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Dagoberto Valdés Hernández: «Si no sanamos el daño antropológico, caeremos en otros tipos de autoritarismos»

 

Dagoberto Valdés advierte: estabilidad sin democracia sería un fraude para Cuba

Macky Arenas/Encuentro Humanista:

Dagoberto Valdés Hernández (nacido el 4 de agosto de 1955) es un intelectual y editor católico cubano. Es fundador de las revistas Vitral y Convivencia. Reside en Cuba (Pinar del Río) y tiene un proyecto de recuperación para la sociedad cubana, inspirado en la filosofía personalista de José Martí, el apóstol de la Independencia.

Ha sido profesor invitado en la Universidad de Georgetown y en la Universidad Católica de América. En 1999, el Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de pleno derecho del Consejo Pontificio Justicia y Paz de la Santa Sede hasta el 2005.

Acuñó el término Daño Antropológico para explicar el perjuicio que causan los regímenes totalitarios en las facultades y dimensiones de la persona humana. En Amazon está disponible su libro “El daño antropológico en Cuba y su sanación”, donde expone las coordenadas para entender y sanar el daño antropológico.

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“Si no sanamos el daño antropológico, caeremos en otros tipos de autoritarismos”

Uno de los medios para lograrlo, el más importante de todos después de la familia, es la educación o reeducación y promoción de las generaciones que ya han sido dañadas

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_ El daño antropológico fue un término que Ud mismo acuñó para abordar el tema del proceso de sanación en Cuba luego de casi 7 décadas de régimen comunista. ¿En qué consiste y qué huellas profundas ha dejado ese daño en la persona de los cubanos?

_ Desde el año 1994 vengo estudiando el fenómeno del daño antropológico producido por el totalitarismo en Cuba. Más recientemente, en mis estudios de Maestría en Ciencias Sociales y de Doctorado en Humanidades en la Universidad Católica Francisco de Vitoria (Madrid), defendí en el año 2019 la definición, causas y consecuencias de ese tipo de daño. En esa tesis presentó una definición: “El daño antropológico  causado por el y totalitarismo en Cuba es el deslindamiento, la lesión o el quebranto de las facultades cognitivas, emocionales y volitivas, así como las dimensiones emocional, ética y espiritual de la persona humana. Todas o en partes, según sea el grado del deterioro o trastorno causado. No obstante, conservarse siempre, la esencia de la persona humana y su dignidad”.

_ Se daña igual a todas las personas siendo que viven en un mismo país y en un mismo tiempo?

Quisiera  destacar dos aspectos en la definición enunciada. Claramente, se reconoce que hay diferentes  profundidades, grados o niveles del deterioro del daño antropológico que va desde un debilitamiento de las facultades y dimensiones hasta pasar por una lesión, herida o quebranto de alguna de ellas. Es por eso que el diagnóstico del daño antropológico no es homogéneo para todas las personas aunque todas vivan en un mismo país; más bien depende de su grado de formación, del ambiente donde se desarrolla, de la familia que ha tenido o si dispone del auxilio de recursos espirituales porque practica alguna religión.  Y el otro elemento a destacar de la definición es que se conserva siempre la esencia de la persona humana y su dignidad.  Es el ser subsistente que está presente en cada en cada ser humano, a imagen y semejanza de Dios, tal y como podemos leer en el primer capítulo del Génesis.

Mencionaré algunas consecuencias o síntomas de ese daño en Cuba. En primer lugar, la ofuscación de la inteligencia, en el sentido de que no se enseña a pensar con cabeza propia. Es el adormecimiento de la conciencia crítica, la debilitación de la voluntad, la afectación de la inteligencia emocional, la falta de proyecto de vida, la fragilidad o debilidad interior, la anomia social, el no saber qué hacer con la libertad y la responsabilidad personal, la desecación y esterilidad de la dimensión espiritual de todo ser humano, la incoherencia entre lo que se cree, se piensa, se siente, se dice y se hace. Por lo tanto, se vive en la dobles y la simulación. Se vive también en un relativismo moral en el que parece que todo vale. En fin, que ocurren procesos de despersonalización y masificación con el consecuente analfabetismo ético, cívico y político. Surge el homus saucius, el hombre herido, enfermo, pieza o parte del mecanismo del control totalitario del Estado

_ ¿Ese deterioro y destrucción sólo afecta a los cubanos por el tiempo transcurrido o  puede igualmente dañar a otros pueblos hermanos que han vivido menos tiempo este tipo de regímenes depredadores, caso Venezuela y Nicaragua, por ejemplo?

_ El daño antropológico no es privativo de un pueblo, o de un sistema o de una época.  En el caso nuestro, nos dedicamos a investigar el daño infligido a un país o un sistema, es decir, el causado por el totalitarismo comunista en Cuba, durante estos 67 años. Sin embargo, debemos aclarar que este término puede ser aplicado, investigado, estudiado durante o en las características propias de cada país, cultura o sistema político. En el caso de los hermanos pueblos de Venezuela y Nicaragua, cada uno a su estilo, según su historia y condiciones legales, espirituales, económicas, políticas, ha compartido con nosotros un régimen similar; por lo tanto, sería una experiencia aprovechable el estudiar este fenómeno, tal y como aparece en Cuba. Pero se puede aplicar también en una investigación propia de las condiciones de cada país puesto que no se puede extrapolar mecánicamente a otras condiciones.

_ Pero, de todas formas, el tiempo cuenta, ¿no?

_ Quisiera aclarar que, en nuestra investigación, pudimos establecer de que el daño antropológico crece y se profundiza a medida que pasa el individuo más tiempo bajo este tipo de regímenes totalitarios. Por lo tanto, las primeras generaciones de cubanos que vivieron bajo este sistema, la década del 60 y 70, no sufrieron la misma intensidad del daño como los que lo están sufriendo las generaciones subsiguientes. Y, precisamente, uno de los factores que observamos durante las entrevistas en la investigación que hicimos fue que, con frecuencia, en la misma familia, la escuela y la sociedad se han dedicado a transmitir algunas de las evidencias del daño antropológico como es el recomendar a sus hijos que escondan sus convicciones, que vivan una doble vida, que no expresen lo que sienten y piensen. Por lo tanto, es bueno, creo, para países hermanos conocer de la existencia de este fenómeno antropológico y que algunos de sus hijos que vivan allí dediquen tiempo, estudio, esfuerzos, para investigar y profundizar en cuáles características propias tendría el daño antropológico causado por el sistema similar al nuestro en Venezuela, Nicaragua u otro país.

_ ¿Cuánto tiene que ver en la sanación la responsabilidad cívica colectiva, así como tiene un rol que cumplir en el cese de la permanencia de las dictaduras totalitarias?

_ Es muy importante no quedarse en el lamento por el daño antropológico. Precisamente la tesis doctoral a la que me refería, versó sobre los procesos de sanación a través de la filosofía personalista de José Martí, el Apóstol de nuestra Independencia. En este sentido su pregunta va encaminada a analizar la responsabilidad cívica colectiva en los procesos de sanación del daño antropológico. Evidentemente, los procesos tienen que comenzar -como decía el Papa Francisco en uno de sus mensajes de Navidad a la curia romana- nuestro tiempo necesita un proceso de conversión antropológica, que nace de la necesidad de que sea la propia persona quien inicie el cambio en su interior. Esto no quita la responsabilidad comunitaria, colectiva, cívica que contribuya a esos procesos de conversión y sanación antropológicos. En ese sentido, la familia, como primer núcleo colectivo, debe ser formadora de la moral y de las actitudes y compromisos cívicos de sus hijos y descendientes. La familia es un santuario, el primer lugar donde, incluso en un país como el nuestro, algunos cubanos han podido presentar un menor grado de daño antropológico, precisamente por el rol fundamental que desempeñó la familia en su formación personal y social. En otro nivel de cosas, es en la escuela, la verdadera comunidad educativa, donde todavía se pueda tener independencia o libertad de cátedra, de enseñanza, debe erigirse en el modelo educativo en que se inserten las nuevas generaciones. La escuela tiene también un papel fundamental. Por eso se recomienda que, en los centros de enseñanza, a todos los niveles, exista la asignatura de Educación Ética y Cívica. Precisamente, en nuestra página web centroconvivencia.org, se puede bajar el pdf de un libro de texto, escrito por cubanos que vivimos dentro de la Isla, que contiene 14 cursos de formación ética y cívica. Ello permite usarlo en los distintos niveles de enseñanza.

_ Por distintas razones, hemos visto en los últimos tiempos un protagonismo creciente de la sociedad civil. En Venezuela ha sido particularmente impactante ahora, cuando enfrentamos las consecuencias del doblete sísmico. ¿Qué tanto puede aportar en estos procesos de superación de otro tipo de daño, el causado por estos regímenes tan perversos?

_ Un tercer protagonista de la sanación del daño antropológico es la sociedad, los grupos naturales que conforman el tejido de la sociedad. Es importante que estos grupos, que mantienen su autonomía con relación al Estado, incluyan dentro de sus actividades la educación moral y cívica entre sus miembros. Así contribuirán a esa meta de sanación del daño antropológico.

Otro actor son los medios de comunicación social. Al constatar la presencia de ese daño a los distintos niveles en la sociedad deben usar los medios, especialmente aquellos que tienen autonomía con relación al Estado, para fomentar la formación y promoción humana, así como los diversos instrumentos y tratamientos para la sanación.

Igualmente, el Estado, cuando ocurra el cambio de totalitario a una sociedad democrática, debería considerar una de sus principales tareas para reconstruir el alma de la nación, la sanación del daño antropológico. Y es que, precisamente este daño, es el que más tiempo requerirá para su reedificación. Los cambios en lo económico, político, material en el país, se pueden realizar en períodos más controlables; mientras que la sanación de este daño, al tratarse de la cura del alma de la nación, llevará mayor tiempo, esfuerzo y dedicación. De lo contrario, la reconstrucción material, económica, política, cultural, chocará con ciudadanos que están dañados en sus facultades, capacidades y desempeño, en el uso de la libertad y la responsabilidad. Por lo tanto, ese daño antropológico impactaría negativamente en los procesos de reconstrucción del país. Es una acción estratégica de primerísima importancia, que cuando se vaya a emprender la reconstrucción y cambios de Cuba, Venezuela, Nicaragua, se preste la mayor atención a estos procesos de sanación. Debía haber un servicio organizado a nivel de todas las instancias mencionadas, a fin de facilitar el marco legal y las condiciones para que este proceso de sanación ocurra satisfactoriamente.

_ El cambio de sistema político no garantiza la reconstrucción del alma nacional. ¿Cómo restaurar a la persona en su dignidad, cómo reactivar la conciencia moral, cómo reconstruir el sentido del bien común?

_  En efecto, el simple cambio político y la reconstrucción política y social, no garantizan los procesos de sanación ni la reedificación del alma nacional. Es por eso que, en la definición, se sostiene que la sanación de este daño se fundamenta sobre la base de que la esencia de la persona humana y su dignidad se mantiene, subsiste, a pesar de los distintos niveles de daño antropológico. Es precisamente éste el punto de partida de la sanación. Si la esencia o la dignidad se perdieran no habría donde asentar la raíz del proceso para sanar. Podría venir la tentación de que una vez que se goce de libertades, la sociedad vuelva a olvidar que hay una dimensión espiritual que hay que atender, educar, sanar, promover y desarrollar de manera integral. Integral significa, en la Doctrina Social de la Iglesia, que se crezca en todas las dimensiones, no sólo en la material-humana sino también en la trascendente; y ello quizá sea una de las causas por las cuales nuestros países han caído en estos regímenes totalitarios, que van contra la naturaleza humana. Es justo por olvidar atender esa dimensión -lo cual no significa que me refiero sólo a quienes tienen fe y profesan una religión- y no cultivarla es por lo que caemos en esos daños profundos para el ser humano. No se trata de imponer, sino que, según sean las opciones filosóficas de cada quien, se puede diseñar un plan que restructure esa dimensión trascendente y espiritual. El materialismo, sea como filosofía o como estilo de vida, es uno de los factores que ha contribuido al daño antropológico. El cultivo de lo espiritual debe ser atendido para las próximas generaciones. Y a eso, debemos contribuir quienes tenemos fe y vocación cristiana. Es una responsabilidad cívica ineludible. De lo contrario, caeremos en otros tipos de autoritarismos.

_ Después de tanto desencanto, desencuentro, éxodo que ha separado familias y acarreado una grave fragmentación de la sociedad, ¿qué dimensión adquiere la educación como instrumento para rearmar el tejido social deshilachado y rescatar las raíces fundacionales de una nación?

_ Pensando en esos procesos de destrucción del tejido social, de desencuentros, de éxodo obligado, de separación de las familias -uno de los desastres más grandes de nuestras sociedades sometidas a regímenes totalitarios-  dediqué el último capítulo a los instrumentos para contribuir a la sanación del daño antropológico. Uno de los medios para lograrlo, el más importante de todos después de la familia, es la educación o reeducación y promoción de las generaciones que ya han sido dañadas. La educación es instrumento privilegiado y se explica en ese libro, “El daño antropológico en Cuba y su sanación” que está disponible en Amazon. Es una propuesta de reconstrucción nacional desde el proyecto humanista de José Martí.

Podemos adelantar que la reconstrucción del entramado de la sociedad civil es el nuevo nombre y la garantía de la democracia después de los regímenes autoritarios. Es reedificar lo que el totalitarismo comunista deshilvanó minuciosamente. Es en la sociedad donde la persona humana encuentra un clima favorable para su desarrollo y por ello una de las primeras tareas del totalitarismo es deshilachar el tejido de la sociedad civil (*).

Hay que reconstruir la subjetividad social. La sociedad no es, como intentó definir el marxismo-leninismo, el conjunto de una serie de mecanismos materialistas desencarnados de su dimensión transcendente. Precisamente es la subjetividad, el alma humana, quien permite unas relaciones sociales sanas y el desarrollo de una vida en comunidad indispensable, inherente a la condición social de la naturaleza humana. Justamente por destruir ese hábitat de convivencia fraterna, de amistad social, por lo que estos regímenes dañaron profundamente el alma de nuestros pueblos. Es por ello que la educación tiene que ir a la par del rescate del tejido vivo, dinámico, creativo, espiritual y subjetivo de la nueva sociedad civil, el único clima de ecología humana que permitirá un proceso eficaz y eficiente de sanación de la persona humana.-

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(*) “Reconstruir la sociedad civil en Cuba: un proyecto para el futuro”. El libro se encuentra en www.centroconvivencia.org

 

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