Soledad Morillo Belloso: Titulares que son relleno
La economía “crece”, dice la usurpadora, con esa voz de quien anuncia cosechas que nadie ve. Pero lo que crece de verdad es otra cosa: la espesura viscosa donde su fauna salvaje se revuelca satisfecha, como si el país fuera un lodazal tibio hecho a su medida. Ellos sí sienten el crecimiento: en los bolsillos que nunca se vacían, en las cuentas que en realidad no se congelan, en los privilegios que nunca se discuten. Crecen como crecen las plagas cuando el clima les favorece.
La gente buena, en cambio, vive en la intemperie. No en la selva húmeda de palacios y hoteles, sino en la planicie reseca donde cada día es una caminata larga. Allí no hay crecimiento: hay lo que ha habido y habrá: resistencia. Hay la dignidad silenciosa de quien sigue adelante aunque el país se haya vuelto un animal cansado que respira con dificultad.
El relato oficial habla de veintiún meses consecutivos, como si fueran estaciones de un calendario fértil. Pero en la realidad, ese crecimiento es apenas una sombra proyectada por un foco defectuoso que alumbra para que la fauna del poder se sienta más grande, más fuerte, más eterna. Ellos celebran porque en su ecosistema todo es abundancia: contratos, divisas, cajas negras, silencios con tarifa. Crecen como crecen los hongos en la madera podrida.
La gente buena no. La gente buena sigue contando monedas, midiendo el mercado con la mirada, calculando si alcanza para hoy. Y mientras tanto, la usurpadora repite su cifra como quien canta una canción que solo su estrecho círculo escucha, una melodía hecha para tranquilizar a los depredadores de pasillo, a los carroñeros de contrato, a los reptiles de protocolo, a los insectos de caja chica. Todos ellos viven en un país donde la noche nunca es peligrosa y el futuro siempre es negocio.
Tardará en pasar de la macro a la micro, dicen los especialistas. Dale tiempo, repiten como mantra. El tiempo se mueve, ¿a favor de quién?
El terremoto cambió la agenda. Los que mandan y deciden tardaron en percatarse. Vieron, finalmente, lo que no quisieron ver antes.
Hay titulares que son relleno, aunque acaparen primeras planas.
Soledadmorillobelloso@gmail.com – @solmorillob
