CorrupciónDemocracia y PolíticaÉtica y Moral

Gascón: La utilidad de Óscar Puente

El Senado reprueba a Puente por cuarta vez y exige su dimisión por Adamuz

 

 

La vida de un rey es difí­cil, y entre sus tran­ces ingra­tos está estre­char la mano a per­so­nas detes­ta­bles. El minis­tro de Trans­por­tes ha repro­chado que Felipe VI salu­dara al acti­vista ultra­de­re­chista Javier Negre: una abso­luta igno­mi­nia, pos­teó en X, mien­tras publi­ci­taba a una figura a quien muchos ciu­da­da­nos ni siquiera cono­cen. No se corres­ponde con la idea que nues­tro hom­bre tiene de un monarca, ha dicho, como si la defi­ni­ción de un rey en una monar­quía par­la­men­ta­ria depen­diera de la asom­brosa cabeza de Óscar Puente.

El minis­tro forma parte de un Eje­cu­tivo que está mane­jando de manera desas­trosa la vio­la­ción de la inte­gri­dad terri­to­rial y la cri­sis huma­ni­ta­ria pos­te­rior en Ceuta, que pone en riesgo la salud y segu­ri­dad de los migran­tes y de los ceu­tíes. Y un Eje­cu­tivo que tam­bién impide que el Rey viaje a la ciu­dad autó­noma: su visita podría inco­mo­dar a Marrue­cos, y sin duda al pro­pio Gobierno, que que­da­ría toda­vía más en evi­den­cia.

El saludo es un McGuf­fin: esa ten­sión es lo que motiva las decla­ra­cio­nes del minis­tro, res­pon­sa­ble de una ges­tión negli­gente que incluye la tra­ge­dia de Ada­muz y su res­puesta, ade­más de

No se sabe si sus exa­brup­tos son una manio­bra de dis­trac­ción o un camino a seguir

los retra­sos e incon­ve­nien­cias en los ferro­ca­rri­les de todo el país.

Aparte de esa peri­cia ges­tora, el minis­tro mues­tra una com­bi­na­ción de agre­si­vi­dad hacia los débi­les y sumi­sión hacia su jefe: un admi­ra­ble rasgo de carác­ter. Ha tra­tado con dis­pli­cen­cia y bru­ta­li­dad a ciu­da­da­nos que pro­tes­ta­ban, con des­pre­cio a perio­dis­tas que fis­ca­li­zan a su Gobierno y a medios de comu­ni­ca­ción que inves­ti­gan la corrup­ción y, por supuesto, a miem­bros de la opo­si­ción: ha dicho que el líder del PP, Alberto Núñez Fei­jóo, es un “imbé­cil” y un “inú­til”, y ha hablado de “here­de­ros polí­ti­cos y bio­ló­gi­cos” de los ase­si­nos de Fede­rico Gar­cía Lorca. Ya se sabe que todos esta­mos muy preo­cu­pa­dos por la cris­pa­ción y la pola­ri­za­ción.

Ser un trol —por usar la des­crip­ción de David Mejía— es la fun­ción prin­ci­pal que el minis­tro Óscar Puente tiene en el Gobierno: no está en su puesto a pesar de esas carac­te­rís­ti­cas, sino pre­ci­sa­mente por esas cua­li­da­des. Sus exa­brup­tos solo des­pier­tan una duda: si son una manio­bra de dis­trac­ción o, como ocu­rre la mayor parte de las veces, el camino que deben seguir los demás. Su pre­sen­cia en el cargo es una prueba elo­cuente de la degra­da­ción ins­ti­tu­cio­nal de nues­tro país, y un ejem­plo de la selec­ción adversa en nues­tra polí­tica.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba