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Gehard Cartay Ramírez – Bitácora venezolana: abril 2026 : ¿Cuál transición?

Plan de transición democrática para Venezuela

 

Culmina abril, casi cuatro meses después de la extracción de Maduro, y aún no puede hablarse en propiedad que se haya iniciado la anhelada transición en Venezuela.

La verdad es que, salvo el evento del 3 de enero, ningún otro podría anunciar un proceso de transición. La excarcelación de unos tres centenares de presos políticos -casi todos sometidos a medidas cautelares- y la permanencia todavía de muchos cientos en las cárceles del régimen demuestran la poca o nula disposición de su cúpula para contribuir a abrir una nueva etapa que implique cambios sustantivos y verdaderos, luego de la desgraciada experiencia de los 27 años que vienen desde 1999.

La mal llamada Ley de Amnistía, tal como fue concebida, no es apta para iniciar una auténtica transición precisamente porque no facilita la liberación incondicional de los presos políticos y tampoco se compadece con la definición del concepto de amnistía, que según el diccionario de la Real Academia Española es “el olvido de los delitos políticos, otorgado por una ley”.

Sin embargo, el mero hecho de que la mencionada ley haya sido dictada para discriminar a algunos y favorecer a otros imposibilita una real amnistía. Se diría que se trata de un dispositivo discrecional del régimen, que lo viene utilizando por cuenta gotas a su servicio, con lo que, al mismo tiempo, revela su indisposición a contribuir a una amnistía verdadera.

Tampoco el interinato de los hermanos Rodríguez muestra disposición alguna a dialogar y consultar con la oposición mayoritaria la designación de altos funcionarios del Estado, como ocurrió con el nombramiento del fiscal general y de la Defensora del Pueblo. Otro tanto parece que sucederá con la designación de los nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia. Al Rodrigato, como ya se ha visto, le basta con darle alguna cuota minúscula a los “alacranes” y punto.

No obstante, el fortalecimiento indiscutible del liderazgo de María Corina Machado y de la mayoritaria oposición democrática ejerce sobre ellos una presión cada vez más fuerte, no sólo dentro del país sino también afuera. La gira europea cumplida por Machado sigue desenmascarándolos y exponiéndolos como un régimen autoritario y corrupto, pese a los ejercicios de mutación y acomodo que viene practicando desde el pasado tres de enero.

 

Primero los negocios petroleros y después la democracia

Tanto el gobierno de Trump como el Rodrigato continúan aferrados a su programa inicial, como tutor el primero y como tutelado el segundo: la repetida fórmula de estabilización, recuperación económica y fiscal y, por último, el retorno a la democracia.

A los dos le conviene esa jerarquía de prioridades. El gobierno de Estados Unidos prefiere que se adelanten los negocios petroleros y al de aquí también. A aquél porque, en el fondo, esa pareciera ser su prioridad más urgente por ahora. Y al de aquí porque mientras más lejos se programen las elecciones mejor para ellos, pues de esa manera pueden prorrogar su interinato.

Ya se sabe que, en el fondo, su propósito es quedarse en el poder el mayor tiempo posible y en ese objetivo están dispuestos a complacer a Trump en todo lo que les ordene, comportándose como buenos vasallos. La retórica antiestadounidense del chavomadurismo ya es cosa del pasado, sustituida ahora por discursos melifluos y convenientes halagos hacia Trump, en tanto que no dejan de aparecer algunos insultos de gente que aparentemente ha sido sustituida y apartada por el Rodrigato.

El nuevo encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, John Barrett, recién llegado a mediados de abril, ha ratificado el pasado lunes la posición de su país con respecto al interinato actual, confirmando así la actuación de su predecesora Laura Dogu.

Resaltó el diplomático que “juntos estamos construyendo una nueva Venezuela, profundamente ligada a nuestra región”. Resaltó, igualmente, que el sector privado y particularmente la inversión de Estados Unidos “es el motor de la transformación de Venezuela en un centro energético mundial, y un pilar esencial para la estabilización y la recuperación económica” (El Nacional, 28 de abril de 2025).

Sin embargo, la cruda realidad ahora es que Venezuela no se está recuperando, sino coadyuvando a un sistema energético que favorece primero que nada a Estados Unidos. En consecuencia, pareciera que para el gobierno de Trump la prioridad no es el retorno de la democracia venezolana, sino la estabilidad de su propio mercado petrolero y la garantía de suministro sin problemas, sobre todo en estos momentos en que se ha embarcado en una nueva confrontación bélica con Irán.

La recuperación de la democracia en Venezuela, por lo tanto, puede esperar.

 

No hay mejoría en lo social, aumenta la inflación y los sueldos no alcanzan

Pero las optimistas cifras macroeconómicas que muestra el gobierno norteamericano en los resultados de la nueva política petrolera que aplica en Venezuela como resultado de su tutelaje y dirección no existen para el venezolano de a pie, que sigue sufriendo una inflación feroz y devengando un sueldo mínimo, el peor del continente, por debajo de Cuba y Haití (¡!), lo cual ya es mucho decir.

Mientras esta situación se mantenga, nada va a cambiar en beneficio del país y su gente. Miles de millones de dólares producidos por esa nueva política petrolera, supervisados y controlados por las autoridades estadounidenses, no se han invertido para mejorar las condiciones de vida de nuestros ciudadanos.

No han servido para mejorar su nivel adquisitivo con mejores sueldos, ni tampoco para paliar los pésimos servicios públicos elementales como la electricidad y el suministro de agua potable, ni tan siquiera para corregir los gravísimos problemas de servicios de salud pública y de educación. “No se le ha visto el queso a la tostada”, diríamos utilizando un dicho popular muy conocido…

 

Un gobierno de facto, tutelado desde afuera 

La semana anterior, en el acto de entrega del premio “Valores Democráticos Padre Francisco Virtuoso s.j.”, celebrado en la Universidad Católica Andrés Bello, el doctor Rafael Tomás Caldera, uno de los homenajeados, pronunció unas palabras que merecen ser citadas porque reflejan la penosa situación por la que atraviesa Venezuela en estos días posteriores al 3 de enero, y que venimos comentado en las presentes líneas.

Vale la pena citar las palabras del doctor Caldera:

“Hace setenta y cinco años, en su muy leído Mensaje sin destino, escribía don Mario Briceño Iragorry:

Nunca como al presente necesitó nuestro país una atención mayor en el examen de sus problemas de pueblo, porque nunca como ahora se hizo tan notoria la crisis de los valores sustantivos. Tampoco jamás desde la edad heroica nuestro país se había confrontado con mayor número de problemas a la vez.

“Ha sido larga la lucha por instaurar una forma política justa en el país y ahora nos toca renovarla”, agregó Rafael Tomás Caldera.

“No podía imaginar don Mario la situación a la que hemos llegado en nuestra vida republicana.”

“Por primera vez en su historia como nación independiente, el país está presidido por un gobierno de facto, impuesto por una potencia extranjera.”

“Como quiera que se mire, es una situación precaria e intrínsecamente inestable. No se tenga duda.”

(…)

“El texto constitucional, como ha recordado la Academia de Ciencias Políticas, exige decisiones impostergables.”

“En nuestro caso, tras más de cien días, no puede haber vacilación alguna acerca del carácter absoluto de la ausencia.”

“Ello exige convocar elecciones presidenciales. Venezuela debe represar pronto a la normalidad democrática, que ha sido -es verdad- excepcional en nuestra historia, pero sin la cual no habrá paz ni podemos retomar el camino del desarrollo de nuestro pueblo.”

 

El “Rodrigato” comienza a moverse

Mientras tanto, la cúpula del régimen comienza a moverse, no sólo en su propósito de continuar en el poder, sino también ante la eventualidad -sin duda muy posible- de unas elecciones a finales de este año o en la primera mitad del próximo.

Ya iniciaron un intenso recorrido por el país, bajo el cognomento de una supuesta “peregrinación”, cuyo objetivo es consolar a la gente que aún los respalda mediante un discurso populista que intenta justificar el tutelaje de Estados Unidos, mientras ellos asumen el papel de víctimas del “imperialismo gringo” en una maniobra distraccionista tan estúpida como inútil.

 

 

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