Antonio Caño: La gran decisión
«¿Es aceptable correr el riesgo de Vox para desalojar a Sánchez del poder? Esa es la pregunta que decidirá las próximas elecciones»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Una de las principales inquietudes del votante moderado, de centro o socialdemócrata, es la perspectiva de que la salida de Pedro Sánchez del Gobierno suponga inexorablemente la entrada de Santiago Abascal y Vox. Muchos de ellos han asumido ya la posibilidad de votar al PP o, al menos, de dejar gobernar al PP, pero dudan si eso equivale a respaldar un acuerdo con la extrema derecha. Esa es también la principal baza del PSOE para intentar salvar los muebles en las próximas elecciones.
La pregunta entre millones de españoles desde ahora hasta esa fecha será la de si es aceptable correr el riesgo de la presencia de Vox en el Gobierno a cambio de echar a Sánchez. Por mi parte, la respuesta, a esta altura del partido, es: sí.
Empecemos quitando gravedad a eso de la extrema derecha, no porque ese movimiento no constituya un peligro en sí, sino porque hay algunos matices que conviene tener en cuenta. El extremismo es un pésimo camino para gobernar. Y lo sabemos porque ya hemos padecido estos últimos ocho años la experiencia de otro extremo, la extrema izquierda, en el Ejecutivo y hemos visto que su influencia ha sido nefasta. Pero también hemos comprobado que ha sido relativa y que, a la hora de la verdad, el polo extremo siempre acepta doblegarse a los intereses del partido mayoritario para no perder los sillones. No estamos, por tanto, ante una novedad —aunque algunos insistan en verlo como una incursión en lo desconocido—, sino ante una repetición de signo contrario.
Pongamos también en contexto lo de «derecha». La política hoy no se mueve en el eje derecha-izquierda, sino en el de populismo-democracia. Vox está indiscutiblemente en el lado del populismo. Pero también lo están Podemos, Sumar y el PSOE de Sánchez. Actualmente, nítidamente en el campo de la democracia liberal únicamente podríamos encontrar al PP y, a veces, ellos también amagan con abandonar esa etiqueta tan incómoda en la política contemporánea. No veo en absoluto un retroceso democrático en la sustitución de una mayoría PSOE-Sumar, con apoyos parlamentarios de Bildu, ERC, Junts y PNV, por otra PP-Vox con suficientes votos como para gobernar sin necesidad de nacionalistas periféricos.
Vox, además, ha cedido parte de su inicial vocación nacionalista y populista en favor de alianzas internacionales que lo hacen más imprevisible, pero también más domesticable en cuanto esté en el Gobierno. Meloni, por ejemplo, puede jugar un papel importante a la hora de contener los impulsos extremistas, xenófobos y antieuropeos de las fuerzas de Abascal.
Pero tal vez el principal argumento para resignarse a esa coalición de derechas es la necesidad existencial de sacar a Sánchez del poder. Su manera de entenderlo y ejercerlo representa una auténtica amenaza para nuestra democracia. La corrupción que invade todo el tejido del Estado es la última y más repugnante expresión de una concepción autoritaria del poder. Sánchez es un déspota y no tiene el menor reparo en usar todos los resortes a su alcance para seguir al mando. No es opinión, es un hecho. Lo viene demostrando la UCO. Incluso un votante socialista debería en el momento actual estar interesado en desalojar a Sánchez antes de que acabe por destruir lo poco que queda de su partido y de sus ideas.
Un nuevo mandato de Sánchez sería letal para nuestro sistema democrático. Imaginen, por ejemplo, el grado de concesiones que habría que hacer en su momento a los independentistas catalanes y vascos para que le dieran sus votos en una sesión de investidura. Sí, esas concesiones que tienen en mente, las que conllevan la disolución de nuestro actual modelo de Estado.
La presencia de Vox en el Gobierno no es deseable. Constituye un riesgo que nos puede arrastrar pronto a una nueva crisis política de gravedad. Vox no cree tampoco en nuestro sistema ni entiende la convivencia entre los españoles en los términos en los que la heredamos de los padres de la Transición. Como la extrema izquierda, Vox es enemigo de esa memoria.
Tal vez nos veamos ante un riesgo de involución de algunos derechos o de amenazas nuevas. No digo que ese peligro no exista. Pero ya cruzaremos ese puente. Lo urgente ahora es poner fin a las amenazas que ya sufrimos y a los peligros que ya son evidentes y ciertos de la mano de Sánchez. Alguna vía de escape tenemos que tomar para salir de este embrollo. Y, aunque esa vía exija un tránsito compartido con Vox, no habrá más remedio que correr el riesgo.
