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Vox es socialista, como el nazismo y el falangismo

Vox es un partido socialista, como cualquiera que pretenda subordinar la libertad individual a la masa, a la patria, a una clase social o a cualquier otra identidad colectiva

El presidente de Vox, Santiago Abascal.

El presidente de Vox, Santiago Abascal. (EFE)

 

Isabel Gómez ha sido noticia estos días por pasar de la CUP a Vox. Y ha dicho: «El problema lo tiene la izquierda. Yo, no». El problema es que Vox es un partido socialista, lo mismo que la CUP y todos los populismos. También era socialista el partido nazi, y Hitler reivindica en sus memorias que fue, sobre todo, un socialista. No lo fue en el sentido marxista, pero sí en el obrerista. El fascismo italiano y el falangismo español, exactamente lo mismo.

Vox es un partido socialista, como cualquiera que pretenda subordinar la libertad individual a la masa, a la patria, a una clase social o a cualquier otra identidad colectiva.

Pero una vez más la izquierda, con su propaganda tan imparable, tan perfecta, ha conseguido desvincularse de estas ideologías y de sus atroces crímenes contra la humanidad. Es otro de los grandes logros de la izquierda, que estos movimientos tan nocivos, tan sanguinarios, hayan pasado a ser considerados de derechas en el imaginario colectivo.

E incluso de extrema derecha, como la AfD alemana, otro socialismo travestido de ultraderechista, pero cuyos datos demoscópicos revelan el engaño: es el partido preferido por los nostálgicos de la RDA. Es la gran esperanza de los excomunistas defraudados por la libertad y el capitalismo. El colectivismo siempre será una forma de socialismo, aunque se adquiera tintes del odio del otro bando o matice los rigores del estalinismo puro y duro.

Vox tampoco cree en la libertad individual: cree en el socialismo, en el obrerismo, en dirigir a las masas contra un enemigo real o imaginario –los inmigrantes, los independentistas o la «dictadura progre»– pero en cualquier caso convertida en culpable de los propios defectos y fracasos. Vox es una organización vertical, y en nombre de esta verticalidad tiene ya a más purgados en el partido que diputados en las Cortes. Id pensando que Vox es de derechas y que Pedro Sánchez está muerto, y la noche electoral del mes de julio de 2027 será la más decepcionante de la historia de España.

Para pasar de la CUP a Vox hace falta cambiar el color del fanatismo, pero no el fanatismo. Hace falta cambiar la bandera de Cataluña por la de España, pero no hace falta cambiar la ideología de fondo, porque es la misma y es socialista. Vox en esencia está más cerca de Podemos que del PP. Igual que en esencia, por mucho que a Pedro Sánchez le duela, e intente disimularlo con posturitas de otros tiempos, su centralidad está mucho más cerca del PP que de Podemos. Todas las encuestas dan a los dos grandes partidos una suma alrededor de los 250 diputados. Ninguna otra suma de dos llega a tanto.

Para encajar entre sus nuevos compañeros de Vox, Isabel Gómez sólo tendrá que decir de los musulmanes lo mismo que cuando estaba en la CUP decía de los españoles. Y sobre todo, decirlo con el mismo desprecio.

 

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