Macky Arenas – Bitácora cubana (CXXVIII)
Un video mostraba hace días una exhibición de la fuerza naval del régimen ante EEUU. Realmente pobre: se trataba de barquitos de pesca, tal vez uno que otro armado con una ametralladora o precario fusil. Esa imagen ilustra lo desprovistos que están y lo aficionados al engaño que han sido desde siempre. Igualmente, la imagen, más que cualquier discurso, da cuenta de la destrucción que esos regímenes planifican como su objetivo principal: empobrecer para dominar. Rubio insiste en que Cuba no tiene tecnócratas y es así. Pero no hacen falta para destruir, sino para construir. Y esto último nunca ha estado en sus propósitos. Prefieren ciegos -ignorantes- para que el tuerto reine. El detalle está en que, a la hora de un enfrentamiento real con fuerzas mayores, se encuentran en cueros. Hay una gran diferencia entre reprimir al interior y dar la cara al exterior. Lo primero es sencillo; lo otro es muy complicado y los mandantes venezolanos pueden atestiguarlo sin mayores dificultades. Ha quedado a la vista. Lo cruel es que, siempre, un primer escudo defensivo será la humanidad del propio y diezmado pueblo cubano. Detrás se atrincheran ellos, los poderosos, dictadores, represores y afines.
Otras huidas hacia adelante se han manifestado en forma de medidas económicas que para algunos versados comentaristas han sido más de lo mismo: “falsas expectativas”. Experimentos que se anuncian con un “ahora sí vamos a construir el socialismo” después de seis décadas, a lo que Dagoberto Valdés Hernández acota: “no se puede cambiar la esencia del sistema que es por naturaleza irreformable” porque no se ha tratado de malas ejecuciones sino de un diseño que va contra los valores fundamentales y contra la raíz misma de la cultura y nacionalidad cubanas. De allí el desastre que han producido y que ahora intentan disimular con el disfraz de una “nueva versión” que en realidad es más de lo mismo. Se agotaron. Siguen aferrados al proyecto socialista, así convoquen a economistas críticos para asesorar las reformas. Simplemente, las reformas, dentro de ese esquema, son contranatura.
Apareció un símil muy ajustado a la realidad. De nuevo fue Dagoberto Valdés, quien lo trajo a colación: “Esta etapa terminal de un sistema acabado, se parece al Mito de Sísifo, el original de la mitología griega”. Y agrega: “Imaginarse a Cuba dichosa no es una utopía, es, como los vigías en la noche: vislumbrar el amanecer y descubrir a los cubanos el horizonte que se acerca y que vamos a conquistar entre todos. Con la queja no se convoca, con la propuesta se entusiasma. El absurdo deprime, el horizonte empuja a remar”.
Y tiene razón pues sin esa imaginación que hace las veces de ariete, ya no sería Cuba un país, sino un guiñapo desdibujado entre los pliegues de ese ropaje viejo y descolorido. Hay quienes, sabiendo que están atrapados y sin salida, continúan silbando en la oscuridad negándose a una negociación que hoy, entre las frías paredes de la prisión neoyorquina, quisiera retomar Maduro cuando ya no dispone de esa opción. Ya es tarde para él. Aún podrían los jerarcas cubanos… No obstante, como escribe el periodista Víctor Salmerón, aunque “cada día de parálisis aumenta el desgaste: se pierden fondos, se deteriora la infraestructura y se agota la tolerancia social, acercando la posibilidad de un colapso inmanejable”, y a pesar de que “la isla enfrenta un dilema histórico: resistir en nombre de la soberanía o negociar con su adversario para evitar el colapso”, se niegan a gestionar una salida.
Pero “la negativa de La Habana no responde a terquedad ideológica, sino a la fragmentación del poder” que se reparte entre cuatro núcleos: la familia Castro, Gaesa, los servicios de inteligencia y el aparato del Partido Comunista. Ni la propia impenetrable solidez autoritaria, que en Cuba ha sido históricamente un bloque imbatible, ha escapado a la debacle. Eso, mejor que cualquier otro dato, refleja el ocaso de un régimen, aquí y en la Conchinchina, aunque ese paradero ya no exista.
Sin los aliados de otrora les resulta imposible resistir la crisis como tanto se han jactado de haberlo hecho en el pasado. Ha parecido un régimen invicto, invencible. Otro es el cuento con un cuadro de paralización que, como señala Pavel Vidal, economista y exanalista de la División de Política Monetaria del Banco Central de Cuba, “prácticamente, lo único que queda con algún grado de actividad son las remesas, los viajes de cubanoamericanos, las importaciones del sector privado y las ayudas humanitarias que se logren conseguir en el complejo escenario geopolítico actual”. Y con las sanciones, hasta eso peligra.
Otro estropicio que les juega en contra es resultado del personalismo cerrado como fórmula de gobierno: no hay una “Delcy” que gire sobre sus talones políticos, entregue su autonomía y, rodilla en tierra, se someta a las directrices de Washington mientras EEUU cumple sus pasos para enderezar un entuerto de casi 7 décadas. Hay ceguera que nubla hasta el sentido de supervivencia, quizá resultado de tanto tiempo ejerciendo poder omnímodo. El poder desgasta, enajena y hasta borra el disco duro de la más elemental prudencia. Aún, en individuos que creímos más versados y visionarios -por experimentados en las lides despóticas- que a cualquier similar de esta América a los que asesoraban y manejaban como les venía en gana, con alevosía y completa subordinación por parte de mandantes postrados en reverencia permanente. Quedó para la historia el bochornoso ejemplo de Chávez.
Vemos un cuadro dantesco pero, como reveló el P Reyes Pías, «preferimos un final espantoso a un espanto sin final».
Hay que reportar el fallecimiento de Silvano Pedroso, el primer obispo negro de la Iglesia en Cuba. El prelado de Guantánamo-Baracoa, de 73 años, fue recordado como un pastor humilde y cercano a los cubanos más vulnerables. Sus feligreses lo describen como un sacerdote de contacto directo, habituado a caminar por los barrios y entrar en las casas de las familias. Tras su nombramiento episcopal, fue calificado como un “cura callejero”, una expresión que resumía su manera de entender el ministerio y su preferencia por una Iglesia cercana a las personas comunes. Desde el 2018 era obispo de esa diócesis, por decisión del Papa Francisco.
Una hermosa y sentida crónica salió de la pluma de Manuel Rodríguez Yong, quien se confesó presa de sentimientos encontrados cuando siguió presencialmente la exitosa gira del papa León XIV por España, siempre con el telón de fondo de la memoria litúrgica que los cubanos arrastran en la maleta, y que define como una especie de catecismo aprendido bajo la sombra del miedo. “Caminar estos días por las calles de Madrid durante la visita apostólica del papa León XIV a España despierta en mí un torrente de contrastes. Ver a la Iglesia moverse en una democracia plena es, para un cubano, redescubrir una fe sin mordaza. Pero lo más impactante de este viaje no ha sido solo la libertad del entorno, sino constatar cómo, de manera casi milagrosa, Cuba ha estado presente y se ha colado en la agenda madrileña del pontífice”. Y destaca a las voluntarias de Cáritas, a los sacerdotes cubanos que participaron de las liturgias; piensa en los destacados compatriotas integrantes del cuerpo de baile en el Bernabeu, y en tantos jóvenes de origen y sangre cubana que se hicieron presentes en los diversos eventos. “En cada uno de ellos vi fragmentos de una nación dispersa, pero viva. Una Cuba que ya no pide permiso para existir y que reza en libertad”.
En esa metáfora se enmarca el Primer Encuentro Internacional de Jóvenes con la Memoria Histórica Cubana, celebrado recientemente en la Universidad Internacional de la Florida. El evento reunió, virtual y presencialmente, a un grupo notable de jóvenes radicados en diferentes países bajo el denominador común de querer reconstruir la república que perdieron. El periodista Pedro Corzo relata, impresionado: “ver a tantos jóvenes discutir sobre el futuro de Cuba, muchos de ellos nacidos lejos de la Isla y, aun así, conocían la historia y conversaban fluidamente en la lengua de sus abuelos y padres, sobre el pasado y futuro de la Patria común”. Se confesó realmente satisfecho al escucharlos.
En Cuba no habrá una Delcy pero hay una generación pujante, dinámica, formada y con gran fuerza que, sin la menor duda, será la garantía del regreso de una Cuba anhelada, hasta ahora sepultada bajo los escombros de un régimen depredador. «Y sin embargo, se mueve», como dijo Galileo Galilei en 1633 ante el tribunal de la Santa Inquisición, frase que resume la valentía del científico al defender la verdad empírica frente al dogma impuesto. Haya sido fábula o mito, simboliza para siempre la lucha histórica entre la razón y la autoridad. Lucha que mantiene, después de todo, al pueblo cubano con la nariz fuera del agua.
Volvamos a lo pendiente. La advertencia es clara: la única vía sostenible es un acuerdo negociado en el que La Habana haga concesiones lo suficientemente sustanciales para que Trump pueda presentarlas como una victoria. Solo así se evitaría un colapso humanitario, una operación a lo Venezuela y quién sabe si hasta una intervención a la brava. Y se abriría un camino de recuperación.
Amanecerá y veremos.-

