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María José Solano: PISA cuatro quesos

Quizás el problema de España sea que ensuciamos una educación cada vez más mediocre al margen de los pobres docentes, para después escandalizarnos cuando PISA nos pone la nota

Una alumna atiende en clase en un instituto de Andalucía

Una alumna atiende en clase en un instituto de Andalucía. (EP)

 

¿Pero qué esperábamos? Llevamos años diciéndoles a los chavales que leer ya no se lleva, que para sumar está el móvil, que la memoria no sirve para nada porque todo está en Google y que cualquier esfuerzo que dure más de quince segundos constituye prácticamente una vulneración de los derechos humanos. Y ahora llega PISA y nos dice que nuestros alumnos han obtenido algunos de los peores resultados de nuestra historia. Naturalmente. Sin embargo, Dios aprieta y no ahoga: pocos meses antes del desastre de PISA, el Europe’s 50 Best Bars, un ranking internacional elaborado por profesionales del sector, situaba ocho bares españoles entre esos cincuenta mejores de Europa. Seis en Barcelona; dos en Madrid. Así que quizá llevamos años interpretando mal las estadísticas educativas. Donde nosotros vemos fracaso escolar, hay emprendimiento hostelero esperando su momento.

Hasta hace nada, el sueño de cualquier padre español que tuviera un bar era que su hijo no tuviera que trabajar en el bar. Abría a las seis de la mañana, cargaba cajas, servía cafés, cañas, carajillos y menús del día y se dejaba la espalda detrás de una barra para poder decirle al niño: tú estudia. Ahora es al revés. Ahora estamos encantados con la mixología, los hielos tallados y las espumas. Pues bien. Si hemos decidido que esto es lo nuestro, hagámoslo en serio. Si España es capaz de colocar ocho bares entre los cincuenta mejores de Europa, construyamos la mejor escuela de hostelería del mundo. Que Le Cordon Bleu de París mire hacia España con inquietud y que los alumnos de la European Bartender School de Londres pidan un Erasmus para venir aquí. Que para entrar haya nota de corte, que nuestros grandes camareros y cocineros sean profesores, y que tener ese diploma español colgado detrás de una barra signifique algo en Tokio o Nueva York.

Quizás el problema de España sea que ensuciamos una educación cada vez más politizada y mediocre al margen de los pobres docentes, para después escandalizarnos cuando PISA nos pone la nota.

Así que menos complejos. Si vamos a ser un país de bares, seamos el mejor país de bares del mundo. Pero, por favor, que los futuros empresarios aprendan antes a leer la carta.

 

 

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