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Guy Sorman: El infierno de internet

La red representa una forma de globalización para los más poderosos y, al mismo tiempo, un proceso de precarización para los más débiles

El infierno de internet

(Nieto)

 

La web, que utilizamos casi a diario, es un entorno lleno de peligros. En ella actúan agentes que nos manipulan con el encanto del diablo. De hecho, pocas cosas resultan tan atractivas como su acceso fácil, aparentemente gratuito. Sin embargo, en realidad, la web es un campo minado donde operan, sin normas de cortesía, ideólogos, estafadores y piratas. ¿Le parece exagerado? En absoluto. Veamos algunos ejemplos: consideremos primero Wikipedia, una enciclopedia gratuita que se jacta de servir a la humanidad al responder a casi todas las preguntas de una manera que parece completa y objetiva. Wikipedia, en realidad, es el campo de maniobra de ideólogos de izquierda que ofrecen una versión sesgada de la actualidad, la historia y las biografías. Lejos de ser una enciclopedia neutral es un campo de batalla donde se libran cuentas pendientes. Perdón por citar mi propio caso: durante años me ha resultado exasperante que en Wikipedia se me califique, entre otras cosas, como un ideólogo cercano al fascismo y como asesor del general Pinochet, algo que nunca he sido. Lo peor es que resulta imposible corregir estos errores. Cada vez que intento restablecer la verdad, quienes controlan la plataforma anulan mis modificaciones y reinstauran esas falsedades. Mi caso no es una excepción, sino más bien la norma. Y Wikipedia es solo un ejemplo entre muchos. La mayoría de los sitios web difunden información inexacta y actúan como trampas diseñadas para capturar datos personales y revenderlos a otros piratas informáticos. Facebook debería utilizarse como se trataba antaño la piratería en alta mar, ya que esta empresa, que enriquece a sus propietarios, tiene como objetivo principal robar la identidad personal de sus usuarios para venderla a unos anunciantes que lo someterán a un constante acoso publicitario.

Esta piratería intelectual y comercial sin límite se ve hoy amplificada por la inteligencia artificial, que crea con el usuario –pobre internauta ciego– una especie de falsa intimidad al ofrecerle consejos que rara vez son desinteresados. Los consejos de ‘influencers’, en particular, pueden resultar peligrosos. Cada vez parece haber más personas que, en lugar de acudir a un médico, recurren a sitios web gestionados por la inteligencia artificial para curarse. Sin embargo, estos consejos carecen de control, y a menudo son incoherentes e incluso contradictorios. Si nos tomamos la precaución de navegar de un sitio a otro, observamos que no ofrecen el mismo diagnóstico ni el mismo remedio. También un número cada vez mayor de personas con problemas emocionales y psicológicos considera que algunos sitios web gestionados por la IA son sus terapeutas, ya que estos sitios recopilan la información personal que les proporcionan, y se muestran amables, lo que una vez más resulta tan seductor como el diablo.

Ante el poder de estas nuevas máquinas, los internautas se ven desarmados. Resulta difícil, por no decir imposible, distinguir lo verdadero de lo falso en medio de la avalancha de información que recibimos. Lo falso suele imponerse, ya que resulta mucho más seductor que la realidad. El único consejo razonable que se podría dar es no limitarse nunca a un solo sitio web, sino consultar varios y comparar las respuestas, con la esperanza de obtener una síntesis o, al menos, de evitar las manipulaciones más alucinantes. Además de lo falso, también prolifera el odio. El anonimato en la web excita a los individuos más exaltados y extremistas: nuestra vida política se ve afectada desde el momento en que no se puede desmentir el insulto, ni las teorías conspirativas más descabelladas

En un mundo ideal sería conveniente educar a los internautas para enseñarles a utilizar mejor la web y detectar sus trampas. Sin embargo, ocurre justo lo contrario: los internautas leen cada vez menos libros y periódicos tradicionales y se dedican a consumir información falsificada. En definitiva, la web perjudica la inteligencia de nuestro tiempo y, sobre todo, la inteligencia de la propia web. Los efectos intelectuales son, en gran medida, negativos. Algo similar ocurre, al menos por ahora, en el plano económico. Los principales sitios web están concentrados en manos de apenas una decena de empresas, en su mayoría ubicadas en Estados Unidos. Esto favorece una fuerte concentración de la riqueza y el surgimiento de una clase de supermillonarios con un poder sin precedentes, capaz de manipular tanto la información como la política. Además, estas plataformas consumen enormes cantidades de energía, hasta el punto de poner en dificultad a los hogares privados de electricidad que están demasiado cerca de un centro de datos al servicio de las empresas de inteligencia artificial. ¿Es demasiado pronto para determinar si la inteligencia artificial –que potencia la web y le otorga capacidades inéditas– acabará destruyendo empleo? Probablemente sí, aunque no necesariamente de forma negativa. Es fácil imaginar, como ya ocurre en sectores como los centros de atención telefónica, que la inteligencia artificial elimine tareas muy aburridas y repetitivas y ofrezca incluso respuestas más precisas que las de los humanos. Queda por reorientar a las personas desplazadas hacia nuevas actividades, algo que suele ocurrir en todo proceso de destrucción creativa dentro de la economía capitalista. Sin embargo, esta reorientación puede llevar años, o incluso toda una vida. Así, a un beneficio global aportado por la IA puede corresponder también una miseria igualmente generalizada para las personas que se vean afectadas por ella.

No propongo aquí destruir las máquinas, como hicieron en su momento los obreros ingleses ante la aparición de los telares mecánicos. Más bien sugiero que la web y todos sus sitios vayan acompañados de un verdadero manual de instrucciones, inspirado en los prospectos de los medicamentos, que detalle las contraindicaciones y los riesgos. Este tipo de guía no existe hoy, y las industrias de la web hacen todo lo posible por evitar la moderación y el conocimiento de sus maniobras comerciales o ideológicas. Por último, cabe señalar que los Estados están ausentes en este nuevo campo de batalla. No consiguen regularlo ni gravarlo de forma eficaz, ya que se trata de un fenómeno global que escapa a sus fronteras. Internet representa una forma de globalización para los más poderosos y, al mismo tiempo, un proceso de precarización para los más débiles. ¿Se escuchan declaraciones y propuestas de nuestros líderes políticos e intelectuales sobre estos temas? No oigo nada, a lo sumo algunos murmullos, cuando lo que habría que hacer es alzar la voz con fuerza contra esta nueva esclavitud tecnológica.

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