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Macky Arenas: «Nowhere Man»

 

imagesEl día en que la nueva Asamblea Nacional recibió al Presidente de la República esperaba una Memoria y Cuenta. Hubo corta memoria, no se escuchó referencia alguna a los dramas cotidianos del venezolano en los últimos años. En lo que respecta a la  cuenta, lo mencionado no se pareció a lo que bochornosamente exhibe esta Administración como obra de gobierno. Hubo, sí, la consabida perorata socialista cansada y cansona.

Soy de las que, en lo que llamamos viendo pa’trás “años mozos”, disfruté a más no poder a un grupo de Liverpool (Inglaterra) que comenzó cantando en los  pubs del pueblo y terminó convertido en un cuarteto memorable llamado “Los Beatles”, el cual revolucionó las tendencias  musicales juveniles de las azarosas décadas 60 y 70, al menos, en todo lo que conocemos como el Occidente del mundo. Los grupos musicales de este lado del océano traducían e interpretaban en un caleidoscopio de versiones sus pegajosos temas.

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Sabíamos de memoria las letras de cada canción. Bailábamos, nos enamorábamos y protestábamos con ellas. Manejaba hacia la universidad y eso era lo que sonaba en el Pioneer de mi Dodge Dart heredado. Cuando irrumpió Juan Luis Guerra y el 440, impactando los hit parades con sus “Burbujas de Amor” las cosas empezaron a cambiar. Esas bachatas hicieron que mi generación se conectara con sus raíces caribeñas y las rumbas comenzaron a sonar de otra manera. Hago este repaso porque la juventud de este tiempo, aturdida por el monótono reguetón, a lo mejor no sabe lo que se perdió.

Pero Los Beatles siguieron en el ADN de quienes hoy tenemos 50, 60 y hasta 70 años de edad. Hoy, en los tramos no tan mozos- aunque ahora entiendo clamorosamente por qué dicen que la vida comienza a los 50- sigo siendo una impenitente beatlera. El texto de sus canciones permanece en el disco duro, como escrito para siempre en una memoria que no borra el paso del tiempo ni el imperio de otros ritmos. Lo que a uno marca durante ese definitivo estadio de la vida, del que decimos que “éramos felices y no lo sabíamos”, se queda eternamente como referencia pegada a la vena del gusto. Debe ser por eso que, al escuchar a Maduro en la Asamblea Nacional pedaleando sobre el mismo lugar, aferrado a lugares comunes tan banales como inútiles, contando historias que nadie cree y apelando a los fantasmas de una revolución que fracasó antes de Los Beatles, inmediatamente me vino a la mente la letra de uno de sus temas: Nowhere man, lo que traduce “Hombre de ninguna parte”.

He’s a real nowhere man

Sitting in his nowhere land

Making all his nowhere plans

For nobody

Nowhere man, please listen

You don’t know what you’re missing

Nowhere man, the world is at your command

He’s as blind as he can be

Just sees what he wants to see

Nowhere man can you see me at all?

Nowhere man, don’t worry

Take your time, don’t hurry

Leave it all ‘till somebody else

Lends you a hand

Traducción:

“Él es un verdadero hombre de ninguna parte, 
Sentado en su tierra de ninguna parte,
Haciendo todos sus planes de ninguna parte, para nadie. 

Hombre de ninguna parte, por favor, escucha, 
No sabes lo que te estás perdiendo,
Hombre de ninguna parte, el mundo está bajo tu mando.

Es tan ciego como se puede ser,
Sólo ve lo que quiere ver,
¿Hombre de ninguna parte puedes tan siquiera verme?

Hombre de ninguna parte, no te preocupes,
Tómate tu tiempo, no tengas prisa,
Déjalo todo, hasta que otro te eche una mano”

 

 

Nowhere man, para la época, expresaba con una claridad meridiana la tragedia de un momento:  no bien terminaba la II Guerra Mundial cuando comenzaba el malogrado experimento de Vietnam. La juventud estaba desorientada con los cambios que esa década de los 60 precipitó y para los que no estaba preparada.

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«Prohibido prohibir».

Eran los tiempos de Mayo francés y eso lo dice todo: “Paren el mundo que me quiero bajar”.  La absoluta desconexión entre lo que los líderes hablaban y lo que la gente sentía, pensaba y anhelaba era brutal. Los pueblos querían paz y los gobiernos parecían buscar la guerra. Cada gobernante se presentaba -ante el público entre 14 y 25 años- como un auténtico Nowhere man.

Y no faltaba la autocrítica del estribillo, ácida y algo cruel. Al fin y al cabo, si algo caracterizó a la juventud sesentosa fue su honestidad salpicada de ingenua sinceridad: tampoco ellos tenían idea de la magnitud de la crisis por la que atravesaba el mundo en el que debían, y eso sí lo entendían, sobrevivir …

Doesn’t have a point of view

Knows not where he’s going to

Isn’t he a bit like you and me?

Traducción:

“No tiene un punto de vista, 
No sabe dónde va, 

¿No se parece en algo a ti y a mí?”

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El que haya recordado estas estrofas puede parecer ingenioso, y aun divertido el que las rememore para el público. Lo grave es que un presidente, en semejante vaporón como el que sofoca a Venezuela, se comporte como un Nowhere man, ciego, sordo, ausente, sin la menor noción del estropicio provocado y planteando un país en donde él no vive, hablando de planes que nadie desea y pintando una realidad que solo él percibe. Pero hay algo peor: todos tenemos un Nowhere man por dentro cuando recitamos la insulsa conseja del que no quiere ver: “Chávez jamás habría hecho eso…”. Porque de aquellos polvos vinieron estos lodos.-

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Un comentario

  1. Brillante, escalofriante y conmovedor. Primero por lo pertinente de sus términos, segundo, por lo bien -bellamente- escrito. Fluye como un cuento ¿de James Matthew Barrie?. Y lo es (pero con regalos de «Seargent Peppers»). Gracias miles por este escrito.

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