Macky Arenas – Bitácora cubana (CXXIX)
Si Venezuela está en un limbo y ya tiene encima un tutelaje y una presidenta interina designada calculen ustedes, apreciados lectores, cómo estará Cuba. A ese limbo lo llamamos vacío de poder, incertidumbre, inquietud o zozobra. Como prefieran, según sea el caso. El problema es que la aludida -más no mentada- gobierna colocada a dedo por el interventor, y no porque su estatus sea legal. De hecho, va contra las disposiciones de la Constitución Nacional. Lo procedente sería que se consultara al Soberano, que es el pueblo venezolano y no otro, acerca de quién debe conducir los destinos del país.
Y no sólo lo procedente, también lo prudente, pues la tragedia sobrevenida coloca en riesgo los planes de tutor y tutelada -que no son los mismos, ni mucho menos, así lo parezcan-, a juzgar por el termómetro de la indignación ciudadana ante el pésimo manejo de la emergencia, cuya manifestación más indignante y dolorosa ha sido la llamada “desatención” a la urgencia, cuando en realidad ha sido una fría y calculada pretensión de dejar a la gente a su suerte.
Pero salió al paso la sociedad civil de este país la cual, a fuerza de abandono y carencias, ha fortalecido un músculo que combina la resistencia a un régimen cruel con la resiliencia y la capacidad de respuesta ante la dimensión de cualquier eventualidad. Como dicen nuestros llaneros: somos del tamaño del compromiso que se nos presente.
Así es como hemos llegado -arrastrando dos décadas de arbitrariedad y destrucción- a soportar un terremoto como muy pocos se han registrado en la historia planetaria, sorprendiendo al mundo con una respuesta masiva, unitaria y solidaria que desde el primer momento se hizo presente para socorrer, aliviar y reafirmarnos en la convicción de que no nos hacen falta gobierno ni militares, porque es la hora de la gente, de las comunidades organizadas, el momento de ejercitar ese músculo para dar el frente a un país que necesita persistir en la asistencia humanitaria y en una reconstrucción que será larga y demandante.
Con esos parámetros seguimos los acontecimientos en Cuba. Nos hermana hoy mucho más que una vecindad y una idiosincrasia semejante. Hay un hecho que destaca: es un pueblo que, a pesar de haber sido víctima por tantos años de un régimen depredador y tan insensible como todos los que llevan su signo – ya no ideológico sino de simple y pura rapiña- se mantiene anhelante de libertad y dispuesto a librar las batallas que sean necesarias para conseguirla. También la sociedad civil cubana ha salido al paso de tanta ignominia para recordar al Padre de la Patria: “Los pueblos se dividen en dos bandos, los que aman y fundan y los que odian y deshacen”. El pueblo cubano se desmarca de los que odian y deshacen y sale a la calle, ya no solo para protestar por la falta de servicios y de comida, sino para exigir que el régimen acabe, que están hartos de la dictadura que odia y deshace. Dignos hijos de Martí. Es un ADN que encara al odio, se le para al frente y lo reta desde el coraje que renace y se cuela entre los pliegues de la tiranía para proclamar la esperanza.
Pero el régimen no oye crecer la hierba. Y ese es el distintivo clásico de quienes han estado en el poder tanto tiempo que sólo los mueve permanecer en él. Se desconectan. Creen aislar a sus pueblos del resto del mapa a fin de pintar un mejor cuadro de dominación, pero sólo consiguen aislarse ellos mismos. Así está el régimen cubano. Ya no tiene sino el desprecio de su pueblo y la condena, no sólo del mundo libre, sino hasta de sus históricos aliados en forma de silencio e inhibición. Evaden, miran a otro lado. No se quieren retratar con los depredadores cubanos en un contexto en que se dirigen derechito al precipicio. No están hechos para la fidelidad ni la incondicionalidad, menos para el martirologio. Cada quien para su cada cual, según el dicho.
Pero hay, como en Venezuela, gente dedicada a pensar sus países, a ver más allá de la desesperanza y de la inmediatez, para gestionar los mejores talentos y los más fructíferos esfuerzos a fin de plantar cara a “lo que viene” -como se llama a las fases siguientes tras un cambio sustancial en la conducción de las naciones- y algunos de ellos vienen escribiendo y presentando los rostros gratos e ingratos de la reconstrucción.
Es el caso de Dagoberto Hernández Valdés, del Centro Convivencia (Pinar del Río), quien ha vuelto sobre un término que él mismo acuñó en su momento, para advertir: “Cada vez se toma más conciencia de lo difícil que será la sanación del daño antropológico que, sin duda, es el desastre más profundo y duradero que ha causado el totalitarismo comunista en Cuba”. El P. Alberto Reyes Pías recuerda: “En Cuba hay miedo al cambio, a lo desconocido, a lo nuevo. Pero no sólo tiene miedo el pueblo, el gobierno también vive con miedo”. Tal vez aligere la carga -y mitigue el miedo- el tener alguna, al menos alguna, necesidad básica cubierta. Y los pueblos hermanos parecen haberlo entendido. Una misión humanitaria y evangelizadora fue cumplida en Cuba por la archidiócesis colombiana de Bogotá llevando ayuda material, cercanía espiritual y un mensaje de esperanza, “algo que, aseguran, sí han visto” lo cual, recalcan, es lo más importante.
Y en efecto lo es. Sobre todo para mantener el espíritu arriba y manos libres para otros propósitos más allá de la elemental supervivencia. El alimento espiritual y el acompañamiento en la fe es, en estos países nuestros, tan importante como el material. El primero no puede administrarlo -y menos distribuirlo y beneficiase de él- un régimen comunista; el segundo podría, pero se aseguran, como otros benefactores, de que el régimen no ponga sus manos en esos cargamentos, sino la Iglesia.
El periodista y consecuente columnista Pedro Corzo (Miami), abordó en su más reciente entrega la junta peligrosa entre Irán y Cuba. No puede ser más oportuna su alerta: “La misión de los amos de Teherán y La Habana nunca dejara de ser la destrucción de lo que representa este país (EEUU). En mayo de 2001, durante una conferencia en la Universidad de la capital de Irán, Fidel Castro, dijo «Irán y Cuba, en cooperación mutua, pueden poner a Estados Unidos de rodillas. Una amenaza que siempre tratara de cumplir”. Aquí vale la conseja evangélica para los EEUU: “El que tenga oídos, que oiga”. Al menos, por las expresiones de Marco Rubio, todo parece indicar que los más altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos oyen y también escuchan, pues habrían llegado a la conclusión de que la convivencia con el totalitarismo castrista es imposible.
Hasta ahora, hay una referencia-neighbor: Teherán hizo saber a EEUU que “Irán no es Venezuela”. La reacción de Caracas fue: “Eso es despectivo”, respondiendo a Irán. Por ahora, Trump está viendo los toros desde la barrera, una barrera desde la cual contempla como sus “regulados” se enfrentan. «Sitting on the fence» para luego resolver…
Amanecerá y veremos.-

