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Beatriz Pineda Sansone: El ser iluminado

                                         

Don Quijote y Sancho son inseparables. Desde el punto de vista simbólico, esta pareja conforma un mismo personaje dual. Unamuno expresó: La fama de Don Quijote es una sola fama y la vida de Don Quijote y Sancho es una sola vida. Sancho viene a ser la mitad de Don Quijote, de la misma forma que éste es la mitad de aquél. Son distintos en todo, pero en esa gran diferencia se encuentra su perfecta reunión. Según Ramón Flores, ambos personajes: Don Quijote y Sancho forman una conciliada síntesis de la vida histórica como también constituyen los exponentes eternos de la filosofía de la vida.  Al principio, son dos seres opuestos, pero el acercamiento de sus almas, gracias al diálogo, la convivencia y la mutua tolerancia, más que una síntesis, configura un ideal. En la figura de Don Quijote y Sancho se enfrentan idealismo y realismo. Este contraste adquiere, gracias al ingenio de Cervantes, una admirable fusión, no solo, una dimensión metafísica. Tanto que quizás en ningún otro ejemplo, como ha observado J. Marías, tenga más claro sentido la tesis orteguiana yo soy yo y mi circunstancia, porque el yo quijotesco, que incluye su mundo irreal de visionario, es aceptado por Sancho, quien, poco a poco, se va quijotizando de manera profunda. El propio caballero andante constituye el camino a través del cual Sancho Panza penetra en el mundo irreal. Sancho no ve a un loco, tampoco a un visionario, sino a Don Quijote. Si éste ha merecido, entre otros muchos, el nobilísimo dictado de Caballero de la Fe, Sancho atesora una profunda fe en Don Quijote.

El bueno de Sancho, expresa Unamuno, guarda tesoros de sabiduría en su ignorancia y tesoros de bondad y de vida en su egoísmo. Esta es la razón por la cual Sancho representa la discreción que acepta e incluso comprende el mundo quijotesco, ya que va admitiendo poco a poco las alucinaciones de Don Quijote, en tanto que este va asimilando también, sin darse cuenta, el mundo realista de Sancho. Don Quijote y Sancho conforman una unidad. Hegel ha expresado que la entera unidad del ser es su totalidad: el conjunto de todos los seres; que exige la realización de la total diversidad de ellos: lo universal concretado en la totalidad de los particulares. Otra forma distinta de panteísmo afirma que la unidad entera del ser no es simple sino compleja, pues se compone de todos los seres.

En Don Quijote, apunta Taine, encontramos, en primer lugar, al español caballeresco, enfermo de alma, producto de ocho siglos de contiendas y de exaltados sueños, pero al mismo tiempo, es uno de los personajes eternos de la historia humana: el idealista heroico, sublime, fantástico, flaco y maltratado, acompañado por el tosco, sensato, realista y vulgar.

Nicolás de Cusa pensó en esa unidad compleja, al afirmar que en Dios cabían todos los demás seres. Se le ocurrió en un viaje, viendo el horizonte, que en el infinito cabía todo, incluso los contrarios: el cielo y la tierra, lo de arriba y lo de abajo; y acuñó la expresión de coincidentia oppositorum en el infinito. Pero la noción de todo, esa reunión de los seres en una totalidad, más que real, es también sólo un pensamiento humano.

Lo quijotesco es el reflejo del mundo fabuloso que España creó, creándose al mismo tiempo, porque Don Quijote representa a España luchando por ideales muertos, envuelta en empresas descabelladas y gloriosas. Pero, al mismo tiempo, se produce la fusión de lo nacional con lo universal en la síntesis Sancho-Don Quijote. Desde la Mancha traza multitud de líneas rectas proyectadas hacia el blanco infinito de lo ideal. Sobre Rocinante cabalga por la llanura, señalando caminos de rectitud y justicia. Don Quijote quiere desfacer agravios y enderezar entuertos en una tierra infinita. Dentro de su pecho arde perpetuamente una inmensa ambición de claridad, como Goethe, alcanzando un lugar en la hilera de las altas cimas humanas, cantaba:

                  Yo me declaro del linaje de eso

                 que de lo oscuro hacia lo claro aspiran.

Ese Amor de Don Quijote es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. La fuerza de la verdad de Don Quijote, expresó Unamuno, está en su alma, en su alma castellana y humana, y la verdad de su figura en que refleja esta tal alma.

Su afán apostólico al mismo tiempo que sus deseos de pervivencia, gloria y fama, corresponde al arquetipo -símbolo- nacional del redentorismo caballeresco: luchó por la lealtad y la fe, por la justicia y la honestidad. Salió a desterrar la injusticia del mundo. Es el héroe consumido por la tristeza, porque su sueño choca con la realidad. El ambiente que rodea al caballero viene a ser una barrera continua que intenta detener sus impulsos. La sobrina, el ama, el cura, el barbero, el bachiller, en ocasiones, también el propio Sancho constituyen obstáculos. Pero llega un momento en que se produce una humorística y paradójica fusión del mundo sanchopancesco y el ideal quijotesco. Poco a poco Sancho se contagia de la locura y las fantasías de su señor, y este, a su vez, como invadido por las prácticas razones de su escudero. Un mágico equilibrio se suscita: el rústico Sancho frena al caballero, y Don Quijote logra inyectar idealismo en el tosco y simpático escudero. Se trata, en cierto modo, de un idealismo místico y activo. Sueña, pero no se duerme. Por utópicas e irrealizables, sus fantasías le exigen un mayor heroísmo. El confía en la acometida de su brazo. Su ardor español lo impulsa y Aldonza Lorenzo, el motor de su corazón, se convierte en la ideal Dulcinea de la que expresa: ella pelea en mí y vence en mí y yo vivo y respiro en ella y tengo vida y ser.

A pesar de todo, Don Quijote persigue hasta el fin, su ideal. Recupera la razón después de un sueño. ¿Podemos pensar, entonces, que la razón le salva? Gracias al planteamiento de sus ilusorias hazañas dentro de la más rigurosa moral, lo caracteriza su ética. Gracias a su serenidad y a la paz de su alma puede Don Quijote moverse dentro de una sana concepción de libertad, ya que su alma no está enteramente fatalizada por las alucinaciones de las lecturas y puede salir de la magia de este mundo amorfo, serenarse y recobrar su amplia capacidad discursiva al regresar a la tierra de la cordura. Estos dos polos de su personalidad le permiten encauzar la ruta de los pensamientos que es, en definitiva, el ideal de la libertad.

Don Quijote es el modelo de una voluntad indomable al servicio de un alto ideal cristiano, social, humano, embelleciendo con sus sueños lo más pedestre. Comprendemos así que la raíz de lo heroico se encuentra en un acto real de voluntad. De allí que Ortega expresara: Héroe es quien quiere ser él mismo.

Cuando llega a Don Quijote la hora de abandonar la tierra, cuando la muerte le llama, recobra la razón. Esta paradoja sublime nos muestra lo justo y razonable de la locura quijotesca: al abandonar este mundo ya no requiere su locura, el motor que impulsaba sus nobles ideales. Menéndez Pelayo expresó: Existe el Don Quijote de la literatura, pero existe también el Don Quijote de la vida, del espíritu, de lo eterno: hay el Don Quijote de Cervantes y el de la Humanidad. En la vida de un país hay cierto espíritu de heroísmo o de simbolismo difuso, que necesita de un creador literario para tener corporeidad y ser bautizado con un nombre. Este ha sido el caso de Don Quijote que necesitaba de un padre, nuestro genial Cervantes.

 

Mi nombre es Beatriz Pineda Sansone. Nací en la ciudad de Maracaibo, Venezuela. De niña era inquieta, llena de arrojo. Admiraba a nuestro Arturo Uslar Pietri, quien conducía el programa televisivo Valores Humanos. Su ejemplo ha sido mi norte. Gracias a mis hijas he realizado grandes aventuras a favor de los niños. Creé el Taller Literario Infantil Manzanita que devino en Fundación en 1985. Más tarde, con motivo del nacimiento de un nuevo diario en Maracaibo, fundé Azulejo, el periódico de los niños del diario La Verdad –primera etapa-. Extendí el Programa La Hora del Cuento a centros de arte, museos, universidades, colegios y McDonald’s Padilla de la ciudad con el fin de cultivar en los niños el amor por la lectura, y todas sus destrezas cognitivas, afectivas y psicomotoras.

Más tarde, en 1996, obtuve el título en Filología Hispánica con el premio Summa Cum Laude en la Universidad del Zulia. Cursé estudios de postgrado (2000-2003). Me convertí en articulista de los diarios venezolanos Economía Hoy, Panorama y El Universal.

Soy autora de: Las Memorias del Maestro Ramiro (1979); Desde otro rayo (1992). Universidad del Zulia; Los ojos de la montaña (2011). Entrelíneas Editores, España; La Hora del Cuento. Enseñar a razonar a los niños a través de la lectura de cuentos (2015). Ediciones de la Torre, España; El Principito y los Ideales. Defensa de la libertad, del amor y del razonamiento (2017). Editorial Verbum, España; La Aventura nunca imaginada de un lápiz (2018). Fundación editorial el Perro y la Rana. Venezuela; Una niña de mi edad (2019). Editorial Tandaia, España. Malika, la más pequeña de la manada (2021). Europa ediciones. Roma.

En la actualidad desarrollo una intensa labor a favor de la lectura a través de las redes sociales: @beapinpaz.escritora, los chats Aventuras Literarias y Café Lectura. 

 

 

3 comentarios

  1. Magnífico análisis y síntesis de gran parte de la filosofía occidental que se pregunta si somos dos caras de la misma moneda: el mal tiempo y el sufrir, o la bondad y la alegría , y como el ser humano en su dualidad no hace sino intentar resolverla con sus errores y a veces, fantasías. De ahí los dos polos (un ejemplo)la guerra y la paz. Sancho y Don Quijote , nos esperan en el libro y en la vida y en cada línea nos indican cuál escoger para continuar viviendo , si atados a lo terrenal o volados hacia lo ideal universal y perfecto. Gracias,una vez más, por tan enjundioso artículo.

  2. ¡Admirada Beatriz! quisiera hurgar en lo más profundo de eso que llamamos conocimiento para responder a tu densidad conceptual y tu cultura. Solo mi osadía pretende dialogar con tantos años de estudio e investigación como los tuyos. Eres como un faro que desde allá iluminas caminos y rutas para la reflexión. Gracias!

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