María Eugenia Cisneros Araujo: El regreso táctico de María Corina Machado a Venezuela
I
«Estoy aquí. Con ustedes»
Primera interpretación
Una frase compuesta en dos partes. La primera: «Estoy aquí», que se puede traducir como: Ya me hallo físicamente en Venezuela y no en el extranjero. La segunda: «Con ustedes».
«Con», preposición que denota el modo que sirve para hacer algo o expresa las circunstancias en que sucede algo, según el Diccionario de la Lengua Española. «Ustedes», cuando está precedido de una preposición, designa a las personas a las que se dirige con respeto y cortesía, como se puede constatar en la misma obra lexicográfica. De acuerdo con lo anterior, la traducción es: Me hallo físicamente en Venezuela en las mismas condiciones que ustedes. El «yo y ustedes» en el «aquí» se transforma en «nosotros haremos que algo suceda».
Segunda interpretación
«Estoy aquí. Con ustedes» alude a la empatía: ponerse en el lugar del otro. Yo, que estoy en Venezuela, me pongo en el lugar de ustedes. Ponerse en el lugar del otro es reconocer que este es el prójimo y no un objeto o cosa. Llegué porque nos identifica un mismo sentimiento; lo que ustedes viven, yo también lo vivo. Lo que Aristóteles nombraba compasión consiste en reconocer que yo y ustedes, envueltos en un «nosotros», padecemos el mismo mal, la misma calamidad, la misma desgracia. Rousseau la llamaba piedad, un sentimiento natural propio de la condición humana de conmoverse ante el sufrimiento de los demás.
Síntesis
María Corina Machado, con esa frase, rescata la empatía, la semejanza y el precepto positivo de «amarás a tu prójimo como a ti mismo», que propicia que volvamos a nuestra condición de humanos. «Estoy aquí»: llegué a Venezuela físicamente; me hallo en Venezuela como un ser humano. «Con ustedes»: porque ustedes también son seres humanos.
En nuestra condición humana padecemos una misma calamidad: el socialismo del siglo XXI.
II
Templo de la Divina Pastora

Llega al Santuario, al ámbito metafísico cuya vía de acceso es la experiencia religiosa y no la razón instrumental. Visibiliza el encuentro de lo finito con lo infinito, lo mortal con lo inmortal, lo conmensurable con lo inconmensurable.
Su presencia en el Santuario y su cabeza inclinada muestran que se reconoce como un ser mortal y finito. Es un ser humano más, con defectos y virtudes, que se encuentra entre la tierra y lo celestial; y ese «entre» posibilita que en su ser coincidan ambas dimensiones. Tiene conciencia de sus límites como humana, y esa condición la empuja a conectarse con lo sagrado para tener presente —sin olvidarlo jamás— que es mortal y finita. Reconoce que existe algo más allá de lo finito; su fe se lo reafirma. Esa fe fue la que la trajo de vuelta a su país a pesar de todos los obstáculos.
El agradecimiento a Dios y a la Virgen (la madre de Dios) brota porque al fin sus pies están en tierra venezolana. Su fe le da la fortaleza de seguir adelante como un simple ser humano que tiene el propósito de mejorar el país donde le ha tocado vivir. Reconoce que no está sola, que no puede sola, que ha llegado hasta aquí porque hay algo más grande, más allá de lo físico, que no la abandona y la acompaña en todo momento.
María Corina Machado, en el Templo, reivindica lo divino y lo sagrado, y los opone a lo meramente profano y material. Esto recuerda la tragedia de Antígona, escrita por Sófocles: Etéocles y Polinices son hermanos de Antígona. Creonte ordena que, en cumplimiento de la ley divina, se le dé sepultura a Etéocles, pero que a Polinices no se le rindan los rituales fúnebres, y establece que quien desobedezca tendrá como castigo la muerte. Antígona se opone al decreto de Creonte, decide obedecer la ley divina y entierra a su hermano Polinices. Reivindica la ley divina por encima de la impuesta por el ser humano. Reivindica lo sagrado por encima de lo profano. Reivindica la justicia universal por encima de la injusticia cometida cuando se ejerce el poder arbitrariamente. Reivindica el umbral entre lo humano y lo divino. María Corina Machado, como líder, da el ejemplo del respeto que debemos tener por lo divino y restablece la frontera entre ambas esferas. Nos recuerda que, como humanos, somos vulnerables y finitos, y que lo humano y lo divino están vinculados mediante el respeto a ese límite.
Finalmente, destaca su devoción por la Virgen, cuya figura tiene un peso significativo en el imaginario venezolano: la Virgen, santa y mujer. Santa porque el arcángel Gabriel le anuncia que tendrá un hijo sin la intervención de José. Mujer porque parió a su hijo. En la Virgen coinciden lo celestial y lo humano. En María Corina Machado también, pero desde otra perspectiva: ella, cada día, fortalece su vínculo con lo celestial mediante su fe, muestra que sí es posible la unión de lo finito con lo infinito y lo revela públicamente. Es mujer porque ejerce su liderazgo como una mortal que ha escuchado el llamado de su conciencia para emprender la lucha de hacer el bien y oponerse al mal.
III
Peregrinación cívica

Una vez ungida en el Santuario, inicia su peregrinación cívica desde Lara hasta Caracas, deteniéndose en Carabobo (peaje de Guacara), Maracay (peaje de Palo Negro) y Caracas (Valle-Coche).
A lo largo de su viaje se hace presente el «Estoy aquí. Con ustedes». El «ustedes» sale a la calle a recibirla, a darle la bienvenida con muestras de afecto, cariño y aceptación, y con la alegría de saber que por fin está aquí con nosotros. Pero hay algo importante que resaltar: el «ustedes» no es una multitud, una masa o una muchedumbre; no se trata de los anónimos típicos de los liderazgos populistas. En este caso, el «ustedes» se manifiesta como una gran familia que sale al encuentro de su líder para confirmar los padecimientos de la falta de luz, de agua, del desastre de país y de la miseria. El «ustedes» que sale a recibirla somos los olvidados, los excluidos, los abandonados por las instituciones, por lo público y por las leyes; aquellos que hemos sido deshumanizados por un poder hegemónico que solo responde al deseo de perpetuarse en el mando.
Aquí, la vinculación de la líder con el «ustedes» responde al rescate de los valores cívicos. Como mujer, líder y mater familias, se detiene y escucha al «ustedes» porque necesita ser atendido. Por eso ella oye con atención, mira a los ojos, sonríe, responde y abraza, convirtiendo el «Estoy aquí. Con ustedes» en una realidad que se vive y se siente.
María Corina Machado se incluye, se adentra, comparte y se involucra con el «ustedes». De esa manera, eleva el «ustedes» a la civilidad; les muestra que somos ciudadanos y que estamos llamados a construir la República y a rescatar la democracia.
El ejercicio de liderazgo de María Corina Machado es inédito en Venezuela por varias razones:
Se trata de una mujer que conquistó por sí misma un espacio en el mundo político, dominado históricamente en Venezuela por los hombres.
Es la encarnación de la civilidad. Su pensamiento y su acción van de la mano con la racionalidad, la comunicación, la ética, la moral, los principios, la deliberación, el diálogo, la reflexión, la conciencia, la responsabilidad, el compromiso, la academia, el pensamiento, el cuestionamiento, el derecho, la justicia, la equidad, la República, la democracia y las instituciones, entre otros valores. Es comedida, no pierde la compostura y no es violenta, irracional ni fanática. Ante la barbarie, María Corina Machado opone la civilidad; ante la violencia, la reflexión, la discusión, la persuasión y el diálogo; ante el odio, el amor.
Representa y rescata lo político, dejando claro que el resto es politiquería.
Finalmente, la lucha de María Corina Machado consiste en reconquistar el sentido de lo político —relacionado con lo público— y en restablecer jurídicamente la relación y los límites entre tres esferas: la propiamente privada, la privada-pública y la pública, cumpliendo cada una su función y respetando sus límites.
La esfera privada-pública es de suma importancia. Requiere que el «ustedes» tome conciencia y asuma su responsabilidad social con lo público, y que, de esta experiencia nefasta, haya aprendido:
A no ser apático ni indiferente.
Que tiene el deber y la responsabilidad de vigilar a las instituciones para que cumplan su función de servir a la sociedad y no a los intereses particulares de un grupo específico.
Una de las condiciones esenciales de ser ciudadano implica reconectar con lo público, con lo político y con el bien común.
IV
«Estoy aquí. Con ustedes»: Todo en contra y está aquí con nosotros
La odisea de María Corina Machado rememora la de Ulises. Así como Ulises regresó a Ítaca, María Corina Machado regresó a Venezuela.
Ulises se disfrazó de mendigo y solo lo reconoció Argos, su perro, símbolo de lealtad, fidelidad y nobleza. María Corina Machado cruzó la frontera desde Colombia como cualquier inmigrante, apareció en el Santuario y solo la reconocimos nosotros-ustedes, quienes simbolizamos la lealtad, la fidelidad y la nobleza.

ESTUDIANTES DE LA UCAB ANTE LA LLEGADA DE MARÍA CORINA MACHADO

