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Ricardo Dudda: El futuro de la lectura

«El siglo XXI es un siglo de grandes desigualdades. La desigualdad cognitiva del futuro, entre lectores y no lectores, quizá no la habíamos contemplado hasta hoy»

El futuro de la lectura

Ilustración generada mediante IA.

 

Cada dos semanas sale un nuevo artículo sobre el declive de la lecturaEn Estados Unidos, The Atlantic le da una especial importancia. Casi siempre que veo en redes la reactivación de ese debate, suele ser como consecuencia de algún artículo en la revista estadounidense. El mes pasado, le dedicó una portada y un largo artículo titulado, dramáticamente, The age of reading is over (La era de la lectura se ha acabado). Lo mencionó brevemente en estas páginas Daniel Capó, que tiene una posición ligeramente amarga: «El amor a la lectura ayudó a forjar un tipo determinado de ciudadano. Lo que vendrá después será ya otro tipo de hombre».

El artículo de The Atlantic está lleno de datos deprimentes: en Estados Unidos hay más gente que apuesta (en casinos, en tragaperras) que lectores; el lector habitual ha pasado de representar un 28% a un 16%; los libros más vendidos son cada vez más pueriles y suelen ser literatura post-adolescente. La autora, Rose Horowitch, dice que no estamos en una era analfabeta, sino post-alfabetizada. Somos capaces de leer, pero cada vez menos de descifrar lo que leemos. Y las cosas, dice, van a peor. Todos nos hemos visto afectados por la crisis de las pantallas, no solo los más jóvenes (mi madre era una gran lectora y ahora es una gran espectadora de reels), pero obviamente lo más perjudicados serán quienes nazcan ya en este nuevo mundo post-alfabetizado.

«El proceso de investigación necesario para interiorizar y aprender algo lo externalizamos a la IA»

No es un artículo muy original, de todas formas. Aparece la biblioteca de Alejandría, es un refrito de estudios ya muy citados, aparecen otra vez los jóvenes estudiantes de literatura que no son capaces de terminar un libro, y aparecen Marshall McLuhan y Neil Postman, autor del célebre Amusing ourselves to death (Divertirse hasta morir), que decía que todo contenido que surge en una pantalla acaba convirtiéndose en entretenimiento.

Pero hay una cuestión que sobrevuela el texto que me resulta más interesante. La autora dice que la biblioteca de Alejandría no murió por todas las razones que creemos (desde saqueos hasta incendios), sino por algo mucho más prosaico: negligencia. «El hecho de que se permitiera que la biblioteca cayera en el olvido ponía de manifiesto que la época oscura ya había llegado». Hoy, la amenaza es la apatía, dice Horowitch. Tenemos la capacidad de conservar el conocimiento, pero no nos interesa acceder a él. Es un problema de apatía: «No hay peligro de que se produzca un analfabetismo masivo espontáneo, pero las complejas habilidades cognitivas que fomenta la lectura comienzan a deteriorarse. La biblioteca de la mente se va deteriorando». La IA contribuye a ello. El proceso de investigación necesario para interiorizar y aprender algo lo externalizamos a la IA, que nos lima las asperezas.

El siglo XXI es un siglo de grandes desigualdades, que no hacen más que crecer. La desigualdad cognitiva del futuro, entre lectores y no lectores, quizá no la habíamos contemplado hasta hoy.

 

 

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