Cuba y el desafío de revertir la deformación ciudadana: “Tardará más que recuperar la economía”
“El daño en la mente y el espíritu llevará varias generaciones, pues se convirtieron en conductas que devinieron cultura por su larga duración en el tiempo”, asegura Dimas Castellanos.
Un basurero en Cuba. (Foto: CubaNet)
LA HABANA.- Más allá de los ladrillos y el asfalto, la reconstrucción de Cuba requerirá una resurrección del ciudadano. Revertir el adoctrinamiento y la deformación causados por décadas de tiranía socialista y de un sistema totalitario, será un proceso largo y complejo.
“Tardará más que recuperar la economía”, asegura el intelectual cubano Dimas Castellanos. “El daño en la mente y el espíritu llevará varias generaciones, pues se convirtieron en conductas que devinieron cultura por su larga duración en el tiempo”, añadió.
Conversar con Dimas Castellanos es una oportunidad única pues constituye uno de los intelectuales cubanos que mejor comprende la intersección entre la historia de las ideas, el marxismo (que conoce desde sus entrañas como profesor) y la necesidad de una reconstrucción ética. Dimas es, además, licenciado en Ciencias Políticas y en Estudios Bíblicos y Teológicos. Su vasta experiencia le ha permitido diagnosticar las heridas que el totalitarismo ha dejado en el alma del cubano y, por tanto, proyectar soluciones.
Su voz es la de un maestro que no solo analiza el pasado, sino que propone una hoja de ruta para que el cubano deje de ser “masa”, un súbdito, y vuelva a ser un ciudadano activo y sujeto de derechos.
Usted ha escrito extensamente sobre la diferencia entre ser “masa” y ser “ciudadano”. ¿En qué momento de la historia se fracturó la ciudadanía en Cuba y cómo define usted el estado actual del individuo frente al Estado?
La masa es un colectivo que renuncian a su autonomía, con consecuencias graves en el ámbito de la cultura y de la política. El proyecto de ingeniería humana de crear el “hombre nuevo” es una de sus manifestaciones, que no es otra cosa que disolver la persona en la masa.
El ciudadano, por el contrario, es un ente de derechos y deberes. Este concepto tiene una dimensión jurídica que une a la persona con una comunidad política: el Estado. Como ciudadano, participa en la toma de decisiones en la vida pública. La revolución francesa de 1789 sustituyó el concepto de súbdito por el de ciudadano. La revolución cubana, al contrario, redujo el ciudadano a súbdito y el término ciudadano lo usa la policía de forma despectiva, por ejemplo, al dirigirse a los cubanos, les dicen “Muéstreme su carné, ciudadano”.
La fuga de capital humano es una grave consecuencia del totalitarismo que empobreció a los cubanos.
Jactarse del capital humano es parte de la propaganda oficial. El propio gobierno sufre sus consecuencias porque, por ejemplo, una de las trabas para la inversión extranjera en Cuba es que los inversionistas tienen que traer a los profesionales, incluso hasta la mano de obra. Los profesionales formados en todos los campos, dentro y fuera de Cuba, no pueden tener una vida digna por los salarios que perciben y el deterioro de las infraestructuras del país. Esa pérdida no será total, pero si considerable.
Las primeras generaciones que emigraron echaron raíces en el exterior. Las más recientes están transitando por el mismo proceso. He conversado con muchos profesionales que están fuera y dentro de la Isla y por eso conozco que una parte de las últimas generaciones está dispuesta a regresar, otra ya no. Pero la mayoría de unos y otros están dispuestos a colaborar mediante las remesas para que los familiares dentro participen en la capitalización del país. De todas formas, en dependencia de que las libertades y la economía se restablezcan, dependerá la proporción de los que regresen.
¿Cuáles son los rasgos más peligrosos de la deformación que el sistema totalitario ha impreso en la psiquis del cubano (doble moral, dependencia del Estado, pérdida de la iniciativa)?
La doble moral, la dependencia del Estado y la pérdida de la iniciativa son manifestaciones interrelacionadas resultado de la conversión de los cubanos en súbditos. Revertir esa situación pasa por una reforma profunda, estructural, para eliminar las causas que originaron dichas manifestaciones. Todas se pueden agrupar en el concepto de Daño Antropológico.
¿Cómo revertir eso? ¿Cómo se desmantela un sistema diseñado para el adoctrinamiento sin crear un vacío de valores? ¿Cómo fomentar un pensamiento crítico, la tolerancia, y los valores democráticos?
Será un proceso de transformaciones largo y complejo. Comienza por la recuperación de las libertades que les fueron arrebatadas: derecho a ser propietario, a recibir salarios acordes con el costo de la vida, a participar como sujeto en los destinos de su nación, a salir y entrar a su país libremente.
En fin, depende de la recuperación de los derechos humanos conculcados. No será una tarea tan sencilla como la recuperación económica, que se puede logra en una generación. El daño en la mente y el espíritu llevará varias generaciones, pues se convirtieron en conductas que devinieron cultura por su larga duración en el tiempo.
No se puede desmantelar sin antes delimitar las causas y recuperar lo que le fue arrebatado. De ahí la importancia de la recuperación de la enseñanza, de la memoria histórica y de la formación ciudadana. No por casualidad la enseñanza fue intervenida desde diciembre de 1959 con la Ley de Reforma Integral de la Enseñanza, cuyo propósito fue declarar al Estado como único agente, con lo cual se sentó las bases para, en 1961, promulgar otra ley para la nacionalización de la enseñanza y otra para la eliminación de la autonomía universitaria en 1962.
El primer paso es la democratización de la enseñanza, su desideologización y sobre ella, recuperar la verdadera historia y fomentar una educación cívica para la formación ciudadana.
¿Cómo se incentiva la participación de una ciudadanía que ha sido adoctrinada también en la obediencia y el miedo durante décadas?
Es un trabajo difícil, complejo e ineludible. Lo primero es hacerlo responsable de su individualidad.
¿Cómo se reconstruye la jerarquía de valores en una sociedad donde la supervivencia ha desplazado a la ética?
Con un trabajo complejísimo, que tiene que partir de la comprensión del daño causado y de la necesidad de recuperar la ética. Una labor que comienza por las transformaciones económicas para superar el estado de miseria que convirtió la corrupción político-administrativa en conducta generalizada del pueblo para sobrevivir. Situación en que, a las consignas de “Libertad o Muerte”, “Patria o Muerte” y “Socialismo o Muerte”, el pueblo respondió con la consigna sorda: “Robo o Muerte”, la cual, resultado de la toma de conciencia, está siendo sustituida por el grito: “Patria y Vida”.