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Yoani Sánchez: La memoria de una gran figura del exilio cubano

El documental 'Las estadísticas y el azar' es un retrato de la faceta pública y privada del economista Carmelo Mesa-Lago

Carmelo Mesa-Lago es una figura conocida pero enigmática. Economista citado por tirios y troyanos, con un padre nacido en Guanabacoa y una madre de Regla, por décadas lo hemos visto explicar Cuba desde sus datos y sus cifras. Pocos conocen su lado familiar, casi doméstico, en el que habla de su infancia, sus hijas, su esposa Elena o del momento en que partió de la Isla. El documental Las estadísticas y el azar es una oportunidad para acercarse a las dos facetas del hombre, la pública y la privada.

Mesa-Lago era uno de esos autores prohibidos que la socióloga Elaine Acosta había leído mientras estudiaba en La Colina Universitaria en La Habana antes de emigrar, en los años 90 en un periplo que la llevó a Chile, España y finalmente Miami. Casada con el realizador audiovisual Carlos Díaz Montero, hace pocos años ambos decidieron recoger en un film de una hora y media el periplo vital del catedrático, de 85 años, que habían admirado y leído por décadas.

Pocos conocen su lado familiar, casi doméstico, en el que habla de su infancia, sus hijas, su esposa Elena o del momento en que partió de la Isla

El material, en el que aparecen testimonios de otros economistas, como Omar Everleny Pérez y Pavel Vidal, junto al activista Dagoberto Valdés y al académico Jorge Duany, tiene su mayor valor en mostrar el periplo vital de un hombre que se graduó en 1956 de la carrera de Derecho, pero al que la Economía terminó por enamorar, en uno de esos giros sorpresivos y azarosos que han sido tan definitorios en su existencia. El experto ha estado más determinado por la eventualidad y la contingencia de lo que podría pensarse.

Esa secuencia de casualidades que van dando forma al camino profesional y personal de Mesa-Lago está muy bien documentada en el audiovisual a través del testimonio del propio economista, pero también van dibujando su personalidad las historias que tejen otros sobre el momento en que lo conocieron, cómo influyó en ellos y lo determinante que resultó para el estudio de la economía cubana alguna reflexión o publicación salida de sus manos.

La idea del documental les surge a Acosta y Díaz cuando ella trabajaba en una investigación sobre políticas de cuidados en América Latina y entrevistó a Mesa-Lago como experto. «Aquella entrevista terminó siendo una clase de metodología», asegura, y de inmediato le propuso colaborar para hacer un documental biográfico.

«Lo teníamos catalogado como un referente indispensable», recuerda Díaz. Cuando le hicieron la propuesta de filmar el audiovisual «con la humildad que lo caracteriza, respondió que sería un honor». Durante la primera entrevista los realizadores se percataron de que «el azar tiene un papel fundamental en su vida, de ahí el título del documental».

Pero no bastan las buenas intenciones ni tomar una cámara en la mano para lograr producir un material de esta naturaleza y extensión. «Increíblemente, a pesar de la grandeza de Carmelo como académico y de ser una de las personalidades más reconocidas del exilio cubano, conseguir fondos para llevar a cabo el proyecto no fue fácil», reconoce el director.

«Increíblemente, a pesar de la grandeza de Carmelo como académico y de ser una de las personalidades más reconocidas del exilio cubano, conseguir fondos para llevar a cabo el proyecto no fue fácil»

«Nos ayudó el hecho de que somos un equipo pequeño y recibimos el apoyo de Jorge Duany, director del Cuban Research Institute de Florida International University, quien patrocinó el proyecto. Olguita y Carlos Saladrigas junto a la Asociación Nacional de Educadores cubanoamericanos y la Universidad de Pittsburgh contribuyeron de diversos modos a hacerlo realidad», detalla.

La solidaridad de familiares y amigos ayudó a dar forma a la idea inicial. Pero la contribución principal fueron, sin dudas, los testimonios del propio entrevistado y su infinita paciencia. «Carmelo y su esposa Elena fueron muy hospitalarios y atentos con nosotros desde un principio. Ellos, a pesar de los años de exilio, mantienen la cubanía muy a flor de piel, son personas campechanas y muy auténticas».

Parte de la motivación del académico para contar su vida frente al lente fue «la deuda que siente con Elena. La presencia de ella en su vida va más allá del apoyo, es parte imprescindible de su carrera, una pieza vital en el engranaje de la vida que han llevado juntos. Elena no significa apoyo sino complemento», advierte Díaz.

«El documental fue derivando en la visión del Carmelo persona y no personalidad, algo muy difícil de deslindar. El hombre que padece el exilio, la preocupación por la familia, la relación con Elena y sus hijas, los logros profesionales y la Isla siempre presentes». La conexión y la confianza entre los realizadores y el protagonista fue tan lejos que Mesa-Lago no influyó en la postproducción y «llegó a la premier del documental sin saber cuál era el resultado final».

En las presentaciones, las reacciones del público han sido diversas. «Quienes conforman el exilio histórico han mostrado empatía, nostalgia, se han sentido parte de la historia y han comentado la necesidad de aportar sobre pasajes de la época omitidos o poco tocados», explica Díaz. La generaciones más jóvenes, por su parte, se han mostrado agradecidas por tener acceso a eventos «que les eran desconocidos y por escuchar de parte de los protagonistas la historia que han aprendido en los libros o de oídas».

«Lo que ha sido unánime es la opinión de que Elena se roba el show. Su participación muestra -de manera diáfana, simpática y quizá menos académica- lo que ha significado ser el complemento de Carmelo, el precio de la objetividad, los miedos del exilio, el dolor por la patria arrancada, los nuevos sueños, la satisfacción por el camino escogido por las hijas y el afable resumen de la vida en común», reconoce Carlos Díaz.

«La comunidad cubana y cubanoamericana actual en Estados Unidos está experimentando importantes cambios. Rescatar sus historias es urgente por varias razones»

Por su parte, para Elaine Acosta, el valor del documental trasciende la figura del catedrático. «La comunidad cubana y cubanoamericana actual en Estados Unidos está experimentando importantes cambios. Rescatar sus historias es urgente por varias razones», apunta la socióloga. «Primero, porque la generación de cubanos que llegaron a Estados Unidos como adultos, inmediatamente después del triunfo de la Revolución, está desapareciendo por razones obvias. Esta puede representar la última oportunidad para registrar las memorias de los pioneros de la comunidad».

«Por otro lado, la inmigración cubana es la principal responsable de la formación de la tercera concentración más grande de latinos en los Estados Unidos y su aporte ha sido innegable. Con las últimas oleadas, cuantitativamente más numerosas, se está produciendo un cambio generacional y cultural en la comunidad cubanoamericana». Acosta considera que para las nuevas generaciones «es muy importante contar con esa historia previa, con ese camino pavimentado por varios miles de cubanos y cubanas que les precedieron».

Entre estos emigrados «han existido distintas experiencias narrativas y audiovisuales, en las que predomina una mirada fundamentalmente política, centrada en la oposición de los exiliados al régimen de Fidel Castro. En ocasiones, las propuestas audiovisuales no siempre conectan con las nuevas generaciones». Por eso «la historia oral tiene el potencial de proporcionar un punto de referencia para el contacto social entre diferentes generaciones de exiliados cubanos y su cultura de origen y la sociedad que los recibe, a la vez que un medio para mostrar y preservar, para las generaciones venideras, la riqueza de la herencia cubana».

«El hombre designado a ser la cara principal del Gobierno cubano ha demostrado ser fiel heredero de la intolerancia y los dogmas más radicales»

Para Acosta y Díaz, un sueño todavía difícil de cumplir es que Las estadísticas y el azar llegue a las salas dentro de la Isla. Pero el director cree para eso falta todavía porque «la cacareada continuidad no es más que el tratar de revivir la beligerancia de los años 70. El hombre designado a ser la cara principal del Gobierno cubano ha demostrado ser fiel heredero de la intolerancia y los dogmas más radicales».

«No creo que permitan un homenaje a una persona que no comulga con el sistema político impuesto en la Isla desde 1959. Personalmente no me interesa la distribución oficial, me resulta totalmente indiferente. Prefiero que se difunda mano a mano. Creo que de esta manera sería más digno de Carmelo, que su historia vuele en las pequeñas brisas democráticas que refrescan los vapores totalitarios», añade Díaz.

«Lo que sí espero es que, en un futuro, me da igual que sea inmediato o lejano, en el que la ciudadanía cubana disfrute de las libertades esenciales, la facultad de Economía de la Universidad de La Habana lleve el nombre de Carmelo Mesa-Lago», apunta.

 

 

 

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