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Félix de Azúa: Eclípsate más, y más, y más…

«Gracias al eclipse de Sánchez, gozamos de la actividad de su banda de inútiles que le están dando una chispa de humor a este insoportable verano»

Eclípsate más, y más, y más…

Ilustración generada mediante IA.

 

 

¡Pero mucho más! Fue un gozo ver el miércoles pasado cómo acudían al eclipse los astrofísicos, las veterinarias, los camareros, las madres subrogadas, los parados, la élite del salto con pértiga, en fin, tutti quanti. Normal. Uno está de vacaciones treinta días y acaba alucinando eclipses solares y gubernativos. No falta ya mucho para que los propios trabajadores exijan una reducción de sus vacaciones para conservar la salud mental.

En todo caso, el interés por la astrofísica que tanto han propiciado iniciativas científicas como Las minas del rey Salomón es una bendición veraniega. ¡Por fin una excusa para mover el culo! Es desesperante tumbarse a la Bartola durante un mes, sobre todo si la Bartola no para de mirar el móvil, y tener la obligación de pensar de vez en cuando porque el vacío nos devora.

Quien mejor ha comprendido las bondades del eclipse ha sido nuestro amado caudillo. Lleva Sánchez encerrado con su Bartola y sus Bartolillos desde que empezó la invasión magrebí y de ahí no lo mueve ni dios. ¡Cómo le va a mover, si dios es él! Ese sí que es un eclipse.

Resultado: mientras tanto manda el Gobierno. O hace ver que manda. Son un grupo de incompetentes y todos tratan de imitar al valido, al ministro Puente, a quien le están haciendo estatuas de arena en la gran mayoría de las playas de España para ver cómo las borra el agua. En el mismo momento en que el ministro Puente ha notado que le habían soltado la correa, ha salido disparado con la lengua fuera, como un loco, y le ha mordido a su majestad el rey Felipe, a quien confundió con Isabel Ayuso. Aunque no son de la misma altura, así es la virtud cognitiva del ministro Puente. No ha pedido excusas porque no sabe cómo se ladra: «perdone usted, señora».

Ha habido momentos estelares. El pequeño ministro Albares, con esa mirada siempre hacia arriba, obligada desde que era pequeño por ser pequeño, un día dijo que en Ceuta ya estaba todo en orden y al otro que había que expulsar de la ciudad al turismo marroquí al completo, según le ordenaba el rey de Marruecos. Nos frotamos las manos pensando en lo que hará o dirá que hace o va a hacer con los subsaharianos, a los cuales, como es bien sabido, odian los marroquíes y los saludan a navajazos. Los bisabuelos árabes eran los encargados de secuestrar a los subsaharianos de entonces para vendérselos a los esclavistas.

«Lleva Sánchez encerrado con su Bartola y sus Bartolillos desde que empezó la invasión magrebí y de ahí no lo mueve ni dios»

Otro momento estelar fue cuando el ministro Marlaska (otro pequeñín que mira hacia arriba) dijo que él no iba a ir al Senado porque no era un club de su categoría, pero la ministra Robles, de la que un colega suyo dijo que duerme de uniforme, aseguró que ella sí iría porque la categoría del ejército está muy por encima de la policía, o sea, de los antiguos grises y los actuales maderos en el lenguaje del cine español. Pero luego, según los medios, «Moncloa se lo ha prohibido». ¿Qué será «Moncloa»? ¿Montero, Yolanda, Bolaños, Patxi? ¿Quién le dice a la jefa del ejército lo que puede o no puede hacer? ¿Y el ejército lo permite? ¡Qué lejos estamos ya de Europa!

Gracias al eclipse de Sánchez, el cual ha emprendido incluso clases de buceo (parece que se las da un pulpo socialista con un billete en cada tentáculo) para hacerse más invisible bajo el mar disfrazado de sireno, pues desde que se ha eclipsado, digo, gozamos de la actividad de su banda de inútiles que le están dando una chispa de humor a este insoportable verano que está dejando España como un cenicero con el borde pintado por Miquel Barceló. Aunque parece que no va a volver a eclipsarse hasta dentro de un año. Entonces ya no irá de sireno, sino con el traje del trullo.

Dímelo en septiembre, si me quieres de verdad…

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