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Zapatero no es un zombi, es un infectado

Los enjutosmojamutos de la jurisprudencia, como los de las historias de muertos vivientes, gritan hoy indignados «no es imputado, es investigado»

Zapatero compadece en el Senado

                                              Zapatero compadece en el Senado. (EP)

 

No son zombis, son infectados. Enjuto Mojamuto (o cualquier friki digno de recibir tal apelativo) defendería con su propia colección de tebeos que ‘Guerra Mundial Z’ no es fantástica peli de zombis porque no son zombis sino infectados. Los enjutosmojamutos de la jurisprudencia (diletantes de las leyes, militantes de la ideología), como los de las historias de muertos vivientes, gritan hoy indignados «no es imputado, es investigado». Y es que allá por 2015, con una España inmersa en graves escándalos de corrupción institucional en los que, con distintas causas abiertas que salpicaban a todos los partidos (de la Gürtel a Bárcenas pasando por los ERE), pero especialmente a un PP en el Gobierno, se decidió que urgía una reforma de la ley de enjuiciamiento criminal mediante la cual desaparecía el término ‘imputado’. Como toda ocurrencia puede ser justificada con solvencia si se tiene a mano un intelectual solícito encargado de ejecutar la filigrana, sofistas posmodernos, se apeló al rigor jurídico y la higiene lingüística para distinguir entre investigado (durante la fase de instrucción) y encausado (tras el acto formal de encausación). Así, decía Rafael Catalá (entonces ministro de Justicia) se desestigmatizaba, porque imputado sonaba demasiado culpable como para dejarlo así, con la que estaba cayendo. El analgésico semántico no encontró en el hemiciclo voto en contra y salió de allí envuelto para regalo. Así, con la aquiescencia de los dos grandes partidos, se sorteaba por la vía del eufemismo la obligación moral de suspender de cargo y militancia a imputados, pudiendo acogerse a que solo estaban siendo investigados (sospechoso ‘ma non troppo’), pero no habían sido encausados. Y, claro, invocando la sacrosanta presunción de inocencia, no se va a prejuzgar a alguien solo por suposiciones, sin esperar a que estas sean confirmada. No vamos a cesar a nadie, oigan, por conjeturas y recelos. Apuntaba entonces con sorna Margarita Robles, vocal del Consejo General del Poder Judicial en aquel momento, que en tres o cuatro meses «el nuevo término llamará la atención de igual modo que el anterior», consciente de lo perecedero del efecto eufemístico. Subestimó la resistencia del artefacto: son hoy sus filas bien prietas, años después, las que recurren a esa terminología como última herramienta a su alcance en defensa del imputado Zapatero (perdón, investigado). La ironía no es de las que arrancan carcajadas sino de las que congelan sonrisas: la dulcificadora reforma no fue trampa del PP tendida al PSOE ni cesión del PSOE al PP, fue la alfombra tejida a cuatro manos donde ambos pudieran limpiarse los zapatos con disimulo. Una que no logra esconder el cadáver que grita, se llame como se llame, que alguien tiene serios problemas con la Justicia. Da igual si es zombi o infectado.

 

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