Havel y el poder
Los valores morales indispensables para sustentar una sociedad de mujeres y hombres pueden ser tan socavados bajo el comunismo como bajo el intervencionismo democrático, pero eso no significa que no existan

Václav Havel no publicó abiertamente su ensayo político «El poder de los sin poder» en 1978. Circuló de forma clandestina, y por haberlo redactado la dictadura comunista checa detuvo a Havel y lo encerró durante varios años. El escritor, poeta y dramaturgo praguense, que llegaría a presidir su país, estaba en las mejores condiciones para entender el poder, habiendo sufrido los abusos del socialismo real.
Las enseñanzas de este «libro emocionante», como lo calificó Regino García-Badell en «La Occidental», no son solo históricas sino también útiles para entender la realidad actual de las variantes del socialismo que, como la de Warren Sánchez, se revisten de democracias liberales cuando en realidad se fundan, igual que el comunismo, en la mentira. Este texto, por tanto, está en línea con la famosa conferencia de Solzhenitsyn en Harvard, el mismo año, porque subraya «la naturaleza ilusoria de las libertades que no se basan en la responsabilidad personal».
La clave, por tanto, no se agota en sistemas políticos enfrentados sino en el rechazo de cualquier opción política que reclame «la abdicación de nuestra razón, nuestra conciencia y nuestra responsabilidad». La confrontación entre la humanidad y el sistema «tiene lugar a un nivel incomparablemente más profundo que el de la política tradicional». No cree en los partidos sino en los valores: «confianza, apertura, responsabilidad, solidaridad, afecto», que pueden dar lugar a «post-democracias» con «estructuras abiertas, dinámicas, y pequeñas, que han de surgir naturalmente desde abajo como consecuencia de una verdadera auto-organización social» basada en la confianza y que pueda afrontar «las dificultades comunes» de la sociedad.
Havel no rechaza la democracia sino su corrupción y su mentira, que hostigan la libertad del pueblo: «El sistema no es totalitario por que un individuo ostente el poder absoluto, sino porque el poder es compartido en condiciones de total irresponsabilidad».
Los valores morales indispensables para sustentar una sociedad de mujeres y hombres pueden ser tan socavados bajo el comunismo como bajo el intervencionismo democrático, pero eso no significa que no existan. De ahí que Havel no sea irremediablemente pesimista, al contrario, cree que el «futuro brillante no está lejos». En efecto, esos valores éticos, basados en la verdad, han estado siempre con nosotros «y solo nuestra ceguera y debilidad nos han impedido verlos en torno a nosotros y entre nosotros, y nos han impedido desarrollarlos».
