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Todos ilegítimos

Constitución suspendida»: violaciones se afianzaron tras el 28 de julio,  dicen expertos Hace 25 años, el 15 de diciembre de 1999, se realizó el  referendo aprobatorio de la entonces novísima Constitución, uno
Delcy es ilegítima desde el 2 de julio. Maduro era ilegítimo. La Asamblea de 2015 venció hace seis años y sigue «vigente». ¿Quieren que les diga la verdad que ningún bando se atreve a decir? En Venezuela ya no hay un solo político legítimo. Y no desde 2026. Desde hace más de doscientos años. Vamos por partes, porque el enredo es de campeonato.
El pasado 2 de julio se cumplieron los 180 días de Delcy Rodríguez y su mandato expiró. Ilegítima. Pero antes de ella, Maduro también era ilegítimo. Y si Maduro era ilegítimo, el mecanismo que puso a Delcy en el poder también lo era, con lo cual sus 180 días nunca contaron porque nacieron también ilegítimos. Ilegítima antes, ilegítima ahora, ilegítima siempre. Hasta aquí todos de acuerdo, ¿verdad? Y ya que estamos siendo honestos, seamos honestos con todo.
La forma en que salió Maduro del poder, esa que a muchos nos encantó y que celebramos con lágrimas en los ojos, tampoco resiste el más mínimo análisis jurídico. ¿Cuál es el encaje constitucional de que una potencia extranjera se lleve al presidente de facto de un país? ¿En qué artículo aparece esa figura? No existe. No lo busquen porque no está. Fue una salida por la vía de los hechos, no por la vía del derecho. Que haya sido deseada y hasta necesaria no la convierte en legal.
La ilegitimidad en Venezuela es tan transversal que alcanza incluso a las buenas noticias. Perfecto. Entonces que alguien me explique una cosa. ¿Por qué la Asamblea Nacional de 2015 sigue siendo legítima si su período constitucional venció hace seis años? ¿Los 180 días de Delcy caducan puntualmente, con cronómetro suizo, pero los cinco años de la Asamblea de 2015 son elásticos y se estiran una década sin que a nadie le tiemble el pulso? Si vamos a ser estrictos con los lapsos constitucionales, seamos estrictos con todos. Y si vamos a ser flexibles, dejemos de rasgarnos las vestiduras cada vez que el bando contrario estira los suyos.
La verdad incómoda, la que nadie dice en voz alta porque no le conviene a ningún bando, es que en Venezuela hace muchísimo tiempo que no hay nada legítimo. Nada. Ni gobierno, ni asamblea, ni tribunales, ni fiscales, ni contralores. La Constitución dejó de cumplirse hace tantos años que ya funciona más como objeto decorativo que como norma suprema. El chavismo la violó sistemáticamente durante veinticinco años, y la oposición, que la esgrimía como bandera, también aprendió a leerla de forma creativa cuando la literalidad no le cuadraba.
Allá nadie le para a nada. Todo el mundo hace lo que le da la gana y después busca el artículo que lo justifique, o directamente ni lo busca. Y esto no empezó con Chávez ni con Maduro ni con Delcy. Venezuela lleva rompiendo sus propias reglas prácticamente desde que las tiene. Desde 1812 para acá, su historia es una colección de constituciones hermosas en el papel y pisoteadas en la práctica, de períodos que se estiran, de poderes que se inventan, de legitimidades que se declaran o revocan según convenga al que tenga la fuerza. Veinticinco constituciones ha tenido Venezuela. Veinticinco. Ningún país necesita veinticinco constituciones si respeta alguna.
Así que la próxima vez que alguien te hable de legitimidad en Venezuela, del bando que sea, pregúntale con cariño: ¿legitimidad según cuál Constitución, según cuál período y según la conveniencia de quién? Porque llevamos más de doscientos años en esto, y lo único verdaderamente legítimo que tiene Venezuela es una capacidad infinita para fabricar argumentos jurídicos que justifiquen lo que ya se decidió hacer por la vía de los hechos.

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