Sadio Garavini di Turno: El proceso avanza

El 25 de febrero de este año publiqué una columna con el título: «Un proceso inédito e irreversible». En ese momento, no eran muchos los que coincidían conmigo en considerar el proceso como irreversible. Ahora, con el retorno de María Corina y su afirmación textual al respecto, sin duda han aumentado. Sin embargo, hay todavía mucha desconfianza en el ambiente y creo útil recordar aquí mis palabras de febrero:
«Las elecciones parlamentarias de midterm en Estados Unidos del próximo noviembre hacen creer a muchos que una eventual mayoría demócrata en el Congreso reduciría la presión sobre el interinato, favoreciendo su permanencia. Al respecto, es relevante notar que Venezuela es uno de los muy escasos temas de política exterior donde hay un consenso bipartidista. Lo cual está ampliamente demostrado, entre otras cosas, por la conducta de los senadores demócratas en la interpelación al secretario de Estado, Marco Rubio, por la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, al presionar y tratar de precisar a Rubio para que definiera los tiempos de la transición política. Por tanto, se puede afirmar que el proceso de cambio, además de inédito, es irreversible, tanto por las mencionadas razones de política interna en Estados Unidos, como —sobre todo— por razones geopolíticas. En efecto, tanto en la National Security Strategy como en la National Defense Strategy de los EE. UU., recientemente publicadas, por primera vez en muchos años el hemisferio occidental está en el primer lugar de las prioridades regionales y se reafirma la Doctrina Monroe, particularmente en todas las regiones bañadas por el llamado “mediterráneo americano”: México, Centroamérica y el Gran Caribe».
En otra columna publicada el 15 de abril, «Un proceso con obstáculos», subrayaba:
«Cualquiera que sea el candidato presidencial republicano en el 2028, el gobierno republicano no puede terminar sin que Venezuela deje de tener un gobierno liderado por personas que han sido aliadas del Irán de los ayatolas, de Rusia y mantengan relaciones con Hezbolá y Hamás… El gobierno de Trump no puede terminar sin que Venezuela tenga un gobierno producto de unas elecciones libres y transparentes. El candidato republicano perdería el apoyo de importantes sectores del electorado republicano, particularmente en Florida».
Algunos podrían alegar que los demócratas están de acuerdo con el objetivo de la transición, pero adversan la utilización de la fuerza militar y que, por tanto, el interinato podría sentir una menor presión. Pero el presidente, aun sin mayoría en el Congreso, no pierde su capacidad de actuar militarmente, particularmente si se trata de acciones puntuales y limitadas en el tiempo. Además, no olvidemos los relevantes controles financieros que el Ejecutivo mantiene sobre el interinato. En Venezuela, la fórmula de presión de EE. UU. es la llamada «diplomacia coercitiva», que se basa en advertencias y amenazas muy creíbles por estar fundamentadas en una previa acción de fuerza exitosa, como la del 3 de enero.
Con el retorno de MCM y las declaraciones bastante precisas del Departamento de Estado en relación con los tiempos de la transición política, es evidente que el proceso avanza. Habrá elecciones presidenciales en la segunda mitad del 27. Sin embargo, la oposición democrática debe aumentar la presión para que se liberen a todos los presos políticos y se fijen también las elecciones parlamentarias en el mismo 2027, porque, evidentemente, para la recuperación del país es necesario que tanto el Ejecutivo como la Asamblea Nacional sean legítimos y reconocidos internacionalmente.
@sadiocaracas