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¿Qué pudiera significar el Movimiento 26 de Julio para los cubanos hoy día?

Archivo:Manifestación del Movimiento 26 de Julio.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Para los pocos entusiastas de la revolución, podría significar celebrar una vez más el  ataque al Cuartel Moncada en esta fecha de 1953 para intentar derrocar la dictadura de Batista. El ataque fracasó pero catapultó a Fidel Castro como líder del Movimiento 26 de Julio y de la futura Revolución Cubana. El 1 de enero de 1959, Batista huyó de la isla y Fidel se convirtió en el comandante en jefe de la revolución. Fue una época de alegría y esperanza para la mayoría de los cubanos, especialmente para los afrocubanos, que por fin vieron que la revolución reivindicaba sus derechos civiles y políticos en igualdad de condiciones. Para quienes estaban en la diáspora y cuyos negocios fueron expropiados, cuyos familiares fueron ejecutados sumariamente o algunos de los cuales pasaron años encarcelados, el 26 de julio siempre ha sido un capítulo oscuro en sus vidas. Millones han abandonado la isla en busca de libertad y de una vida mejor en otros lugares, principalmente —aunque no solo— en Estados Unidos.

Las promesas de la revolución duraron poco. Los subsidios de la antigua Unión Soviética permitieron una inversión sin precedentes en la sanidad y la educación socializadas. Pero la ilusión de una utopía socialista se convirtió progresivamente en una pesadilla. Mejorar la vida de los más desfavorecidos tuvo un costo: innumerables personas encarceladas sin respeto por el Estado de derecho y una colosal mala gestión de la economía que provocó la escasez de bienes y servicios para la mayoría de los ciudadanos.

Para los cubanos disidentes, el 26 de julio significa vivir bajo un sistema autoritario cuyos dirigentes han incumplido sus promesas de construir una sociedad mejor y más justa. Las élites gobernantes, como el conglomerado militar GAESA, disfrutan de sus privilegios inmerecidos mientras ignoran la penuria de la gente común. Tras el derrumbe de la antigua Unión Soviética en 1989, la realidad de una economía mal gestionada se hizo evidente. El llamado llamado Período Especial dio lugar a un descenso catastrófico hacia una pobreza y una miseria generalizadas.

A pesar del costoso embargo estadounidense, los funcionarios cubanos han encontrado formas de sortearlo. Sin embargo, el endurecimiento del actual bloqueo petrolero y la activación de la Orden Ejecutiva 14404 por parte de la Administración Trump, que sanciona a conglomerados nacionales vinculados al ejército, como GAESA, y a empresas extranjeras que operan en Cuba, están haciendo insoportable la vida de los cubanos de a pie. Además, la falta de combustible y medicamentos está poniendo en peligro sus vidas. Esto ha llevado al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, a pedir el levantamiento de las sanciones estadounidenses. Sin embargo, en lugar de reconocer lo evidente —que sus políticas ineptas son las principales responsables de la escasez de bienes y servicios—, los funcionarios cubanos insisten en que el bloqueo estadounidense es el culpable de sus males pasados y presentes.

Tras la operación estadounidense para extraer al expresidente Maduro de Venezuela, la presencia militar de Estados Unidos en el Caribe presagia lo que pudiera ocurrir en Cuba. Además, la imputación de Raúl Castro en un tribunal federal estadounidense por la muerte de cuatro miembros de la organización del exilio Hermanos al Rescate y las sanciones contra el presidente Díaz-Canel, su esposa y otros miembros de la familia inmediata de Raúl, junto con la OE 14404, están ejerciendo una presión extrema sobre las élites gobernantes. Las visitas a la isla del director de la CIA, John Ratcliffe, y del secretario de Defensa, Peter Hegseth,, a la base naval estadounidense de la bahía de Guantánamo transmitieron un mensaje amenazante a los funcionarios cubanos: lleguen a un acuerdo con Estados Unidos y comiencen reformas tangibles o, de lo contrario, todas las opciones están sobre la mesa.  A pesar de las reformas de mercado recientemente anunciadas por las autoridades cubanas, la Administración Trump las considera insuficientes para cambiar de rumbo. En lugar de levantar sus draconianas sanciones, la administración ha impuesto nuevas sanciones al Ministerio de Turismo de Cuba y a grupos paramilitares.

¿Qué significa este 26 de julio para la dirigencia cubana? Significa una crisis existencial. Después de sesenta y siete años de una dictadura de partido único, solo unos pocos defensores acérrimos de la malograda revolución siguen siendo fervientes antiimperialistas. Los funcionarios del gobierno se encuentran en una encrucijada: o inician una reforma constitucional profunda que abandone el poder monolítico del Partido Comunista, permita elecciones multipartidistas libres y reformas de mercado de fondo, o la probabilidad de un levantamiento interno será prácticamente inevitable, precipitando quizá una indeseada intervención estadounidense.

Por último, y lo más importante, ¿qué significa el 26 de julio para los cubanos de a pie en la isla? A corto plazo, significa más dificultades angustiosas. Pero, por primera vez en más de sesenta y siete años, tienen motivos para albergar un atisbo de esperanza, ya que el fin del sistema de partido único se está convirtiendo en una posibilidad real. Si ese fuera el caso, la mayoría de los cubanos tendría motivos para celebrar. El réquiem por la Revolución Cubana está en camino. Esperemos que, con la cooperación de la comunidad internacional, incluyendo a los Estados Unidos y los cubanos de la diáspora, ese proceso sea ordenado, pacífico y verdaderamente democrático, en lugar de violento y caótico.

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La versión original de este artículo fue publicada en inglés en el Chicago Tribune, martes 28 de julio de 2026. https://www.chicagotribune.com/2026/07/28/opinion-july-movement-cuban-diaspora/?share=b2stgiaro2h68ui2m7t0

Vicente Medina es profesor titular de filosofía en la universidad de Seton Hall en Nueva Jersey. Correo electrónico: medinavi@shu.edu

 

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