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Villasmil: El humanismo y la persona siguen bajo ataque

Niños en conflicto armado: la crisis de Ucrania - Humanium

 

 

Hace cuatro años salió el primer número de la revista Encuentro Humanista. Hace cuatro años se iniciaba el feroz e inhumano ataque de Vladimir Putin sobre el noble y heroico pueblo ucraniano. Nuestro primer número se lo dedicamos a esa agresión injusta e inadmisible.

Algunos se atrevieron a prever el resultado de la contienda, afirmando que sería cuestión de días. No contaban con la entereza y la dignidad del ser humano cuando es atacado de forma cobarde y traicionera. Los ucranianos, en su defensa de la persona humana, y los valores del Occidente, de ese Occidente que dio a luz algunas de las expresiones culturales y civilizatorias más importantes de la humanidad, expresaban asimismo su deseo de pertenecer a esa Europa unida bajo la luz de la democracia liberal y sus instituciones.

En Encuentro Humanista señalamos entonces:

“Occidente, más allá de los debates inevitables sobre el poder, el armamentismo, relaciones de fuerza o de economía, debe volver al origen de su grandeza, a los principios y valores humanistas, hacerlos presente y sembrarlos para que crezcan de nuevo donde realmente importa, en el corazón de los ciudadanos amantes de la libertad. 

 

Occidente es ese encuentro maravilloso entre diversas culturas europeas que guerrearon entre sí por siglos, que han dado frutos de grandeza y de horror, pero que asimismo fueron capaces de reunirse en ese gran logro protagonizado por humanistas cristianos como Konrad Adenauer, Alcide de Gásperi, Robert Schuman y Jean Monnet, que constituye hoy la Unión Europea”.

Y así como en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial la geopolítica enfrentó dos visiones del mundo, la de la libertad, contra el totalitarismo comunista, que se impuso en la URSS y sus países vasallos, en la China maoísta, y otras partes de Asia -sin olvidar la Cuba castrista-, hoy el totalitarismo sigue vivo en China, en Rusia, en Corea del Norte. Si Dios quiere, pronto dejará de estar presente en las sufridas Cuba, Nicaragua y Venezuela.

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El proyecto humanista cristiano siempre ha tenido como savia fundamental del árbol de la libertad la dignidad de la persona humana. Las democracias deben tener siempre presentes el cómo y el porqué de sus orígenes. Y no olvidar que los principios que les dieron origen derivan tanto de Atenas como de Jerusalén, de la Polis y del monte Sinaí, de la razón y de la fe trascendente.

 

Esta semana pasada, en Encuentro Humanista, volvimos a mirar a Ucrania.

 

Para José Rodríguez Iturbe «no puede comprenderse a Ucrania desconociendo la constante histórica de su permanente afirmación frente a los reiterados intentos de su negación como Nación por parte del inmenso Imperio Ruso (…) La agresión belicista ha encontrado en Ucrania la fortaleza de una Nación que no está dispuesta a dejar de ser Nación. La fortaleza de un liderazgo, representado en Zelensky, encuentra en el servicio a la Nación la llama de la dignidad republicana. Ucrania ve en su dolorosa afirmación como Nación la auténtica (por no decir la única) posibilidad de su afirmación como República».

Sadio Garavini di Turno: “con la invasión a Ucrania, Rusia rompe una de las reglas fundamentales del llamado orden liberal mundial: las fronteras internacionalmente reconocidas no pueden ser modificadas por la fuerza militar”.

Para Luis Velásquez “Cuatro años después de la invasión a gran escala iniciada en 2022, la guerra en Ucrania ha dejado de incomodar. Ese es, quizás, el dato más inquietante. No su duración, no su violencia, sino la rapidez con la que el mundo ha aprendido a convivir con ella sin sentirse interpelado. (…) (…) Lo verdaderamente peligroso no es que la guerra continúe. Es que deje de importarnos. Porque cuando el sufrimiento pierde su capacidad de generar reacción, se produce una degradación más profunda. No solo fallan las estrategias o la diplomacia, falla el umbral moral. Y ahí es donde esta guerra deja de ser solo una tragedia ucraniana. Se convierte en la medida de nuestra indiferencia.”

Por su parte, María Alejandra Aristeguieta enfatiza que “la invasión de Ucrania fue, como ya podía anticiparse hace cuatro años, la culminación de un proceso progresivo. Chechenia, Georgia, Crimea y Siria no fueron episodios aislados, sino etapas de una trayectoria coherente en la que Rusia puso a prueba, una y otra vez, los límites de la respuesta occidental”.

 

Aristeguieta también destaca la postura europea: “Europa se enfrenta así a una encrucijada histórica. No se trata únicamente de responder a la guerra en Ucrania, sino de definir su papel en un mundo que se aleja de las certezas que marcaron las últimas décadas”.

 

La figura de Putin disfruta de un respaldo transversal que va mucho más allá de Rusia. La extrema derecha en general le adora como el último hombre fuerte capaz de plantar cara a las incertidumbres del siglo XXI. Además, el Kremlin ha financiado a muchos partidos radicales en el planeta, y la autodenominada “izquierda revolucionaria” le respalda como si se tratase de los tiempos del Pacto de Varsovia.

 

Para Milos Alcalay, la valiente resistencia ucraniana se debe al liderazgo incansable de Volodomir Zelenski.

 

 

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Recordemos, una vez más, que los valores de Occidente no son solo de Occidente, como no lo son los avances en materia de derechos humanos. Son universales, y avivan la esperanza del hombre -de todos los hombres- en un mundo mejor. Hay que humanizar el presente, para que por esa vía le demos chance al hoy amenazado futuro.

 

Finalmente, asumamos el reciente mensaje del Papa León XIVHan pasado ya cuatro años desde el inicio de la guerra contra Ucrania. Mi corazón sigue la dramática situación que todos tenemos ante nuestros ojos. ¡Cuántas víctimas, cuántas vidas y familias destrozadas, cuánta destrucción, cuánto sufrimiento indecible!”; asimismo invitó a todos los presentes a “unirse en la oración por el martirizado pueblo ucraniano y por todos los que sufren a causa de esta guerra y de todos los conflictos en el mundo, para que brille en nuestros días el tan esperado don de la paz”.

 

 

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