Derechos humanosDictaduraÉtica y MoralPolíticaRelaciones internacionales

Editorial: Una cumbre de cómplices con el castrismo

Gobernantes y líderes progresistas convocados por España insistieron en perpetuar los males de buena parte de la izquierda hispanoamericana en su política hacia Cuba.

Cumbre en Defensa de la Democracia, celebrada en Barcelona. Ilustración

 

Los gobernantes y líderes progresistas convocados en Barcelona por el Gobierno de España insistieron en perpetuar los males de buena parte de la izquierda hispanoamericana en su política hacia Cuba. Justificaron nuevamente a la dictadura más antigua del hemisferio occidental, responsabilizaron a EEUU de la crisis en la Isla y retomaron la idea paralizante, reiterada hasta el hartazgo, según la cual los cubanos deben decidir por sí solos su destino.

El presidente brasileño, Lula da Silva, jugó a ser el más enfático. Su frase «Cuba tiene problemas, pero es un problema de los cubanos, no de Lula, de Claudia [Sheinbaum] o de Trump«, resume la inmoralidad de cierta izquierda que se traduce en una equidistancia puramente retórica.

El colombiano Gustavo Petro dijo querer para la Isla «una democracia popular, no la que se cree que es Washington». Con esto, además de adjetivar un término que no admite matices, el exguerrillero eludió el auténtico problema: las persistentes violaciones de derechos humanos y la pretensión de la familia Castro de mantenerse en el poder ad infinitum.

Por su parte, el presidente de EspañaPedro Sánchez, y su canciller insistieron en que Cuba debería «decidir su destino libremente», como si tal cosa fuera posible en ausencia de presiones políticas y diplomáticas, así como de apoyos a la disidencia. Todo aquello que, precisamente, evita promover el Gobierno español en la Isla.

Resulta por tanto previsible que el comunicado conjunto de España, México y Brasil en la Cumbre de Barcelona, que ni siquiera se atrevió a pedir la liberación de los presos políticos cubanos, fuese ampliamente celebrado en La Habana.

Las apelaciones al cumplimiento del Derecho Internacional contenidas en el documento van dirigidas únicamente a EEUU, no al régimen que durante casi 70 años ha fusilado, obligado al exilio, reprimido y condenado a una vida miserable a millones de cubanos.

Ninguno de esos líderes progresistas reunidos en Barcelona señaló al Gobierno de Cuba, a pesar de sus flagrantes violaciones de la Carta de las Naciones Unidas. No exigieron a las autoridades cubanas medidas concretas para salir de la crisis sistémica y, a pesar de pedirle a Washington que dialogara, jamás han planteado al régimen de la Isla que llegue a algún acuerdo con el resto de los cubanos.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba