CulturaDemocracia y PolíticaHistoriaRelaciones internacionales

Aveledo: El 51, con admiración, respeto y gratitud

 

▷ #OPINIÓN El 51, con admiración, respeto y gratitud #6Jun - El Impulso

 

Hay cosas que no deberían ser tomadas en serio, pero en este mundo y en este tiempo uno no debe subestimar la posibilidad de que alguna idea, por inverosímil que parezca, pase de su metaverso imaginario a este planeta que habitamos donde los linderos entre realidad y ficción se han vuelto tan permeables.

Por segunda vez desde marzo, el presidente de los Estados Unidos ha dicho que Venezuela podría convertirse en el estado número 51 de su federación.

Advierto que mis sentimientos hacia la gran nación del Norte son de simpatía y admiración. Creo, como el historiador Paul Johnson que “La creación de los Estados Unidos de América es la más grande de todas las aventuras humanas.” Me interesan su historia, su enorme geografía, su literatura, su capacidad para metabolizar la diversidad, su vida, en fin, una parte de la cual es el béisbol, ese deporte que amo. Lo digo sin desconocer sus problemas y sus errores, algunos muy grandes, porque el sentido crítico no hay que perderlo y no lo pierdo, ni siquiera con mi propio país o conmigo mismo.

Comprendo que dado lo que hemos vivido, a muchos de nuestros compatriotas les pueda parecer atractiva la posibilidad de convertirnos en estado de la Unión. Escribo para decir que no estoy de acuerdo y explicar por qué.

Constitucionalmente, en Venezuela tal cosa es imposible, desde el artículo 1 que proclama una tradición que arranca en el Acta del 5 de Julio de 1811. Y en Estados Unidos, llegar a la estadidad es un proceso largo y complejo si uno lee la sección tercera del artículo IV de su Constitución. Requiere participación del Congreso, una ley habilitante al Presidente estableciendo condiciones, una Convención Constitucional que es como allá llaman a las asambleas constituyentes, que dicte una constitución aceptable, un referendo de la población e invariablemente un período de dominación territorial.

Habrá quien alegue la relatividad de las normas constitucionales, aquí y últimamente, aunque no a estos extremos, incluso por allá. Pero ya argumentar esa flexibilidad normativa sería un mal comienzo, dado que precisamente, la inseguridad jurídica es algo de lo que aquí nos quejamos y entendemos como causa de muchas de nuestras dificultades actuales y de las complicaciones para afrontarlas con éxito.

La anexión es idea de tiempos pasados, tanto que huele a viejo, a las épocas de los imperios. Los estados cuarenta y nueve y cincuenta son Alaska y Hawaii, convertidos en tales en 1959, hace sesenta y siete años, pero su proceso se remonta mucho más atrás. Alaska fue comprada por Andrew Johnson al Zar de Rusia en 1867, desde 1912 fue declarada territorio durante la presidencia de Taft. Convertirse en estado le tomó cuarenta y siete años. Hawaii fue británica en 1778, a lo largo del siglo XIX fue monarquía y república y en 1898 cuando McKinley la anexó a los EEUU que la declararon territorio en 1900. Convertirse en estado le tomó cincuenta y nueve años.

Estados libres asociados son Puerto Rico aquí en el Caribe y las Islas Marianas en el Pacífico. Ambos quedaron bajo dominio de la bandera de barras y estrellas en 1898 con motivo de la Guerra entre los Estados Unidos y España. En Puerto Rico es un tema largamente debatido y se han hecho referendos sin lograrlo. Recién, el Presidente Trump ha dicho que la estadidad de la isla del encanto “sería un desastre” y eso que el gobernador y el comisionado residente en Washington son del PNP, afín a su partido.

Convertirse en estado cincuenta y uno no es automático, pero ¿nos convendría?

Entiendo a los que piensan en el pasaporte y ganar en dólares. No sé si se plantean que el PIB per capita no es igual en todo el país y que la diferencia entre el más alto y el más bajo puede superar el centenar de miles de dólares. O que en aquel sistema, hay leyes federales y leyes (y tribunales) de cada estado, en lo penal, civil y mercantil. El trabajo es regulado por leyes federales, estadales y jurisprudencia. Hay pena de muerte en veintisiete estados, a nivel federal para ciertos delitos y permanece en la justicia militar, aunque no se utiliza desde 1961.

Es verdad que el servicio militar desde 1973 ya no es obligatorio. También que puede ordenarse recluta por legislación especial en caso de emergencia, que se activa por el Presidente y el Congreso.

Hay otros asuntos que deberíamos incluir en nuestro análisis, como los efectos sociales y económicos de la anexión. Por ejemplo la migración. Lo que hoy es migración interna, de las regiones más pobres hacia las que ofrecen más oportunidades ¿cuánto se multiplicaría si todos tuviéramos pasaporte americano? ¿cuántos nos quedaríamos aquí? ¿cuántos jóvenes? Estamos hablando de regiones enteras vaciadas.

¿Cuántas empresas estarían en condiciones de competir con las norteamericanas? Y no piense sólo en la industria, el comercio o las finanzas, sino en la agricultura y la cría. Por ejemplo ¿Qué cadena de supermercados aguantaría el embate de Walmart? Saquemos la cuenta.

Soy venezolano y quiero seguir siéndolo, pero debo confesarles que sí hay un 51 que admiro, respeto y agradezco. Es Robert Pérez, “La Pared Negra” que llevó el dorsal 51 en su camisa de Cardenales dos décadas y pico largo. Salón de la Fama de nuestra pelota desde 2022, MVP en campeonatos y finales, Novato del Año en la 89-90, Guante de Oro como jardinero. Líder histórico en turnos, carreras empujadas y dobles en nuestra liga; segundo en hits conectados y tercero en anotadas. Sus hazañas en el terreno de juego me dieron alegrías que no tienen precio.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba