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Alma Delia cuenta cuentos de maldad (y uno que otro maldito)

Veinte relatos en torno a las peripecias posmodernas que, contados con humor negro, evidencian la inocencia con la que nos entregamos a un estilo de vida sin comprender que ofrecemos el cuello como víctimas voluntarias desde la comodidad del hogar y a un clic de distancia del posible asesino.

 

 

Del Vampiro de Bed and Breakfast que va sembrando cadáveres donde se hospeda a Jackie, la sensual repartidora de comida que entra en la casa de sus solitarios clientes y los ejecuta; pasando por Bartolo Gomer en La rebelión de los de en medio que provoca una revolución incendiaria en un gris corporativo de oficinistas.

Cuentos que relatan cómo en pos del éxito y la “calidad de vida”, hemos construido pequeños infiernos a través de la tecnología, la persecución de la productividad y la devoción por absurdos propósitos que, antes o después, se vuelven contra nosotros.

Los protagonistas de estas historias mutan de buenas personas —incluso buenos objetos como La mesa de siempre— a seres que permiten que su lado oscuro se asome como una conquista de libertad. Desobedecen, renuncian, traicionan, matan.

Tanto Severiano —el vendedor de tamales vengativo, como Lucía, que no puede controlar su deseo; son poseídos por ese Diablo Frágil que, como decía Fernando Pessoa, corrompe pero ilumina.

*Un mensaje de la autora:

Sé, por los tiempos que corren, que más de una persona encontrará ofensivos estos relatos. Lo comprendo, pero no lo comparto.

Tampoco me disculpo y sostengo que la ficción es mi tierra prometida; el paraíso recuperado sobre el que puede reinventarse la realidad desde un lugar gozoso, lúdico, retorcido: humano.

Así que defiendo mi territorio creativo como defiendo que el sentido del humor es un antirrito que aparece en todas las culturas; un maravilloso rasgo de inteligencia humana que supone la capacidad de transgredir los valores más arquetípicos, fundantes y asfixiantes que necesitan ser cuestionados.

Las bromas son un principio liberador, un ataque no peligroso contra el control. Sean pues, estos cuentos, mi manera de rebelarme contra el pensamiento rígido y contra tantas chingaderas que ocurren como resultado de eso.

Gracias a mi casa editorial Alfaguara por la complicidad: a Mayra González por su profesionalismo y calidez, a Fernanda Álvarez por su mirada crítica y atinadas correciones. Gracias a quienes, en su momento, leyeron alguno de estos cuentos para enriquecerlos con sus comentarios: Gabriela Solís, siempre atenta. Julia Santibáñez, única en su precisión. Marcela Azuela, la más generosa. Óscar de la Borbolla, mi maestro. Ricardo Bada, mi querido amigo trasatlántico. A Guillermo Arriaga, porque entre barrios nos reconocemos. A José Esteban Pavlovich, camarada.

Gracias, especialmente, a Gerardo Tagle por las dosis de amor y maldad que sumó a este proceso; por la paciencia, las infinitas horas y el café de la mañana.

Y a todos los que hagan eco de estas historias con una carcajada: gracias.

**Cuentos de maldad (y uno que otro maldito) está a la venta en librerías El Péndulo, El Sótano, Porrúa, Amazon. También en formato eBook en iTunes, Kindle y Google Play.

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