El Papa a la arzobispa de Canterbury: «Sería un escándalo no trabajar para superar nuestras diferencias»
En el primer encuentro entre León XIV y Sarah Mullally se apostó por limar las divisiones entre cristianos y anglicanos porque debilitan la capacidad para llevar al «mundo sufriente» la «paz de Cristo»

La arzobispa de Canterbury y el Papa León XIV. (EFE)
Cuando en 1960 Juan XXIII recibió en el Vaticano al arzobispo de Canterbury Geoffrey Fisher, se reanudó un contacto entre católicos y anglicanos que llevaba cuatro siglos roto. Desde entonces, esos encuentros se han vuelto habituales y este lunes el Papa León XIV ha protagonizado el primero de su pontificado. La visita tenía un elemento inédito: por primera vez en la historia, la sede de Canterbury está ocupada por una mujer, la arzobispa Sarah Mullally.
«Buenos días, Santidad», le ha saludado Mullally al entrar en su biblioteca. «Buenos días», le ha respondido amablemente León XIV. Mullally, de 64 años, es el arzobispo de Canterbury número 106 desde el 25 de marzo. Es la máxima autoridad de la Iglesia de Inglaterra y figura de referencia de la Comunión Anglicana, donde ejerce como ‘primus inter pares’. No tiene una misión fácil por delante, ya que algunas provincias de la Iglesia anglicana han iniciado un proceso de ruptura con Canterbury, pues no reconocen el ministerio episcopal de mujeres. El Vaticano evita entrar en esta cuestión pero lo considera un problema porque dificulta el diálogo ecuménico que apunta a la unidad entre Iglesias.
La nueva arzobispa de Canterbury ha querido que su primera salida de Londres fuera a Roma y que fuera una «peregrinación» a la tumba de los apóstoles y a las basílicas papales para rezar ante las reliquias de San Pedro. Durante la visita al Vaticano, Sarah Mullally y León XIV han rezado juntos en una pequeña capilla del Palacio Apostólico Vaticano, aunque en privado, sin presencia de peregrinos. Luego se han reunido a puerta cerrada. En la biblioteca personal del Papa han intercambiado discursos ante un puñado de invitados. Como gesto de cordialidad, uno de los acompañantes de la delegación anglicana era el arzobispo de Westminster, el católico Richard Moth.
«Me complace que hoy continuemos con esta tradición de reunirnos», ha dicho el Papa a Mullally. León ha recordado que cuando sus predecesores anunciaron en 1966 que entablaban un diálogo teológico entre anglicanos y católicos, la idea era buscar el «restablecimiento de la plena comunión en la fe y en la vida sacramental». Con elegancia, ha añadido que «aunque se han logrado muchos avances en cuestiones históricamente divisivas, en las últimas décadas han surgido nuevos problemas, lo que ha hecho que el camino hacia la plena comunión sea más difícil de discernir». Se refería entre otras cosas a la disciplina del celibato sacerdotal, a la disciplina sobre el divorcio y a la ordenación episcopal de mujeres o de homosexuales casados, que ha causado divisiones también dentro de la Iglesia anglicana.
«Sé que la Comunión Anglicana también está enfrentando muchas de estas mismas cuestiones en la actualidad. Sin embargo, no debemos permitir que estos desafíos constantes nos impidan aprovechar cada oportunidad posible para proclamar juntos a Cristo ante el mundo», ha añadido el Papa. «Sería un escándalo si no siguiéramos trabajando para superar nuestras diferencias, por muy insuperables que puedan parecer», ha asegurado. El tono era muy parecido al que Benedicto XVI y Francisco usaron con sus predecesores.
Un diálogo con nuevos desafíos
La arzobispa se ha dirigido a León XIV como «querido hermano en Cristo» y le ha asegurado que ya «estamos unidos en la oración porque rezamos a Dios Padre, por medio de Jesucristo, nuestro Señor». «En los años que vengan estaré unida a usted en la plegaria: oración por la paz en nuestro mundo; oración por la justicia; y oración para que cada persona pueda llegar a descubrir la plenitud de vida que Dios ofrece», ha subrayado. También ha dicho que espera ser «una pastora que ame y cuide de la Iglesia, que fomente la hospitalidad a pesar de nuestras diferencias, que hable proféticamente sobre nuestra realidad actual y que proclame la esperanza cristiana con la confianza de que el Evangelio de Jesucristo sigue siendo una buena noticia para nuestro mundo de hoy». «Nos sostiene la esperanza, una esperanza fundamentada en Cristo mismo, quien nos llama a seguir adelante, incluso cuando el camino aún no está del todo claro», ha concluido.
Entre los regalos en recuerdo de su primer encuentro, Mullally le ha entregado un ejemplar de una edición de 1910 de «El sueño de Gerontius», de San John Henry Newman, a quien hace unos meses el Papa nombró doctor de la Iglesia. También una pequeña natividad peruana y, como detalle personal, un tarro de miel del jardín de su residencia oficial, Lambeth Palace. Para que aunque las diferencias sean difíciles de digerir, quede un recuerdo dulce de la visita.