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Pérez Vivas: Las tentaciones en la vida política

La hora de las tentaciones políticas - EL NACIONAL

Las tentaciones constituyen impulsos que inducen a las personas a

realizar acciones incorrectas, prohibidas o perjudiciales, tanto para los

propios individuos como para el conjunto de la sociedad. Aunque

pueden resultar atractivas a primera vista, sus efectos son

profundamente negativos a mediano y largo plazo.

En el ámbito político, estas debilidades suelen ser mucho más

destructivas y sus impactos, más gravosos. Más allá del daño

personal, las tentaciones socavan a las sociedades, erosionan el bien

común y generan desequilibrios profundos que impiden alcanzar la

estabilidad y el bienestar social.

 

Hoy, bajo el contexto de la Venezuela autoritaria, el acontecer político

cotidiano enfrenta dilemas formidables. Tras los hechos del pasado 3

de enero, cuando la cúpula que usurpa el poder se vio fracturada por

la extracción de Nicolás Maduro y su posterior sometimiento a la

justicia estadounidense, se abrió una ventana de esperanza para el

cambio en nuestro país. Sin embargo, este nuevo escenario también

ha provocado que diversos actores políticos reciban —y cedan ante—

peligrosas tentaciones.

 

Por el lado del régimen, la tentación de perpetuarse en el poder y la

ambición de seguir usufructuándolo los ha llevado a renunciar a

cualquier principio o dignidad. En su afán por encontrar una salida fácil

a su crítica situación, los integrantes de esta cúpula se han convertido

en funcionarios obedientes al servicio del gobierno de los Estados

Unidos, contradiciendo todo el discurso y los planteamientos que

sostuvieron durante los años de la auto definida Revolución

Bolivariana. Además de perpetuarse, el espíritu del saqueo y la

aplicación de la violencia autoritaria, siguen siendo patrones de

comportamiento presentes en todos los niveles y ramas del poder

público.

 

Por otra parte, en los sectores de la sociedad democrática también se

han desatado vicios complejos: la ambición, el oportunismo, el afán

por el protagonismo exacerbado y el deseo furtivo de ocupar

posiciones de poder. Al caer en estas tentaciones, se desconocen

liderazgos legítimos, se desatan guerras absurdas en municipios,

estados y por supuesto en el plano nacional que ponen en riesgo la

oportunidad histórica de recuperar la libertad y la institucionalidad del

país. El necesario debate no se centra en los contenidos de la

política a desarrollar sino en la calumnia y la descalificación personal.

La obsesión por el protagonismo es uno de los males que más fractura

a las fuerzas democráticas en esta hora crucial. A esto se suma la

tentación de la antropofagia política, esa práctica destructiva mediante

la cual se busca anular a quienes se consideran competidores directos

o relevos en el liderazgo.

 

A lo largo de los 26 años que ya transcurren de este siglo XXI, hemos

visto cómo esta pugna interna ha sido aprovechada con destreza por

la dictadura. El régimen ha sabido estimular la división, comprar a los

ambiciosos que solo buscan el lucro individual y alimentar los egos

para fomentar el fraccionalismo.

 

En este momento, cuando Venezuela busca desesperadamente una

alternancia en el poder, reaparecen los proyectos personales y

partidistas por encima del rescate de la nación. Coexisten en la vida

pública quienes sueñan con el poder para el beneficio propio y no para

el desarrollo de un proyecto de país que devuelva la dignidad a sus

ciudadanos.

 

Estamos en una hora crucial. El éxito del esfuerzo ciudadano para

conquistar la libertad dependerá, estrictamente, de nuestra capacidad

colectiva para derrotar estas tentaciones y abrir un cauce honesto

hacia la democracia.

 

 

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