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La reconstrucción de Cuba

'Muchos cubanos expresan dudas sobre si la economía del país podrá recuperarse algún día y poder empezar a mejorar sus condiciones de vida.'

Conscientes del retraso que ha sufrido Cuba en las últimas seis décadas, muchos cubanos expresan dudas sobre si la economía del país podrá recuperarse algún día de la desastrosa situación actual y poder empezar a mejorar sus condiciones de vida. Otros, no muchos, piensan que sí pero se preguntan cuánto demoraría.

A la primera cuestión yo respondo enfáticamente y con plena confianza que por supuesto, la economía puede recuperarse. Pero es mejor hablar de un proceso de recuperación o rehabilitación en lugar de verlo  como un esfuerzo para llegar a una meta predeterminada. Lo más deseable es que la economía pueda  desarrollarse libremente y servir de base al progreso continuo del país y sus ciudadanos. Pero en las condiciones actuales todo depende directamente de la voluntad de los que ostentan el poder político, para lo cual sería necesario reemplazar al equipo gobernante, sus burócratas y su Estado policíaco con personas capaces cuya primera prioridad sea el bienestar de los cubanos, no el mantenerse en el poder a toda costa y de espaldas a la ciudadanía.

A la segunda cuestión se puede empezar respondiendo que la recuperación podría comenzar enseguida, en 24 horas, pero cuánto tiempo transcurriría para lograrla depende de dos cuestiones centrales.

La primera es qué entendemos por recuperación y la segunda es qué políticas o trayectorias seguirían el Gobierno y la sociedad cubanos.

Con relación a la primera cuestión no tendría sentido definir de antemano una meta de recuperación. En realidad una política o, más bien, una estrategia de recuperación económica debiera dirigirse a maximizar la velocidad de la recuperación. Cuando pueda comenzar en Cuba una transición hacia una economía donde todos los ciudadanos gocen de amplias libertades como consumidores, trabajadores, propietarios y empresarios, o sea, lo que se conoce como una economía de mercado, el motor de cualquier recuperación será el deseo generalizado de los cubanos de mejorar sus condiciones de vida.

La liberación de «las fuerzas productivas», según el léxico oficial, consiste precisamente en algo que el Gobierno cubano prefiere ignorar olímpicamente: que las fuerzas productivas residen en los ciudadanos actuando libremente, sin la tutela del Gobierno para formar empresas, comerciar con otros cubanos y con extranjeros, crear y acumular riqueza y negociar precios en función de las fuerzas de la oferta y de la demanda por cada producto o servicio, etc.

Los primeros indicadores de que la economía cubana esté recuperándose se notarían enseguida en el volumen de la actividad de compra y venta de bienes y servicios de consumo, especialmente en el sector de la alimentación. Es importante comprender que al comienzo de una recuperación habrá una gran diversidad de precios fluctuando, probablemente muchos de ellos muy altos, inclusive inalcanzables para muchos, lo cual puede dar lugar a protestas del público.

En esta situación hay que comprender que los precios operan como señales en una economía libre, porque guían e incentivan a los productores a invertir en aquellos renglones en que los precios altos indican una insuficiencia por el lado de la oferta en combinación con una alta demanda, lo que ofrece una oportunidad de obtener una ganancia adicional pero legítima en el corto plazo. De este modo la inversión sirve para ampliar la capacidad de producción que aumentará las cantidades disponibles del bien en cuestión, hasta que su precio baje a un nivel de equilibrio con su demanda. En estas condiciones el papel del Gobierno, bien lejos de impedir que los precios fluctúen libremente, es propiciar la libre competencia entre productores de un lado y consumidores del otro.

La recuperación de la economía podrá comenzar rápidamente en todos los sectores económicos, pero será muy desigual en la velocidad de la recuperación de cada sector. Algunos tendrán recuperaciones más lentas que otros por diversas causas.
Por ejemplo, en el sector ganadero la carne de res tendrá precios muy altos al principio como resultado de la dramática reducción del inventario de ganado reproductor que sufre esta actividad desde el comienzo del socialismo en el país. Aquí la velocidad de la recuperación del sector depende del monto de las inversiones que se puedan hacer, lo cual seguramente dependerá de una buena participación de capital extranjero.

La producción de pollos y huevos, por otro lado, puede recuperarse más rápidamente porque depende  de la importación de pienso más que de inversiones. Pero el pienso es mayormente importado, lo que requiere moneda convertible, que a su vez depende de la capacidad exportadora del país, todo lo cual constituye un obstáculo inicial en la velocidad de la recuperación.

Los ejemplos sirven para ilustrar uno de los principios o teoremas cardinales de una recuperación rápida: la velocidad de la recuperación está en relación directa al volumen de inversiones que el país  pueda lograr. Y el volumen de la inversión dependerá de otros factores como son la capacidad del Gobierno para: a) crear y garantizar un sistema legal donde se respeten y se hagan cumplir los derechos de propiedad, los contratos y las leyes; b) manejar una política monetaria que garantice la estabilidad de la moneda; c) administrar un sistema fiscal que genere los ingresos necesarios para pagar por los bienes y servicios públicos sin estrangular al sector privado con impuestos excesivos y d) garantizar el orden público.

El Gobierno debe abstenerse de poseer y manejar empresas, especialmente aquellas que algunos burócratas tildan de «estratégicas» y de producir regulaciones de la actividad económica que la restrinjan más de lo que la promueve y estimula.
Un proceso de recuperación económica satisfactorio sería mejor y más completo si el Gobierno se dedicara a una las otras dos grandes recuperaciones que Cuba necesita: el restablecimiento de los derechos civiles e instituciones democráticas. La historia demuestra que las economías prosperan más en las democracias más exitosas.

La reconstrucción política y económica de Cuba es definitivamente factible, no es una quimera, pero necesita de la participación conjunta de Gobierno y sociedad. Y será la base de la otra recuperación, una moral, la que se podrá comenzar cuando los ciudadanos dejen de sufrir las indignidades que provienen de la escasez crónica y de los abusos del Gobierno.

Los cubanos saben qué hacer con sus vidas y con su tiempo para actuar por su cuenta y mejorar sus condiciones de vida. Todo lo que necesitan es libertad, con un poco de orden y organización.

 

 

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