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Macky Arenas – Bitácora cubana (CXXVII)

20 de Mayo: Cuba necesita una nueva república

 

En Caracas, la noche de este viernes nos acostamos con esta información: “Por primera vez en la historia, el Comandante del Comando Sur, Francis Donovan, se reunió con los altos mandos militares de la dictadura cubana”. Entre ellos figuró Roberto Legrá Sotolongo, el viceministro, Jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias desde 2021. El encuentro se produjo en los perímetros de la Base Naval de Guantánamo. Efectivamente, como señala la fuente, “Esto no es algo normal”.

Sensato sería ir considerando negociar pues, como precisó el economista y demógrafo cubano Juan Carlos Albizu-Campos en una entrevista en La Habana hace unos años, «si el sistema implosiona la clase dirigente va a desaparecer, y ellos lo saben». Además, aseguró que los cambios económicos no van a ser posibles en Cuba sin una intervención humanitaria internacional. Y no sólo los económicos. También, y sobre todo, los políticos sin los cuales aquellos no serían viables.

La ayuda internacional desde todos los frentes es indispensable. Cuando estos regímenes se atrincheran, es inútil y hasta injusto exigir a los pueblos que se liberen por sus propios medios. No hay medios. Los niveles de secuestro físico y, lo que es peor, de daño antropológico son tan profundos que la incapacidad para superar la tragedia requiere de la solidaridad activa y efectiva de las fuerzas democráticas vecinas y circunvencinas. De hecho, el historiador y ex diplomático Juan Antonio Blanco ha puesto sobre la mesa una pregunta que muchos cubanos prefieren evitar: ¿puede el pueblo cubano, empobrecido, vigilado y desarmado, poner fin por sí solo a un régimen que conserva el monopolio de las armas, la policía política, los tribunales y los medios de comunicación? Su respuesta es tajante: No puede. Por eso, sostiene, «una intervención de Estados Unidos no solo sería deseable, sino imprescindible». Empero, ha trascendido que EE UU apuesta por una caída del régimen «a cámara lenta».

El problema es que los cubanos están languideciendo, en cámara lenta.

Marco Rubio explota a cada rato contra el régimen comunista cubano: “Cuba está en un gran problema porque, desafortunadamente para ellos, está dirigida por un montón de comunistas incompetentes”. Trump, en su peculiar estilo, sigue alimentando esperanzas por una pronta salida del régimen castrista. Los cubanos de a pie, valga recordarlo, presas del caos en que están sumidos, prefieren creer que algo pasará, aunque cautelosamente se mueven entre la expectativa y la incertidumbre.

Por su parte, el oficialismo califica de «demoledor» el impacto de las sanciones de EE UU y pone sus esperanzas en China. Visto lo visto con los chinos y después de constatar cómo los apoyos históricos hacia el régimen de la isla se han ido diluyendo, es lógico pensar que se trata de vanas ilusiones.

En el mismo orden de ideas, sabemos que Alexandr Lukashenko, el último dictador de Europa, es un viejo aliado político de La Habana. Y que Díaz Canel viajó a Minsk para fortalecer el eje militar y comercial con Bielorrusia. Y también conocemos que Salvador Valdés Mesa, Vicepresidente cubano, se reunió en Astaná con los presidentes de Kazajistán y Bielorrusia durante la cumbre de la Unión Económica Eurasiática. Pero a la vista está que Lukashenko debe estar mirando de reojo a los chinos y ha cambiado el estilo tajante del hombre fuerte por un «Estamos dispuestos a hacer todo lo posible por Cuba y todo lo que permita la situación». Nótese que ya no es lo que sea: es “lo posible”.

Mientras la margarita se va deshojando, el deterioro avanza a paso vencedor. El sistema de agua potable y el transporte no están totalmente paralizados gracias a la probable entrega de combustible importado de Texas y Florida por mipymes privadas. Los apagones ya no son localizados, son masivos: se calcula que más del 60 % del país, en cualquier momento, quedará sin electricidad. La situación del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) ha sido catalogada por el propio Gobierno cubano como “crítica”. Entre las principales causas de la crisis figuran las constantes averías en las termoeléctricas. A pesar de que el país ha impulsado proyectos de energía solar con apoyo foráneo, la oscurana generalizada parece inminente e indetenible.

De manera que ya el desastre en Cuba no es una sensación ni una realidad discutible u ocultable detrás de consignas ideológicas, sino un pavoroso estado de cosas al que nadie comprende cómo los cubanos sobreviven, muy a pesar de una probada resistencia de casi 7 décadas frente a la inhumanidad y la arbitrariedad.

El arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Dionisio García Ibáñez, explotó durante la reciente homilía de Pentecostés en el Santuario del Cobre, pidiendo a los gobernantes no creerse «dueños del mundo». El prelado fue directo al señalar el peligro del abuso de poder y alertó contra la división como instrumento político. La Iglesia Católica ha revelado cómo a las parroquias llegan personas “diciendo que llevan días sin comer”.  De hecho, lo hemos dicho, el hambre que pasan los cubanos resume el desastre de una revolución que se agota en el descrédito y la inviabilidad debido a esa misma y tan básica necesidad: comida. “Cuba duele” -han dicho los pastores- pues “todo es una lucha por sobrevivir. El presente es inseguro, el futuro totalmente incierto”. Es “el momento más difícil y más triste de la historia de mi pueblo del que tengo conciencia”,  confesó un prelado.

Sor Nadieska Almeida, desde Cuba, se ha preguntado: “¿Cuándo dejamos de importarle a quienes deben ser los responsables en mantener un país con lo necesario para la vida? Ante todo esto que me inquieta, me pregunto: ¿en qué siglo estamos viviendo en Cuba?”. Con razón Dagoberto Valdés Hernández, desde El Centro Convivencia en Pinar del Río, recuerda: “El poder sin espíritu y capacidad de servicio es autoritarismo, dictadura o tiranía”. El P. Reyes Pías ha puntualizado: «Tras la caída del régimen cubano, la Iglesia deberá velar para que haya justicia y no venganza».

Hay una tendencia creciente a pensar que al conflicto en Irán seguirá Cuba en el foco de la Administración Trump y que Venezuela puede esperar. No obstante, las opiniones siguen difiriendo. El historiador Juan Antonio Sacaluga, en su escrito La tragedia de Cuba, concluye: “Al final, entre la esperanza de una normalización y el miedo a una nueva subordinación, Cuba vuelve a quedar atrapada en una incógnita histórica sin resolver”. Un dramático llamado de atención lo hizo José Daniel Ferrer, ex preso político y líder opositor -ahora exiliado en España- al Vaticano, la Unión Europea y América Latina ante la tragedia del pueblo cubano. En estos términos: “El Pueblo cubano necesita verdaderos amigos, firmes y valientes defendiendo la libertad y la justicia (…)  El sentido más profundo de la misión profética de la Iglesia es, no bendecir el orden injusto, sino iluminarlo, cuestionarlo y, cuando sea necesario, denunciarlo con valor”.

Observación pertinente la que hace el analista Rolando Gallardo, cuando llama la atención sobre una particularidad y hace la anatomía de una dictadura sin relevo: Cuba no es Irán. “La Habana – sostiene- no tiene la profundidad institucional de Teherán, ni su cultura del martirio, ni su red de proxies, ni la narrativa religiosa que sacraliza la resistencia”.

Jorge Castañeda, el político y comentarista mexicano, quien fuera secretario de Relaciones Exteriores durante el gobierno del presidente Vicente Fox -entre 2000 y 2003- no está seguro de que Cuba tenga un triste final. Al respecto comentó: “La sociedad cubana debe tener el derecho de decidir si quiere seguir así, sin luz, sin agua, sin transporte, sin gasolina, sin comida, sin nada, o ser Puerto Rico. Que los dejen escoger y ya veremos qué deciden”.

Como sabiamente repiten los campesinos de mi país: amanecerá y veremos.-

 

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