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Aveledo: La escogencia

 

 

En 2024 los venezolanos, todos, estamos en una encrucijada, inevitablemente tendremos que escoger entre un camino difícil que puede ser largo, ciertamente resbaladizo, con curvas y derrumbes o una calle ciega. Paradójicamente, el primero debería ser más corto y seguro, porque es el constitucional, pero la realidad abunda en señales acerca de sus dificultades e incertidumbres. La otra es la vía engañosa de la violencia de la negación del otro y la imposición. Puede hacernos creer que lleva más pronto al objetivo deseado, puede ser corta o alargarse con costos humanos crecientes, pero siempre es una calle ciega. No lleva a ninguna parte y tarde o temprano, tendremos que devolvernos. El punto está en que cuando nos demos cuenta no sea demasiado tarde.

Hablo de todos los venezolanos. Todos, todos. No sólo la mayoría que quiere cambio, sino inclusive y acaso principalmente, quienes creen que el status quo puede prolongarse indefinidamente y más o menos igual. Aspiración cuya factibilidad es escasa, como a estas alturas estarán conscientes, pero que si nos comprometemos con el camino constitucional, no tiene por qué ser vista como una condena eterna.

En 2024 hay una elección presidencial que Venezuela necesita que sea creíble para que vaya cogiendo el paso nuestro tránsito hacia la superación de los grandes problemas que nos aquejan, porque así como estamos no estamos bien y todos lo sabemos. La elección no es destino final sino comienzo formal de un proceso que no será, como en aquel viejo dicho, coser y cantar.

Para que esa no sea una oportunidad perdida, sino aprovechada, todos tenemos algo que aportar. Las alícuotas no son idénticas, porque no lo es la responsabilidad de cada uno, pero poco o mucho, nadie podrá sentirse eximido.

Que desde el poder menudeen las señales hacia la calle ciega no es para tranquilizarse. Todo lo que propenda a mezclar oposición o disenso con sedición es inquietante. Los partidos de la oposición democrática unitaria han insistido y demostrado que su ruta es la electoral y su candidata presidencial María Corina Machado, victoriosa en la primaria, no deja de declarar que nada la saca de esa ruta.

¿A qué viene entonces ese discurso deliberadamente confuso? ¿Por qué arrojar baldes de sospecha sobre quienes son los interlocutores que has reconocido? ¿A quién beneficia desconocer la voluntad de competir democráticamente de quien ha logrado, legítimamente, un protagonismo central?

A la verosimilitud de las versiones brindadas acerca de la presunta “trama conspirativa Brazalete Blanco”, no las refuerza un esfuerzo comunicacional cuya buena orquestación no lo libera del olor a propaganda. Todo lo contrario. Hay casos más difíciles de creer que otros, pero lo que resulta obvia es la necesidad de una institucionalidad pública confiable para todos, gracias al funcionamiento de los controles y equilibrios constitucionalmente previstos, en un ambiente de libertad de información como el que según lo establecido, garantiza la misma ley fundamental. Defender la constitucionalidad exige atenerse a ella y cumplirla.

¿Nos hemos detenido a apreciar la contradicción intrínseca de que quienes conmemoran un intento de golpe de estado contra un gobierno constitucional como el 4F, consideren “traición a la Patria” otro que según se insiste, con más adjetivos que sustantivos, habría estado gestándose? ¿Qué mensaje se envía a la ciudadanía y a la oficialidad?

Esa, independientemente de lo que le digan, es una calle ciega. Dividir la oposición y desanimar a su electorado actual y potencial es una cosa, pero esto que estamos viendo anticipa mucho más. Es un extremo peligroso aún para los más audaces. Por lo mismo, quienes nos proponen una alternativa democrática al presente y aspiran al respaldo de la ciudadanía para concretar su opción tienen el deber, la responsabilidad, de no dejarse encallejonar. Sea desde el poder o desde fuera de él, lo que puede parecer un atajo no lo es. Es calle ciega.

El camino político está poblado de incertidumbres, pero es el que puede conducirnos a la vigencia plena de la constitucionalidad para en ella lograr la seguridad de todos. No es corto ni será fácil, pero es el camino. Escoger no es tirar los dados, porque la República no será premio de quien haga la apuesta más insensata.

 

 

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