Macky Arenas – Bitácora cubana (CXXVI)

Poco antes de redactar estas líneas el propio presidente Donald Trump anunció que el conflicto contra Irán había llegado a su fin, en una carta que envió al Congreso de los EEUU, intentando dar por cerrado el debate sobre la continuidad del despliegue militar estadounidense en Oriente Medio.
Las expectativas por lo que podría ocurrir en Cuba se incrementaron dado que, casi a la par, anunció la ampliación de sanciones contra el gobierno de Cuba mediante una nueva orden ejecutiva. Las medidas apuntan a personas, entidades y redes vinculadas al aparato de seguridad del Estado cubano. El decreto no detalla de inmediato los nombres de los sancionados, pero se sabe que el blanco son los pilares de la economía, especialmente los sectores de energía, defensa, minería y servicios financieros.
Aseguró el presidente que EEUU tomará el control de Cuba “casi de inmediato” y reveló cuándo será: primero finiquitará el «trabajo» en Irán. Ello ocurrió durante su intervención como orador principal en una cena privada del Forum Club en West Palm Beach, Florida.
Si hay quienes podemos entender la inquietud e incertidumbre del pueblo cubano, somos los venezolanos. Estamos pasando por lo mismo, salvando las diferencias. El discurso de Trump y sus voceros sobre Cuba es mucho más claro y directo sobre sus objetivos que el dirigido a Venezuela. No tenemos certezas de lo que pasará en ninguno de nuestros países, pero sabíamos que esperábamos en fila que el conflicto con Irán se despejara. Cuba, hoy, está en una línea más esperanzadora que Venezuela, aún sin las riquezas que posee la tierra de Bolívar…y quizá por eso mismo.
Pensando Cuba
Los cubanos no ignoran sus debilidades ante esta coyuntura absolutamente imprevista antes de enero de este año. También conocen sus fortalezas y hay gente que por mucho tiempo se ha dedicado a pensar Cuba y a preparar a sus compatriotas para la eventualidad de un cambio de régimen.
Uno de ellos es Dagoberto Valdés Hernández. Durante todo el mes viene redactando mensajes , desde Pinar del Río, que aportan claridad y generan esperanza: “Quien cree, difunde y enarbola que los cubanos no estamos preparados, que no somos capaces, no tenemos pensamiento y propuestas para el futuro (…) o es del inmovilismo y la continuidad o contribuye sin saberlo a que se perpetúe la opresión y la postración de los cubanos”.
Otro de ellos es el crítico y valiente sacerdote cubano Alberto Reyes Pías quien sirve en Camagüey: “Una sociedad es más o menos exitosa en la medida en que promueve o bloquea la humanidad de las personas. Bajo esta perspectiva, la doctrina marxista sólo puede conducir a un ser humano fallido” (…) y profetiza. “Al final, la sociedad enferma, enferma de deshumanización, y llega el momento en el cual, o se rebela y se salva a sí misma, o se hunde en la bestialidad y la involución”.
Otro de ellos es el científico Jorge Adalberto Núñez, también residente en el extremo occidental del país, quien analiza el papel de la Iglesia en una Cuba en transición: “La Iglesia puede contribuir a sanar a Cuba”, posicionándose no sólo como una guía espiritual, sino como un pilar fundamental de la sociedad civil. En su visión, la institución religiosa es clave para la reconciliación nacional, el fortalecimiento de la cultura cívica y el respeto a las diferencias, funcionando como el puente necesario para el diálogo. Ciertamente, sostiene, la reconstrucción del país no es solo política, sino también ética y social. Y es que, en una nación de profundas raíces cristianas, las iglesias emergen como actores clave en este complejo proceso de reconstrucción.
Reconstrucción es la prioridad
Nadie ignora el estado deplorable en que se encuentra la isla. Por eso hay que hablar de reconstrucción. Durante todo el mes, voces entendidas han prefigurado un panorama de rápida recuperación. Suponen -y quizá supongan bien- que capitales en el exilio estarán más que dispuestos a invertir en la reedificación de una patria que jamás han olvidado y por cuya libertad han luchado por décadas. El cubano exiliado siempre está viendo hacia su terruño en forma de caimán que flota en el Caribe, a pocas millas. Un mar que ha visto la desesperación de balseros y que se ha tragado a familias enteras en su afán de libertad. Hoy se abre una nueva compuerta a la posibilidad de regresar. Y el cubano siempre quiere regresar. Tampoco fue tradicionalmente inmigrante, como no lo fue el venezolano; más bien era un país de acogida, como siempre lo fue Venezuela, que vivió varias oleadas de inmigración antes de verse en la obligación de emigrar en el mayor éxodo que conozca el continente y que ha superado a países en guerra: casi 9 millones de venezolanos están esparcidos por el mundo entero. Y todo a causa de regímenes que traen ruina y humillación, manteniéndose en el poder sólo a base de represión.
El Secretario de Estado Marco Rubio es un cubano-americano. Ello implica que debe tener el corazón y la mente puesta en un proyecto: la liberación y recuperación de la patria de sus padres. ¿Cuánto empeño le está poniendo, sabiendo la digresión que plantean la variedad de frentes que el presidente Trump ha abierto por todas partes? No debe ser poco, teniendo en cuenta que, de paso, la influencia cubana en EEUU no se agota en lo electoral. El peso de la comunidad cubana es fuerte y allí sí valen los derechos humanos, no sólo los convenios comerciales y los intereses de Estado. Cuba, si bien no posee los cuantiosos recursos petroleros, minerales y de todo tipo que acumula Venezuela, tiene una importancia estratégico-geopolítica que no debe desmerecerse de cara al propósito, muchas veces insinuado y otras directamente confesado por Trump, de rescatar el que siempre fue considerado el “back yard” para la potencia del norte.
El más reciente escrito del periodista cubano Pedro Corzo, radicado en Miami, llamaba la atención sobre el aguante que Cuba ha tenido que exhibir para soportar más de un depredador a través de su historia republicana. Sin embargo, “los hermanos Castro quienes más promesas hicieran y más esperanzas despertaran en la ciudadanía, han sido, con mucho, los más destructivos de todos nuestros gobernantes” (…) «Fidel y Raúl han puesto al país en condiciones más que calamitosas, al extremo que la Isla ha perdido su condición de corcho y se encuentra al borde de una inmersión absoluta, sin probabilidad de resurgimiento”. Y, precisamente recordando al Dr. Luis Machado y Ortega, agrega: “Nuestra Isla de Corcho se está hundiendo. Cuba flotó con los imperfectos generales y doctores de nuestra quebrantada República y aunque ninguno de ellos pudo hundirla, dos delincuentes que incursionaron en la política, sí lo están logrando”. Y como él mismo sentencia: “Todos estamos obligados a su rescate”.
¿Saldrá EEUU, realmente, al rescate de un país que dejó hundirse desde que el comunismo comenzó a corroerlo como el salitre? Más de uno pensó que el permitir que sucumbieran a manos de depredadores era intencional, toda vez que esa vitrina sería un recordatorio permanente de lo que el comunismo hacía con los pueblos. Pero no funcionó. El pueblo cubano sólo ha sufrido como ningún otro y por tiempo equiparable a la duración del totalitarismo comunista soviético. De hecho, por estos lados proliferaron muchos regímenes de izquierda, dañinos como el chavismo en Venezuela, y otros que sólo facilitaron el famoso “chinchorro” o hamaca en nuestra América, proceso que no sólo acentuó la pobreza y dio más dolores de cabeza a EEUU y a sus empresas instaladas en nuestros países aparte de mantener, por mucho tiempo, la inestabilidad que significó la llegada y salida de gobiernos de izquierda y derecha, turnándose el poder y la represión, hasta nuestros días. Eso que llamábamos el columpio.
Cuando las políticas no son claras -y en este caso es comprensible pues revelar estrategias no es inteligente- y las idas y venidas son constatables, hay que permanecer alerta. Trump amenaza con facilidad; pero con la misma facilidad se retracta. Caso Irán. Vociferaba que lo regresaría a la Edad de Piedra y ahora, con Ormuz aún en veremos, anuncia que se terminó la guerra. En el régimen venezolano veía narcos y enemigos de los EEUU; ahora Delcy es “fantástica” y las órdenes de Washington se multiplican así como la mansedumbre de la señora Rodríguez para acatarlas “a cabalidad”, al tiempo que los acuerdos petroleros se concretan; Meloni era su única aliada en Europa pero bastó que defendiera al Papa de los desconsiderados ataques para que pasara a ser “menos inteligente de lo que él pensaba”. Ahora dice que será sencillo tomar Cuba y que lo hará “casi inmediatamente”.
¿Cuba is next?
En realidad, desde la incursión en Venezuela, funcionarios estadounidenses declararon que la región es su esfera de influencia y el propio Trump advirtió “Cuba is next”. Desde entonces, Cuba vive bajo una creciente expectativa de cambio político marcada por esa presión externa.
Varias veces hemos escuchado de las conversaciones y/o negociaciones entre la Administración Trump y el estamento político cubano. Hay señales, bastante notorias, de que se trata de una situación interna que no da para más. Se especula acerca de las posturas de cada sector, unos parecen desear que todo termine y soltar amarras, mientras otros (se dice que Díaz-Canel a la cabeza) no estarían dispuestos a aflojar el poder. No obstante, no se encuentran en condiciones de resistir como tanto proclaman pues el sector militar es, con mucho, uno de los más diezmados y desmoralizados. Y ni se diga del pueblo cubano, ya sin energías por vivir entre apagones y hambre. No cuentan con muchos recursos y EEUU lo sabe, como también sabemos, tanto venezolanos como cubanos, que pueden proceder y rematar sin mucho problema.
Aún así, otras opiniones son menos auspiciosas. Hace unos 4 días, fue publicado un análisis que pulsó la opinión de varios expertos en asuntos hemisféricos, investigadores y catedráticos venezolanos, que apuntan a varios factores que conspirarían contra una solución inmediata: el régimen cubano ha demostrado una alta capacidad de adaptación en contextos de crisis prolongada y comentan que, más que un “desmontaje”, lo que se configura es un escenario de desgaste prolongado; Cuba, a diferencia de Venezuela, carece de una oposición organizada de relevancia, por lo que sería vano esperar que los cubanos se subleven contra su gobierno; además, señalan que la política reciente de Trump hacia Cuba y Venezuela responde a una estrategia en la que convergen intereses geopolíticos y necesidades electorales dentro de Estados Unidos. Y observan que “las medidas dirigidas hacia Cuba llevan un componente simbólico orientado al electorado latino en Estados Unidos, particularmente entre comunidades de origen cubano y venezolano en estados clave como Florida”.
El New York Times asomó su convicción de que la administración Trump está insinuando un enfoque distinto. El medio asegura que, más que exigir la caída inmediata del liderazgo comunista, estaría buscando un acuerdo que evite el caos mientras empuja gradualmente cambios económicos y, eventualmente, políticos. Ello es consistente con lo que los propios voceros estadounidenses han confirmado cuando admiten «conversaciones».
Amanecerá y veremos, como sabiamente aconsejan los campesinos venezolanos, como en veremos está la suerte que pueda correr Venezuela.