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Macri entra en campaña con final incierto

Macri adoptó una política que no tiene retroceso y enfrenta la posible vuelta de Cristina.

Si hay una certeza en este camino plagado de dudas es que el resultado electoral de octubre es de difícil pronóstico. La posibilidad de un triunfo de Cristina Kirchner es cierta como lo es también la reelección de Mauricio Macri, en un escenario en el que todavía no está claro si Roberto Lavagna y Sergio Massa jugarán del mismo lado o se anularán uno con el otro.

El Presidente se enfrenta a un desfiladero repleto de riesgos. Ha elegido -o las circunstancias que incluyen yerros propios lo obligaron a hacerlo- un camino en el que no tiene retroceso. Está presionado por una inflación que no cede y que erosiona el salario, y por unas tasas de interés inverosímiles que atentan contra cualquier proyecto de reactivar el consumo. Siente que si cede a la tentación electoral o a los proyectos cortoplacistas que seguramente le acercan a su mesa, la hiperinflación puede arrasar con todo. Pero, al mismo tiempo, el rumbo elegido adelgaza su volumen electoral.

Macri solo puede ofrecer sudor y lágrimas. O para adecuarnos más a su idioscincracia, se podría usar un lema más lejano de Churchill y más cercano al fútbol: la Gloria o Devoto. En ese brete, sin embargo, el Presidente está convencido que su intento de terminar con los desequilibrios estructurales endémicos en la Argentina bien vale la pena.

Esa determinación reconoce también el riesgo de arriesgar todo el capital político en este emprendimiento. ¿Es que tiene hoy otra alternativa?

Macri trata de reconocer sus errores de manejo político. Ese reconocimiento es, al mismo tiempo, una muestra de las dificultades que enfrenta. La revigorización de Cambiemos significó arreglar los tantos con Vidal y Rodríguez Larreta, y ofrecerle a los radicales un funcionamiento distinto de la coalición, comenzando con la posiblidad de que Cornejo, Colombi o Sanz (puede haber más nombres pero la lista es corta) vayan a la fórmula. Cortó de cuajo con la versión de que Vidal podría tener otro rol que el de tratar de ser reelecta en la provincia, tarea muy ardua hoy pero posible. Ya se sabe que la batalla principal se librará en ese territorio.

Del otro lado, hoy está Cristina Kirchner. Hay más razones para afirmar que la ex presidenta se lanzará a reconquistar la Casa Rosada de que no lo haga. Se basa en la fortaleza electoral que tiene en el conurbano bonaerense y en la fe ciega de sus votantes, inmunes a la exhibición de la obscena corrupción que atravesó la gestión kirchnerista, en sus dos etapas consecutivas. Esta resiliencia, por un lado, y la recesión económica, por el otro, mantienen la competitividad de Cristina, en un mundo en el que muchas de las variantes que antes le dieron contexto y fortaleza han desaparecido.

La hipótesis del regreso contribuye en gran medida a la incertidumbre de lo que ocurrirá en la Argentina. Es, también, una divisoria de aguas en la que la opción, si no se corporiza una tercera alternativa, será de hierro y en la que no solo influirán las penurias del presente sino también los fuertes recuerdos del pasado reciente en toda su dimensión política e institucional.

 

 

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