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María José Solano: «La RAE debe ser beligerante contra la Inteligencia Artificial»

Historiadora del arte, escritora, editora y periodista, (co)fundó el portal cultural Zenda. Acaba de publicar 'La RAE para lectores curiosos' (Almuzara), un libro divulgativo, y prepara 'Gatopardas', su último viaje literario (a Sicilia)

 

¿Cuál fue el detonante que le llevó a escribir un libro para explicar la RAE a jóvenes y adultos?
El detonante fue mi hijo. Lo explico en el prólogo. O sea, él fue la razón de este libro porque un día lo llevé a visitar la RAE y, bueno, le pareció muy bonito, muy elegante, todo muy bien, pero me decía: «Pero tú exactamente, ¿qué haces aquí? ¿Qué hacen estos señores?». Entonces, se lo expliqué, pero no me quedó muy claro que él lo hubiera entendido del todo. Tenía entonces nueve años y, bueno, me senté a tomar notas.
¿Y qué pasó?
Me di cuenta de que había reunido en esos 10 años que llevaba trabajando en la Real Academia muchos apuntes. Yo, cuando terminaba mi jornada de trabajo, me quedaba en la biblioteca, en el archivo, preguntaba a mis compañeros, a los lingüistas, a los de fonética, a todos los especialistas. Y al final, con todo eso que iba apuntando en mis libretas, me di cuenta de que tenía un material muy denso y decidí que no estaba mal para armar un libro. La idea de ampliar el abanico a más lectores fue de Manuel Pimentel, porque se leyó el manuscrito y me dijo: «Mira, esto no es solo para jóvenes». Se llamaba, en principio, La RAE contada a los jóvenes. Me dijo: «Eso nada, esto es un libro único porque hasta ahora no se ha hecho nada así. Es un libro de divulgación». Y así es como lo hemos entendido y así es como se está vendiendo, que la verdad es que se está vendiendo muy bien.
Viene a explicarle a los jóvenes que «limpia, fija y da esplendor» no es el eslogan de Mr. Proper. Y ahora sale el académico Pérez-Reverte y dice que la RAE «ni fija, ni limpia, ni da esplendor». ¿Qué hacemos?
Me alegra que me haga esa pregunta. Cuando presenté el libro en Sanlúcar de Barrameda vino don Juan Gil, académico de la lengua y amigo. Y él me cuestionaba lo mismo: «Es que tú presentas una Real Academia que algunos académicos no lo ven así«. Entonces le dije: «Claro, porque yo he escrito este libro como historiadora que soy. Si fuera académica de la lengua, sería tan beligerante como Arturo, porque la academia en este momento necesita gente que luche por lo que está ocurriendo». Es decir, ¿se acuerda de esa frase maravillosa –que no recuerdo de quién es, pero es así–: «Cuando ya no creáis en Dios os arrodillaréis ante un hombre con una espada»?
¿Qué papel crees que debe jugar la RAE en un mundo dominado por la IA?.
Un papel beligerante de nuevo. Los primeros académicos eran muy activos, eran guerreros a su manera, en su momento y en su contexto histórico, pero lo eran. Necesitamos otra vez académicos que defiendan la palabra autoridad, el derecho a imponer o de alguna manera a establecer un último recurso. Necesitamos, como en la judicatura, el último recurso, el último tribunal para que alguien detente la verdad, que es un concepto que se está diluyendo frente al gusto o la opinión. La Real Academia tiene la obligación moral, estética, ética, histórica y, por supuesto, filológica de detentar la última verdad.
¿Cómo ha cambiado el ecosistema literario desde que apareció ‘Zenda’ [el portal literario que fundó con Pérez-Reverte]?
Ha cambiado mucho. Lo sabe también. Las mesas de novedades están apabullantemente masificadas, y eso es una responsabilidad de todos. Es decir, no solo de los autores que nos hemos puesto todos a escribir, sino también de las editoriales, de toda la industria. Hablo con la gente del mundo, gente que sabe mucho, que lleva muchos años aquí, agentes del mundo editorial, y ninguno me ha sabido dar una explicación convincente de esta barbaridad. Tenemos inflación de novelas, inflación de títulos, inflación de libros. Se publica por encima de nuestras posibilidades, pero bueno, es así, es lo que tenemos. No sabemos dónde vamos a terminar con todo esto.
¿Tenemos inflación de libros y déficit de calidad?
Hay poco criterio en referencia al lector; el lector se ha vuelto poco exigente, me temo. Ahí la responsabilidad es del último eslabón de la cadena. Si el lector fuese exigente, habría libros que no se venderían jamás. Pero bueno, si hay alguien que lo consume, pues bendito sea Dios, ya está.
¿Qué buscan en ‘Zenda’ con la reedición de las novelas clásicas?
Transmitir felicidad. Y luego un acto de chulería, que eso también es verdad. Esto le va a gustar porque nosotros éramos lectores de papel, así fue como se lo dije a Arturo [Pérez-Reverte] cuando le pedí opinión o le pedí permiso, o las dos cosas, para iniciar este proyecto. Y él me dijo: «Ok, haz lo que quieras. El éxito será tuyo y el fracaso también, tú verás». Dije: «Bueno, vale, pues nada». Pero el argumento que lo convenció fue: «Arturo, nosotros venimos del papel, hemos iniciado un proyecto digital, pero no podemos quedarnos ahí». Entonces, hay libros–y ahí viene lo de la chulería–que están en nuestras bibliotecas, pero no están en las mesas de novedades ya. Y yo quería devolver a esas mesas apabulladas, llenas de cosas actuales y de novedades que no nos da tiempo a valorar, libros que ya son de una solvencia, diversión, cultura y nivel intelectual más que sobradas, pero con el aliciente por parte de ese puntito de orgullo de intentar descubrir títulos viejos como si fuesen nuevos. Me encanta eso. Entonces utilizo ese eslogan, que yo pongo en una de mis columnas de ABC: «Lo moderno es lo olvidado».
¿De dónde saca tiempo para todo?
Mi hijo ya está estudiando en el extranjero y es verdad que, cuando estamos en plena crianza, los hijos nos quitan mucho tiempo. Les dedicamos mucho tiempo. La verdad es que he encontrado ese hueco, un vacío que relleno con libros. Pero, sobre todo, me fui de las redes sociales y no he vuelto a ellas. Solamente estoy en Twitter (X) por trabajo, pero consumo muy poco tiempo en redes, por no decirte casi ninguno. Y te aseguro que ha sido una absoluta liberación, la recuperación de un tiempo precioso.
Si decimos que existe una literatura, una escritura, femenina, ¿esto es machismo?
Eso sería para hacer una entrevista tú y yo hablando sólo de esto. Toda catalogación la considero errónea por definición, y estamos acostumbrados a catalogar porque, como hemos perdido el criterio general, si no nos ponen una etiqueta ya no sabemos dónde está uno. Yo estoy cansada de esas etiquetas: «Lectura de entre 9 y 18 años», «juegos para niños de entre 6 y 7 años», «esta lectura es feminista», «esta actividad es machista». Estoy harta. Que cada uno haga lo que quiera in pectore y que crea lo que le venga en gana. Mira, los libros están ahí y ellos son los mejores educadores. Como decía el grito que he hecho mío hace muchos años, el grito de guerra del siglo XVIII, del siglo de las luces: Sapere Aude [atrévete a saber]. Y deja las etiquetas.
¿Qué planes tiene de futuro inmediato?
Voy a entregar ya el último libro de viajes, que es un viaje alrededor de Sicilia y se centra en las mujeres sicilianas. Es una odisea femenina que empecé mucho antes de Nolan, alrededor de Sicilia, y se llama Gatopardas. Es un viaje homérico alrededor de la isla de Sicilia y al interior de sus mujeres. En fin, míticas, literarias y reales.
¿Qué hoja de ruta sigue para marcarse estos viajes literarios?
Estoy todo el día alerta, y Sicilia, cuando fui hace años la primera vez, me dejó fascinada porque me encontré en ella que muchas cosas se unían. Era como un nudo de comunicaciones emocionales, sentimentales. Y aparte geográficas, históricas, artísticas, culinarias… Pero en mí funcionó como un desencadenante de las ganas de escribir. Siempre me pasa lo mismo. Necesito escribir desde la sorpresa, desde la emoción. Y así es cómo surgió, por enamoramiento. Como surgen todos mis libros: me enamoro y escribo. Esa es la verdad.

 

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