Cristina Casabón: Hantavirus y altruismo obligatorio
«Hay que desmitificar este humanismo impuesto por los predicadores que aumentan su patrimonio a costa del miedo»

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El altruismo ahora ha lucido en las playas de Canarias con motivo del nuevo virus que ha puesto a toda la población en tensión. El pueblo español siempre se ha caracterizado por la virtud de la solidaridad, pero solo algunos políticos saben explotarla como instrumento político a su favor, para evitar someter sus decisiones a un debate pausado y convertir al discrepante en pecador público.
La solidaridad del altruista tiene su trampa, que es la de abrazar compromisos políticos peligrosos para la seguridad de España por una convicción abstracta y aleatoria, un compromiso personal. Compromiso de fin de semana para posicionarse en el lado bueno del fin de la Historia, por querer ser el señor Sánchez una ONG o tener la ministra un sillón en la Organización Mundial de la Salud como tengo yo una butaca en mi salón.
Hemos oído palabras muy bellas y muy justas, pero imponer decisiones desde estructuras burocráticas alejadas del debate ciudadano (y sin transparencia) no resulta del todo agradable. Mucho menos después de la gestión de «comité de expertos» de la covid, cuando esas decisiones en política sanitaria, o bien en política económica, afectan directamente a la salud, la economía o la convivencia de todos.
Y así con todo. Observemos la lógica de las bondades bajo el socialismo: un empresario que produce una fortuna y un gánster que roba un banco son considerados igualmente inmorales, puesto que ambos están buscando enriquecerse para su propio beneficio «egoísta». Negarse a la petición formal de la Organización Mundial de la Salud para coordinar el desembarco y la evacuación de pasajeros, como ha hecho Marruecos, está mal. Hay que realizar el desembarco aun careciendo del material de protección necesario, por «legalidad y por moralidad». Regularizar a personas con antecedentes policiales es solidario en nombre de no se sabe qué «compromisos humanitarios».
Mitologías inferiores de un cielismo aquí abajo nos dicen que siempre hay «compromisos humanitarios» más urgentes que nuestro propio bienestar y seguridad, que el nacionalismo es todo lo que busca el beneficio de los españoles. Son mitologías inversas para los trópicos civilizadísimos que no nos dejan disfrutar, mientras que sus maletines con dinero van y vienen a Costa Rica y sus posaderas se asientan cómodamente en organismos internacionales.
Aparte de los momentos en los que consigue realizar algún acto de autosacrificio, la vida de un español de clase media que vive bajo esta lógica altruista es triste; porque siente que la percepción de abandono pertenece solo a su propia vida, a su vida personal, privada, «egoísta», y, que, como tal, hablar de ello es desconsiderado.
Mientras tanto, a la élite santurrona que nos gobierna, ser socialista les parece hortera, ser comunista les parece arqueológico, ser católico les parece trasnochado. De modo que han optado por ser altruistas, sacando viejos tabúes que vuelven, renovados, a mitologizar nuestra vida.
El altruismo obligatorio es perverso porque, al contrario que el humanismo, no permite el concepto de un hombre que se respete a sí mismo, que se sustente a sí mismo, de un hombre que mantenga su vida por su propio esfuerzo y que ni se sacrifique por otros ni pida a los otros que se sacrifiquen por él. El altruismo puro, como denunciaba Ayn Rand, no admite ninguna concepción de los hombres excepto la de animales sacrificables o la de acaparadores de sacrificios ajenos, la de víctimas y parásitos; no permite ningún concepto de justicia.
La fea mezcla de cinismo y de culpa en la que la mayoría de los socialistas pasan sus vidas se debe fundamentalmente a dos razones: cinismo, porque ellos en el fondo no aceptan la moralidad altruista en sus vidas privadas, y culpa, porque no se atreven a rechazarla públicamente. Y dado que todos los valores que estos socialistas ondean nos enseñan que hemos de permitir el sacrificio de algunos hombres a otros, de los que aportan (o aportaron) a los que no lo hacen, de los morales a los inmorales, nos han impuesto un sistema de convivencia bastante incompatible con tener un cierto nivel de autoestima.
«Entablan disputa la incompetencia con la insensibilidad: quien no es altruista no es solo vil, sino también una nulidad»
Es más, vemos que de lo que se trata es de ejercer sobre el resto alguna forma de terror viejo o nuevo (viejo renovado, más bien) a ser individuos insolidarios o malos cristianos. Para la mayoría de los socialistas, por añadidura, un discurso como el mío no merece ser tenido en cuenta y pujan por la reprobación moral mediante la mueca desdeñosa. Entablan disputa la incompetencia con la insensibilidad: quien no es altruista no es solo vil, sino también una nulidad.
Hay que perder el miedo a pensar y el miedo a vivir. Hay que volver a prosperar y recuperar la autoestima perdida. Hay que desmitificar este humanismo impuesto por los predicadores que aumentan su patrimonio a costa del miedo. Hay que poder irse de vacaciones sin endeudarse, poder comprarse una casa y formar una familia. Hay que perderle el miedo a reivindicar la buena vida, que de todos modos mata, pero que es la única que merece ser vivida. Hay que denunciar todos los tabúes y mitologías ominosas que empobrecen hoy nuestra existencia, empezando por el virus del altruismo.
