía, para mostrar sus condiciones. El video fue enviado al más alto nivel, al general de la guardia del cual depende el puesto fronterizo donde el sargento Bracho prestaba sus servicios. Otro sargento, cuyo nombre me fue dado a conocer pero que omito porque no es relevante para lo que expongo, colocó el video en “las redes” huyó del comando y salió del país.

Por una razón, que mi razón no logra entender, pero que seguramente está vinculada a esa necesidad de encontrar “un chivo expiatorio”, el sargento, no el prófugo, sino el que tomó el video y permaneció en el comando, fue acusado de traición a la patria; y fue sentenciado inicialmente a una pena de 3 años y 9 meses, no antes sino después de haber oído de boca no del juez, sino del general comandante de la zona, el oficial de mayor jerarquía, “que lo pondría preso y lo expulsaría del cuerpo”.

No me quedó claro de la información recibida, si esa pena le fue impuesta antes o después de haberle sugerido que aceptara los hechos de los que se le acusaba, por lo cual se le podría rebajar la pena que fuera aplicable y al cumplir dos terceras partes de la pena salir en libertad. Lo cierto es que el sargento asesorado por su abogado aceptó los hechos que se le imputaban, pero la sentencia lo condenó a cuatro años y seis meses.

El proceso siguió su curso y desde luego no habiendo dedicado en los 56 años que tengo de graduado de abogado ni siquiera 5 o 6 a ocuparme de cuestiones penales, ni mucho menos de las que tienen que ver con “la justicia militar”, pero habiendo sido profesor de “aritmética razonada” a niños de cuarto grado de primaria, materia que versa sobre “razones y proporciones”, me imaginé que el sargento maduro, no el usurpador sino el acusado, que cuenta ya con 25 años de servicio, fue objeto de un manejo de las proporciones: que la sentencia no era de 3 años y 9 meses y que al cumplir 2/3 partes, 2 años y 6 meses podría salir en libertad; sino de 4 años y 6 meses y al cumplir 3 años y 4 meses podría salir en libertad. El abogado le confiesa a la familia del sargento, “yo acepté porque cómo pensar que unos abogados y jueces de mi Fuerza Armada no me dijeran la verdad”. Tronco de abogado.

Faltaba algo más, la juez 7° del Tribunal de Ejecución, que yo imagino debería encargarse de hacer ejecutar lo ya sentenciado, pero puedo estar equivocado, dictó nueva sentencia condenándolo a 8 años y 6 meses. Me guardo su nombre, pero es sobrina del presidente de la Corte Marcial, quien desde luego debe ver en el video una traición, que no parece ver en la desatención de los puestos fronterizos, que sí compromete la integridad territorial que está a cargo no del sargento condenado, sino de la fuerza armada. Por eso es el título del artículo porque lo que Marx sentenció fue que “la justicia militar es a la justicia, lo que la música militar es a la música”; o si se quiere al revés, “la música militar es a la música, lo que la justicia militar es a la justicia”. Toda una clase de razones y proporciones que fue lo que yo le enseñaba a unos niños de 10 años que se preparaban para un examen que los catapultaría de la primaria elemental a la primaria superior. A propósito ese Marx, se llamaba Groucho.

 

 

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