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Villasmil – María Corina Machado: El retorno y la urgencia de la libertad

 

María Corina Machado ha vuelto a Venezuela después de casi diez meses ... | TikTok

 

Hay gestos que condensan la gravedad de toda una época. Cuatro palabras bastaron para sacudir a un país que aprendió a medir el tiempo en ausencias: «Estoy aquí. Con ustedes». Tras meses de exilio involuntario, de preparativos de retorno interrumpidos y de una perseverancia que rozó el milagro, el regreso de MCM a Venezuela no es únicamente un hecho político; es una grieta decisiva en la arquitectura del miedo instaurado por la tiranía.

Durante estos veintisiete años, Venezuela ha cargado sobre sus espaldas el peso de una tragedia desgarradora: familias fracturadas por una diáspora dolorosa que desparramó a millones por el mundo, hogares sumidos en la pobreza, y el colapso cotidiano de servicios vitales como la salud, la electricidad, la educación y la seguridad. Vivir se convirtió para la gran mayoría en un ejercicio implacable de supervivencia e incertidumbre en medio del desamparo institucional.

Pero siempre con una muestra clara de rebeldía ante cualquier gesto de resignación.

Frente a esa larga penumbra colectiva, el coraje y la coherencia de María Corina Machado emergieron como una potente luz de esperanza; un faro de dignidad que renueva la fe en que la libertad, la reconstrucción de la patria y el anhelado reencuentro de las familias venezolanas están al alcance de nuestras manos.

Su retorno a la tierra patria altera de inmediato la correlación de fuerzas. Devuelve al centro de la escena la legitimidad robada.

 

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La presencia de María Corina en Venezuela actúa como un catalizador moral e institucional insustituible. En estos largos meses de espera desde que recibiera el Premio Nobel de la Paz, nos dimos cuenta de que no hay transición democrática posible conducida en diferido ni desde la distancia; que la legitimidad se ejerce en el terreno, palpando las grietas de la nación golpeada. Su retorno ¡por fin logrado! acelera con urgencia los pilares de la reconstrucción:

  • La ruta hacia elecciones auténticamente libres: Venezuela no necesita otro simulacro electoral bajo reglas asimétricas. El liderazgo de Machado y el apoyo de millones de venezolanos debe ser la garantía de que el voto vuelva a ser una herramienta de soberanía y no un mecanismo de chantaje.
  • Reinstitucionalización de los poderes públicos: La justicia, el árbitro electoral y los cuerpos de seguridad deben dejar de ser brazos ejecutores de la parcialidad partidista para convertirse en garantes del Estado de derecho.
  • Una transición firme: Canalizar la energía popular pacíficamente exige que cualquier negociación o diálogo futuros (que son necesarios) tomen en cuenta la firmeza principista de los auténticos demócratas.

El cambio verdaderamente histórico no se negocia a espaldas de la voluntad popular; se lidera caminando junto a ella.

El escenario político que encuentra Machado no es el de un gobierno legítimo, sino el de un continuismo despojado de toda ética democrática. Tras la salida de Nicolás Maduro, la toma del poder por parte de los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez representó, desde su origen, una burla flagrante a la dignidad institucional y soberana de la nación.

Ese esquema de poder con tufo colonialista carece de mandato popular y de reserva moral. Es una estructura levantada sobre el cálculo del poder por el poder, sin capacidad ni vocación de dar respuesta al clamor soberano del país. Administrar la crisis no es gobernar; dilatar los cambios no es pacificar. Intentar perpetuar un modelo colapsado bajo nuevos rostros de la misma cúpula corrupta es pretender ignorar que el deseo de libertad de un pueblo no se extingue por orden decretada, y olvidar que el perdón nunca proviene del olvido sino de la justicia.

 

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 Una urgencia innegociable: La liberación de los presos políticos

El retorno de la esperanza democrática no admite medias tintas en lo fundamental. La primera medida, indispensable para que cualquier proceso de transición posea validez moral e institucional, es la LIBERACIÓN INMEDIATA Y SIN CONDICIONES DE TODOS LOS PRESOS POLÍTICOS.

Ello implica ciertos imperativos humanitarios y políticos que son  prioritarios:

  1. Cese inmediato de la persecución a toda disidencia y anulación de causas penales ficticias.
  2. Retorno seguro de los exiliados sin represalias ni amedrentamiento.
  3. Garantías de integridad física para los líderes de la oposición de todo tipo.
  4. Respeto absoluto a la libertad de expresión y a sus actores mediáticos.

Una nación no puede reconstruir su futuro mientras sus ciudadanos sigan encarcelados o perseguidos por pensar distinto. La celda de un preso político es una herida abierta en el corazón de la república. No habrá reinstitucionalización real ni reconciliación posible mientras el Estado mantenga como rehenes a quienes ejercieron su derecho a disentir.

El peso de una preposición

Lo ha destacado Elizabeth Sánchez Vegas: Una preposición de tres letras —con— no completa su sentido en la soledad gramatical. Necesita, indiscutiblemente, un sujeto a continuación. Al decir María Corina Machado en su mensaje  «Estoy aquí. Con ustedes», el ejercicio de la dirigencia política deja de ser un referente distante para convertirse en una vivencia compartida.

No es fácil, para quien no sea venezolano o no haya vivido en su biografía la tragedia de nuestro país, asumir todo el poder semántico y simbólico del «Con ustedes».

La travesía que recomienza con este retorno no será sencilla, pero la certidumbre ha cambiado de bando. Venezuela ha vuelto a encontrarse consigo misma en las calles, en la fe restaurada y en la convicción inquebrantable de que el destino de una nación soberana jamás perteneció a los opresores, sino a quienes están dispuestos a acompañarla hasta el final.

Y el «Con ustedes» es un anuncio de futuro: la democracia por venir será construida por un país sinceramente unido, semilla de pluralidad, una convivencia política donde la diversidad en las ideas y propuestas no sea vista como amenaza, sino como una de las fortalezas más sólidas de la nueva república.

Y ello aunque sea verdad este mensaje, muy repetido en las redes:

“Los venezolanos tuvimos que esperar el 25 de octubre para celebrar el 3 de enero”.

 

 

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