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Karina Sainz Borgo: El negocio de las utopías ajenas

Lo único que abunda en Venezuela, señor Zapatero, es el hambre, el exilio y la pobreza

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Esta es la historia de un largo y ominoso latrocinio que comenzó hace ya mucho. El desmantelamiento de la industria petrolera venezolana a partir de 2003 con la purga ideológica de 18.000 trabajadores marcó un descenso de la producción, además de un escandaloso desvío de dinero por corrupción. El 3 de diciembre de 2024, la Audiencia Nacional condenó al exembajador español en Venezuela, Raúl Morodo, por el cobro de 4,5 millones de euros de la estatal petrolera venezolana mediante contratos falsos de asesoría legal.

En la década previa, marcada por el ascenso al poder de Nicolás Maduro, una extraña corte política comenzó a encubrir a un régimen abiertamente totalitario que utilizó el hambre como mecanismo de sometimiento. El régimen golpeó a los ciudadanos con severas restricciones, el sueldo medio de un profesor universitario alcanzó los tres dólares y una agresiva escasez de medicamentos y alimentos azotó al pueblo venezolano. A la Revolución se le acababa el dinero. O quizá solo lo desviaba. Cuanta más cercanía de la izquierda europea, peor se puso el asunto: asesores, lobistas y, por supuesto, sus respectivas cuentas bancarias. Hoy día, esa utopía ajena con la que muchos dijeron liberar a América Latina sólo ha servido para que las revoluciones como la bolivariana enriquecieran a otros y dejaran la miseria para sus gobernados. Lo único democrático para esa gente fue la muerte, el exilio y la pobreza. Nada más.

El reciente auto del juez José Luis Calama que señala el presunto enriquecimiento del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero es la triste constatación de una relación inmoral de la clase política, dentro y fuera de sus propias fronteras. Con esa mirada reptiliana y aspecto de ave de mal agüero, el socialista empujó en España el caballo de Troya de los nacionalismos, hizo pasar por demócrata a un régimen de asesinos y se vendió a sí mismo como un intermediario para la excarcelación de presos políticos venezolanos. Quién sabe si por ellos también cobró una comisión.

La política de expropiaciones en Venezuela dejó una deuda acumulada que supera los 30.000 millones de dólares. Esta cifra abarca indemnizaciones pendientes, laudos arbitrales y compensaciones derivadas de la toma de más de 5.000 empresas. El agujero financiero de PDVSA asciende a 170.000 millones de dólares. El desfalco incluye cientos de buques de crudo vendidos cuyas ganancias nunca ingresaron a las arcas del Estado. Quizá se encuentren en cuentas bancarias particulares. Que la justicia consiga demostrar dónde y quiénes acapararon el dinero de los ciudadanos venezolanos puede ser el inicio de una mínima reparación al saqueo y rapiña de la que han sido víctimas.

 

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